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martes, 24 de abril de 2012

Los escritores malditos de Córdoba: Barón Biza, Sotelo y Panko


Los poetas malditos (del francés Les Poètes maudits) es un libro de ensayos del poeta francés Paul Verlaine publicado por primera vez en 1884, y luego en una versión aumentada y definitiva en 1888.
En esta obra se honra a seis poetasTristan CorbièreArthur RimbaudStéphane MallarméMarceline Desbordes-ValmoreAuguste Villiers de L'Isle-Adam y Pobre Lelian ("Pauvre Lelian" en el original francés, anagrama del propio Paul Verlaine). Los comentarios de los autores que dio Verlaine, que conoció personalmente a la mayoría, tratan sobre el estilo de su poesía y de anécdotas personales vividas con ellos.
Verlaine expuso que dentro de su individual y única forma, el genio de cada uno de ellos había sido también su maldición, alejándolos del resto de personas y llevándolos de esta forma a acoger el hermetismo y la idiosincrasia como formas de escritura. También fueron retratados como desiguales respecto a la sociedad, teniendo vidas trágicas y entregados con frecuencia a tendencias autodestructivas; todo esto como consecuencia de sus dones literarios.
El concepto de Verlaine del poeta maldito fue en parte tomado del poema de Baudelaire llamado Bendición, que inicia su libro Las flores del mal. El uso de esta expresión y del término malditismo se generalizó luego para referirse a cualquier poeta (o a un escritor de otros géneros o incluso a un artista plástico) que, independientemente de su talento, es incomprendido por sus contemporáneos y no obtiene el éxito en vida; especialmente para los que llevan una vida bohemia, rechazan las normas establecidas (tanto las reglas del arte como los convencionalismos sociales) y desarrollan un arte libre o provocativo.
Entre los literatos que han recibido el calificativo de malditos estarían también, aparte de Verlaine y de su grupo, escritores como Charles BaudelaireFrançois VillonThomas ChattertonAloysius BertrandGérard de Nerval, el conde de LautréamontPetrus BorelCharles CrosGermain NouveauAntonin ArtaudÉmile NelliganArmand RobinOlivier LarrondeInnokienti ÁnnienskiJohn Keats y Edgar Allan Poe.
En Córdoba, Barón Biza, hombre de acomodada posición, hijo de los millonarios Wilfrid Barón y Catalina Biza, poseedores de grandes latifundios en la provincia de Córdoba encarna por excelencia este prototipo.  Desde su juventud incursionó en política, apoyando al líder radical Hipólito Yrigoyen, una posición extremadamente inusual en las clases más acomodadas; se abocó también a la literatura, publicando en 1924 el polémico Risas, lágrimas y sedas, y a los negocios. 
Mientras tanto, la situación política de Barón Biza peligraba; había apoyado a José Félix Uriburu cuando este derrocó a Yrigoyen, pese a su antigua simpatía por el político radical, pero poco después comenzó a combatir al régimen de la Década Infame
En realidad, era él un admirador del anarquismo individualista de Max Stirner y tal vez ello causara sus vaivenes políticos, pero siempre conservando su interés hedonista y su grán descrédito hacia el destino del hombro, una actitud misógina que llevó a la perdición a su familia como lo señala su hijo -y quien también se suicidara-  en "El desierto y su semilla". 
Otros, como Lugones y Borges, habían leído a Stirner -un filósofo desacreditado por sus compañeros de estudio -Marx y Engels-. Se señalaba que su afán desmesurado por el "hombre superior" -con ecos nitzscheanos- podía ser peligroso para el ideal de la revolución proletaria (sobre esto ver el libro: Filosofía, Misantropía, Apatía, dirigido por la revista NOMBRES de la UNC) 

La publicación de un periódico opositor lo llevó a la persecución y al exilio en Uruguay, pero tampoco allí pudo actuar libremente. La convocatoria de una huelga de protesta contra los gobiernos argentino, uruguayo y brasileño lo llevó a prisión en el país transplatino. Esta gesta se ve reflejada en su libro periodístico Por qué me hice revolucionario (1932) publicado en Montevideo por Editorial Campo. Una segunda edición saldría en la Argentina un año después, con varios párrafos censurados.
Es en la cárcel cuando finaliza los trámites de publicación de la más célebre y controvertida de sus obras, El derecho de matar, una novela pornográfico-filosófica en la tradición del Marqués de Sade. El libro estaba revestido en plata y en su portada aparecían una calavera y una guadaña ensangrentada. En su interior tenía ilustraciones art-decó del dibujante Teodoro Piotti. 

Barón Biza hizo enviar uno de los ejemplares al Vaticano, mofándose del Papa con estas palabras: 

"para que tus porteros lo dejen pasar, para poder atraer tu atención, para que él sea una nota relevante de brillo en el salón entristecido de tu biblioteca oscura; he revestido de plata su portada". En su prefacio anuncia: 
"Lector, no quiero ni debo engañarte. No necesito tu aplauso

 ni me hace falta tu dinero. Estoy mas allá del oro y la fama 

(...) No tengo trazas de Cristo ni vehemencias de profeta (...)

 Mi libro, dejará en tu alma un acre sabor de inmoralidad. 

Será libro inmoral porque mostrará su pubis y sus senos y

habrá de hablarte desde el fondo oscuro del protoplasma. Él 

te hará dudar de tu Dios. Él te enseñará a escupir sobre el 

Código de la sociedad y de la Ley, de esa ley dictada por 

sicalípticos, seniles, decrépitos y repletos. Si no tienes 

coraje para leerlo, déjalo. Hay en él cátedra de muerte, 

tribuna de revolución, escuela de crimen, remansos de odio

y sadismo fruto sólo de la simiente de los hombres (BIZA, 1933:18)

El Derecho de Matar cuenta la historia de Jorge Morganti, su hermana Irma y su amante Cleo. El relato es intencionalmente desparejo. En él, la artificialidad y el exotismo van tejiendo una narración sesgada por reflexiones filosófico-morales que oscilan entre el erotismo tradicional y una nueva forma creada por la aguda sensibilidad de Barón Biza.
Pese a no ser su mejor trabajo, El Derecho de Matar se convirtió en el libro más famoso de Barón Biza y en la "obra maldita" por excelencia de las letras latinoamericanas.
Sin embargo, el gobierno de Agustín Justo (a quien Barón Biza había llamado "grotesco y fofo tiranuelo"confiscó en la imprenta la primera tirada completa de cinco mil ejemplares, e inició contra Barón Biza un proceso por obscenidad. Defendido por Néstor Aparicio, logró con dificultad una absolución, aunque permanecería en la cárcel por razones políticas. No había sido liberado aun cuando, ante la noticia de la muerte de Yrigoyen, alquiló un tren, al que vistió de luto, para transportar desde Córdoba a los radicales que deseasen participar del cortejo fúnebre.Posteriormente publicó una segunda versión de "El Derecho de Matar", en edición rústica ya que deseaba que la obra fuera accesible para el bolsillo de los obreros.
El 16 de agosto de 1964, Clotilde Sabattini había fijado una visita con sus abogados para dar fin a los trámites de separación legal. En el curso de una discusión, a poco de recibirlos, Barón Biza —que había ofrecido un vaso de whisky a los letrados— repentinamente arrojó el contenido de otro al rostro de su esposa. Contenía ácido sulfúrico, que le produjo gravísimas quemaduras; Barón Biza huyó del lugar mientras los abogados trasladaban a la mujer al Hospital del Quemado, donde fue intervenida en la cara, el pecho y las manos. Tras la denuncia, la policía allanó su residencia al día siguiente; en el dormitorio hallaron el cadáver de Raúl, que se había disparado a la sien. Su cuerpo reposa debajo de un olivo, a pocos metros del obelisco que erigiera en honor de Myriam Stefford.
Legó a la municipalidad de Lomas de Zamora una fastuosa propiedad que poseía en la zona, el hoy llamado Parque Barón.

Tanto su ex mujer como su hija María Cristina y su hijo Jorge se suicidarían en años posteriores.





Horacio Sotelo, nuestro segundo "escritor maldito", se inició como escritor en la cárcel (su trayecto carcelario abarcó las cárceles de La Plata, Villa Devoto, Caseros, Olmos y La Pampa) y, una vez obtenida la libertad, su vocación literaria se perpetuó a la par de su oficio de vendedor ambulante (de cubanitos) en las calles de Córdoba.
Según sus palabras, entrevistado por una periodista del diario Clarín:
 “En las celdas individuales de Olmos, cuando me acostumbré a la soledad, empecé a leer otra vez. Leí a Cortázar, a Roberto Arlt y hasta el Corán y otros libros orientales. Y empecé a escribir. Poemas malos, de esos "en el cielo las estrellas. Después vinieron otros, llenos de resentimiento, de odio, con hedor a cárcel, a encierro. Muchos años después, este que soy ahora los reescribió. Sin resentimientos. Pero con la memoria de los que fui y de los que soy". (Plattia, 2000: s/d).
Sotelo ha experimentado “en carne propia” un recorrido de vida marginal, por eso el valor de su experiencia como una estrategia discursiva  para legitimar su comprensión del entorno al cual se refiere.
Para Elías Castelnuovo, es necesario distinguir entre aquél “escritor de la pobreza que escribe desde su lugar de élite o de pequeño burgués ilustrado” y el del verdadero “escritor del hambre”, podríamos decir, que sufre el mismo contexto al cual se refiere, deducción que extraemos de sus siguientes palabras:
“Los campesinos que pinta el escritor ruso (se refiere a Tolstoi) en sus novelas no son realmente lo que fueron en la realidad, sino como él los elaboró con sus ideas señoriales en la mesa de redacción de su escrutinio. Si un artista campesino hubiese pintado a su clase, seguramente que habría procedido de modo contrapuesto. O hubiera arribado de fijo a conclusiones diametralmente antagónicas (…) Una cosa es derramar sudor y sangre sobre un surco y otra cosa muy distinta es hacer anotaciones en una libreta alrededor de la poesía que entraña semejante hemorragia (…) Por manera que si no cumple con su cometido, la posteridad se lo echará en cara, siempre que no lo borre del mapa” (Castelnuovo, 1977:20).
Según Castelnuovo:
”La imaginación de un artista hambriento es totalmente opuesta a la imaginación de un artista satisfecho, merced a que el pensamiento sigue las fluctuaciones del cuerpo como la llama de una lámpara sigue las alternativas del combustible que la alimenta” (Castelnuovo: 1977: 85).
Más allá de las elucubraciones polémicas del autor de Boedo, recuperamos de sus ideas aquella escisión entre los escritores de la pobreza, la cual nos sirve para reflexionar sobre los modos por los que circula la literatura en un medio marginal: cual Silvio Astier que hurta los libros[i], es esto lo que hacen los “escritores del hambre” como Sotelo, quien accede a éstos a hurtadillas buscando entre los únicos ejemplares de una biblioteca muy poco selectiva armada por lo que el resto de los presidiarios abandonó, según nos cuenta:
“Creo que las bibliotecas de las cárceles son las mejores del país. Porque los presos que salen dejan los libros, hay una cantidad de libros impresionantes, ¡hay cada libro ahí! Mirá que hasta el Corán leí ahí y otros libros sagrados de la India, porque hay muchos libros” (Sotelo, 2005: 61)[ii].
ostenemos, en nuestra línea de lectura, que Sotelo prefigura un público burgués o pequeño burgués  en su obra al cual se dirige mediante la segunda persona. Para confirmar nuestra hipótesis analizaremos algunos de sus poemas. 
En los “Habitantes del abismo”, describe el siguiente cuadro:

Semáforo rojo/ Detenés el coche/Y no notás/Lo que el asfalto salpica/ Cuando las ruedas frenan./Criaturas irreales/Saltan de la vereda,/En sus manos/Un secador, golosinas,/La “Luciérnaga”,/Lo que tienen en la mano,/Es el último eslabón,/La única posibilidad de no caer/Y a ella se aferran (…)/No, no te culpo/ Defendé tu realidad,/Tenés derecho a ella,/Trabajaste toda tu vida,/Formaste una familia,/ Pagás impuestos, votás,/No sos culpable de la pobreza,/La corrupción, la delincuencia/Las culpas siempre son ajenas/Y qué distantes/ y seguros nos sentimos/Protegidos por la coraza de la indiferencia (Sotelo, 2004: 136-137).
El “tú” al que se dirige, claramente no es quien sufre la exclusión sino quien está integrado al sistema y se siente protegido por “la coraza de la indiferencia”, incluso parece hablarle directamente a quienes compran la revista La Luciérnaga[i].
En “El viaje” el poeta se dirige a un “tú” a quien invita a una aventura sin igual a través del peligro, tal como él la experimentó. Podemos asociar esta segunda persona también con el lector:
 “Viajá conmigo, /te invito/ a dar una vuelta por el pasado/ ponete el cinturón/ se anda muy rápido/por esos caminos/ te llevaré a la vieja cancha de Quilmes/ con sus tablones semipodridos/ y en medio de la hinchada/ agitando banderas azules y blancas/ saltarás y gritarás conmigo (…)/ Viajá conmigo./ Caeremos presos/ y conocerás Devoto, Caseros/ y en La Pampa (…)/ Caminarás en los recreos/ del brazo de los carteles (….)/ Saldremos en libertad/ y volveremos a robar/porque nos gusta la noche/las minas platinadas/los caballos, los garitos (…) Pero sobre todo porque probamos la peor de las drogas/ el peligro/ y queremos seguir probando (…)/ y en una celda gastarás tu juventud/ y te romperás día a día/ hasta quedar hecho añicos/ Yo me bajo/ para mí/ hasta aquí llegó el viaje, amigo./ No, no te he traicionado/ ni mentido/ sólo hice con vos/ Lo que hicieron conmigo” (Sotelo, 2003: 33-36).
El viaje, sería –siguiendo con nuestra hipótesis de sentido- el mismo proceso de lectura
y lograría su efecto catártico al final del poema, pues el héroe aventurero arrastraría consigo al receptor a un mundo que ,en principio, se propone desafiante, pero al final es objeto de desdicha para el protagonista quien “gastó su juventud” en la cárcel por probar de esas tentaciones: “la peor de las drogas”. El peligro se configura aquí como el espacio del deseo, pero también de lo prohibido.
Este fenómeno que articula el deseo al interior del pacto de lectura con las estrategias de persuasión del texto orientadas al destinatario se llama “proyección”. En sentido propiamente psicoanalítico entendemos por proyección: “la operación por medio de la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos, deseos, incluso `objetos´ que no reconoce o rechaza en sí mismo -según Freud-, el organismo se halla sometido a dos tipos de excitaciones generadoras de placer, unas de las que puede huir y protegerse y otras de las que no, la proyección aparece entonces como el medio de defensa originaria frente a las excitaciones internas que por su intensidad se convierten en excesivamente displacenteras: el sujeto las proyecta en el exterior lo que les permite huir” (Laplanché y Pontalis, 1993: 306 -309).
Creemos, en este caso, que lo que se le propone al lector prefigurado como operación discursiva subyacente, es precisamente la búsqueda de la liberación del contenido reprimido o rechazado por la cultura burguesa[ii].
    En el poema “Los que van a morir te saludan”, del cual extraemos un fragmento, la segunda persona es asociable tanto a la figura del lector como al propio poeta en coloquio consigo mismo. La “domesticación” o “subordinación” al estilo de vida burgués tipo de quien se alía con el sistema de poder en el que vive, surge como un efecto irrevocable de una vida “recuperada” o “en vías de recuperación” de un pasado reaccionario e intransigente con el régimen capitalista, como el de todo ladrón, que atenta contra su valor máximo “la propiedad privada”:
“Cuando las rejas ya no importen/ Y digas sí, señor/ y hasta le sonrías/ Como cuando te tiran un hueso (…)/ Ese día hombre, estarás muerto. / Y te habrás olvidado para siempre/ que alguna vez fuiste/ fuerza/libertad/movimiento.” (Sotelo, 2003: 5-6)
En el poema “Tres ladrones”, en cambio, el poeta se dirige a un “tú” femenino de este modo:
“Desnuda/ en la cama/ como colgada del abismo/ y yo parado al borde/ doy el salto y/ tus labios blandos y tibios/ tu piel tan tersa/ que la toco/ y casi no me doy cuenta/ Decido hacer el camino al revés,/ como me gusta a mí/ mis manos/mis labios/ mi lengua/ tres ladrones/ en busca del tesoro/ que guardás entre tus piernas/ Es un asalto/ quedate quieta/ vamos a robarte/ hasta la última gota/ del néctar de los Dioses/ las lágrimas agrias/ que sólo un macho/ puede hacerle llorar a una hembra” (Sotelo, 2004: 11).
     A igual que en “Dejá entrar al ladrón”, el “escritor-ladrón” propone despojar a la mujer de los pudores que le impiden  experimentar el placer “cerrando los ojos y abriendo los cerrojos del alma”:
“Y que, a hurtadillas, / te robe lo mejor de vos/ y lo esconda en lugar más seguro/ de tus sueños/ Dejá entrar al ladrón/ dale la llave de tus labios/ Que trepe el muro caliente de tu cuello/Que te diga/Una locura al oído (…)/Un trato:/Si cerrás los ojos/Y abrís los cerrojos de tu alma/El ladrón se entrega/Y termina estos versos” (Sotelo, 2003: 8-9).
El estudio de la retórica particular del escritor aunado con el análisis de las operaciones discursivas subyacentes sirve para connotar la marginalidad, como un espacio selecto al cual puede hacernos llegar el escritor si nos dejamos “robar” nuestros prejuicios en las lecturas o si vivimos la instancia de la proyección en las historias.
“Marginalidad” no es sólo un término con una definición negativa (la carencia de la riqueza que es la pobreza, o la exclusión del sistema) sino también un término definido positivamente donde descansar de las prerrogativas de la moral burguesa, donde aventurarse a los peligros de la vida o a donde reencontrarse con un Eros perdido[iii].
Entendemos la cultura “marginal” en aproximación con el significado de “cultura popular “que definió De Certeau en “La Belleza del Muerto”:
“Fue principalmente el contenido erótico, procaz, obsceno lo que llamó la atención de los lectores sobre “libros de cordel” en el siglo XIX en Francia. Para reprimir este contenido pernicioso de “las buenas gentes”, un agente de la policía –Nisard- se abocó esmeradamente a su recopilación y estudio, por eso  De Certeau afirma que en los orígenes de los estudios de la cultura popular hay “un muerto”, o en otras palabras, un interés y una verdad  silenciadas”. (De Certeau, 2004: 57 a 70).
La representación de la marginalidad en la obra de Sotelo representa el eros o incluso, el falo, en términos freudianos. En Cavernas, por ejemplo, una mujer de clase media busca la satisfacción sexual –que su marido impotente no le puede provocar-mediante encuentros furtivos con vagabundos.
El humor igualmente circula en estos simpáticos “marginales” con “dialecto cordobés” como podemos ver en este cándido episodio de Cavernas en que, una vez dispuestos a comer el asado, un can arruina el almuerzo de “El Perro”, “Pancita”, “Matate” y “Cachumba”:
“Seis perros atacaban la parrilla -¡Fuira perro culeado! Uno corrió hacia el monte con una ristra de chorizos, otro con las morcillas, los demás arrasaron con las costillas y el matambre y escaparon (…) –Qué pasa, che, es el primer día que no comen!, ¡vamos, pongan música, pongan La Mona, vamos! La Mona Jiménez. El quitapenas de los cordobeses pobres. Pero eligieron mal el tema: “mis padres eran tan pobres, que no había pa’ comer” (…) Matute abrió una heladerita. Menos mal que los perros no chupan” (Sotelo, 2005: 36-37).
   El Cabezón, por otro lado, propone en su obra hasta una estética de la marginalidad:
“Escribir en el límite, o mejor, en y desde el límite (…) Al límite del idioma, de la moral, de la razón, al límite del terrenito que te compraron y te escrituraron en tu mente (…) Escribir al límite para poder vivir ídem…” (Sotelo, 2005: 12).
En cuanto a la sintaxis, Sotelo también funda una nueva estrategia de lectura para llevar su escritura “al margen” del discurso cotidiano. A estos fines, emplea un lenguaje “violento”, con: a) metáforas “inesperadas”, b) uso de verbos y sustantivos “escatológicos” y c) ausencia de los signos lógicos de puntuación, de nexos y de entrecomillados,  que transmiten una sensación de “escritura vertiginosa”- como el mismo peligro que denota- donde las ideas se superponen unas tras otras sin pausa para recuperar el aliento en la lectura.
Veamos algunos ejemplos:
a) “Tus movimientos/De hoja seca en el agua/Tu lengua/Babosa filosa/Buscando la mía/Dando pelea/Gusanos dados vueltas/Panzas húmedas y blancas” (Sotelo, 2003: 17 a 19)
b) “Levantó un brazo, la miró. Dormía fea y fantástica. Su vientre latía como el de una araña después de haber almorzado, reposando en la telaraña” (Sotelo, 2005: 7).

Las escenas de sexo explícito violento, sadomasoquismo y heridas descriptas minuciosamente por el narrador son algunos ejemplos de su “estilo agresivo” que se encuentran en la autobiografía Alias Árbol.  En un pasaje, Árbol, advertido de que La Gorda y su pareja le han robado su motín, le prende fuego a ésta:
“Abrió bien las piernas de la mujer y, con los dedos, abrió su vagina; arrimó el pico de la botella de alcohol y le echó el líquido adentro (…) Enrolló el papel haciendo un canuto. Lo impregnó en alcohol. Se agachó sobre ella y se lo introdujo hasta la mitad. Rebuscó en sus bolsillos. Fósforos. Encendió uno:-vas a coger con el diablo hija de puta…” (Sotelo, 2005:10).
En otro momento, Árbol  pretende zafarse del sistema penitencial provocándose una herida cortante: “Abrió de un tirón la planta de la zapatilla. El feite. Media hojita de afeitar. Se paró. La tomó firme con los dedos. Respiró. Se abrió de piernas…Apoyó la punta de su hoja en su brazo izquierdo, un poco más arriba de la muñeca, escarbó como jugando. Cortaba. ´Los cortes siempre p’arriba, pibe, las venas grandes escapan cuando entra el feite, corta las secundarias, sangran mucho, corte bien al fondo y largo después abra la carne  y se forman unas conchas así que impresionan. Si corta a través y emboca una vena o una arteria, si no lo atienden rápido allá va. Siempre p’arriba, hondo y largo el tajo” (Sotelo, 2005: 18).
Podemos entender su estilo “agresivo”, en el sentido que le da De Certeau:
Esta agresión tiene por característica ser una manera de tratar el lenguaje, y no la mera adición de algunos giros, funciones o enunciados de más. Político, erótico o gratuito, el ultraje maltrata la lengua. No funda, golpea (…) Por eso mismo revela la violencia encerrada en un orden. Desencadena el furor. Hace brotar la cólera entre los que habitan en un sistema de producción (…) El manifestante que golpea una computadora IBM o la puerta de un auto procede –pero fuera del texto- como el escritor que trabaja en la deconstrucción del lenguaje.” (De Certeau, 2004: 77).
A nivel simbólico, la estética de “El Cabezón” marca una manera de significar la violencia encerrada en un orden presuntamente “tranquilo”, por el cual se transita diariamente y es una forma de impactar y de protestar frente al público receptor desde su lugar de marginado.

El tercero de nuestros "escritores malditos" es Roberto Panko, autor de Sexilia. " El 40 de Marzo de 2694, en la ciudad de Sexópolis, del planeta conocido como el Plano terráqueo, una litera avanza conduciendo a la bella, seductora y cruel Sexilia rumbo a "Esclavirtud 94", feria anual donde se ponen en venta los mejores esclavos sexuales. El libro puede encasillarse, al igual que Alias Árbol de Sotelo, al género pornográfico por las escenas de vejaciones, sadomasoquismos y sexo explícito que se producen en él. Una vez más, el sexo constituye una  estrategia discursiva para reclamar la alienación del mundo burgués y, en este caso novedoso, para enfatizar el rol de la mujer discriminada a raíz de su género y su condición sexual. Recordemos que la figura de la prostituta, tiene el poder sobre el hombre, al conocer el gran secreto de su podredumbre, el desvanecimiento de la pulcritud aséptica del mundo burgués que se revuelve entre los deshechos (los deshechos que ellos producen) de la ciudad maldita en la "zona roja" buscando el placer que su vida confortable no le puede proporcionar: "Se trata de una fantasía futurista que podría haber imaginado el Marqués de Sade: una sociedad de amos perversos y esclavos sexuales en persecución de un mejor orgasmo para la clase explotadora" (Blanco, 79). Para sorpresa del lector, sin embargo, el poder cambia de manos imprevista y arbitrariamente, en una especie de versión extrema de la fortuna medieval que permitía que el señor de hoy fuese el siervo de mañana (...) Los portadores de la litera de Sexilia, antes han sido amos y ahora son esclavos (REATI, 2008:8). Es, en primer lugar,  una crítica al capitalismo que pone precio al placer y  exhibe la ficción de que todo puede comprarse con dinero, sin importar la dignidad humana mientras condena a los humildes, 2)al Estado indiferente de la condición de los excluidos y 3)a la discriminación por la condición de género.




[i] Los libros de Sotelo fueron reproducidos, por capítulos, en varios números de La Luciérnaga, revista cultural de los chicos “trabajadores de la calle”.

[ii] “En su célebre estudio sobre las de seriales radiofónicas, Herta Hertzog cita el ejemplo de una mujer que tuvo grandes dificultades para educar a sus hijos tras la muerte de su marido, y  manifestó el más vivo interés por una emisión en la que la heroína se consagraba a los niños de un orfanato y donde se indicaba expresamente la idea de que la heroína no debería casarse, a fin de proseguir su obra. A primera vista no hay más que un ejemplo de identificación: una dificultad que ha conocido la oyente y no la heroína debe ser asumida por la heroína como lo ha sido por la oyente: estar sola para educar a los niños. La heroína entonces se convierte en una especie de chivo expiatorio, debe asumir lo que hay de malo o de mal (desgracias si las hubiere) en la vida del oyente y, de esta forma, procurarle un cierto alivio. Es éste el mecanismo que Aristóteles llamaba catarsis y que se ha podido, utilizando un término propio del psicoanálisis proyección” (Burgelin, 1974: 109)

[iii] Según la leyenda, Psique se enamora de Eros. Pero no podían amarse más que con los ojos cerrados:
“Psique podía conservar a Eros, su amante, siempre y cuando permaneciera ciega, ciega a sus secretos e imaginarios deseos de completud que Eros realizaría por ella (…) Psique se atreve a mirar el rostro de su amado bajo la luz de una lámpara de aceite (…) quien se despierta y la abandona (…) Una vez infringida la prohibición, el encanto se rompe: en el momento en que Psique decide dejar atrás su ceguera se enfrenta a Thanatos, la noche oscura del alma, la destrucción y la muerte de los propios deseos ilusorios. La depresión, la soledad emocional y diversas experiencias de muerte forman parte del viaje que Psique realiza como consecuencia de esta violación al Hades, o a las profundidades del inconsciente, lugar donde finalmente encuentra la verdad que la libera de su ilusión y le permite recuperar a su amado Eros” (Poch Kade, 2004: 23) 


 Fuentes:
"BARON BIZA" Biografía disponible en WIKIPEDIA online
____________ (1933). El derecho de matar. Ed. del Autor. Bs. As.
CASTELNUOVO, Elías (1977). El arte y las masas. Editorial Rescate. Bs. As.
BURGEIN, Olivier (1974): “La identificación y la proyección” en La comunicación de las masas. Ed. Planeta, Barcelona. Pp. 105 a 118.
DE CERTEAU, Michael (2004): La cultura en plural. Ed. Nueva Visión. Bs. As.Ferrero, FERRERO, Roberto (1993): La mala vida en Córdoba. Alción Editora. Córdoba.
PANKO, Roberto 81998). Sexilia. Ed. del Autor. Cba. 
Poch Kade, Adriana (2004) La casa ocho. Una dimensión psicológica de la humanidad. Editorial Kier. Buenos Aires.
REATI, Fernanado (2008). Sexilia: una barbarellla argentina en los crueles 90. VII Coloquio Internacional de Literatura Fantástica" Desde los orígenes de lo fantástico". 3 al 6 de septiembre de 2008. Universitat Bamberg. Alemania. 
Sarlo, Beatriz. (1988) “Marginales: La construcción de un escenario” en  Una modernidad periférica. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires. Pp. 179 a 205.
Sotelo, Horacio: (2000) Los versos del ladrón. Fundación Refundar Argentina. Cba
____________: (2001) Corazón de pájaro Fundación Refundar Argentina. Cba.
____________: (2004) Los habitantes del abismo Fundación Refundar Argentina. Cba.
____________: (2005) Cavernas. Fundación Refundar Argentina. Cba.
____________: (2005) Alias árbol. Fundación Refundar Argentina. Cba.
Verdugo, Iber H. (1994) Las estrategias de discurso. Universidad Nacional de Córdoba.VALLE, Mariana.  II Jornadas de Historia de Córdoba. Ponencia: “Los escritores del hambre: El caso Horacio Sotelo” (2011). Cba.






[i] El personaje de El juguete rabioso de Roberto Arlt, quien roba con sus amigos una biblioteca para después repartirse las ganancias de la venta de ejemplares.

[ii] Para Rosa, es preciso recordar que:
“El libro es un objeto que fue conquistado con lentitud y paciencia, como el fuego paleolítico y no sin esfuerzo: la serenidad escolar de las bibliotecas oculta un enigma: Los libros fueron siempre objeto de rescate de la voracidad de las llamas (…) La biblioteca reafirma la propiedad inmueble: la biblioteca como el reservorio de la reproducción, de la función transcriptora de la cultura burguesa” (Rosa, 1998: 125-126)



viernes, 20 de abril de 2012

"¡Agentes de la cultura!": "Circulen, circulen...."


No cabe duda de que la mera mención de la palabra canon arrastra de inmediato otra palabra, marginalidad, que parece serle no sólo complementaria sino también subordinada;  en ese sentido, ésta no termina de comprenderse sino en relación con aquella. El canon, lo canónico, sería lo regular, lo establecido, lo admitido como garantía de un sistema mientras que la marginalidad es lo que se aparta voluntariamente o lo que resulta apartado porque, precisamente, no admite o no entiende la exigencia canónica (Jitrick, 2003: 19).
En este sentido, la propuesta de Libros Son, plantea una disidencia con la hegemónica visión del arte cordobés. ¿Es un libro sólo algo que se edita o es también un autor, un manuscrito y un lector?
Sentados estos principios generales en cuanto al canon, por marginal puede entenderse, en principio, una manifestación  que, deliberadamente o no, se sitúa fuera de las ordenanzas canónicas ; en el primer caso, eso puede ocurrir por un rechazo decidido y consciente de lo canónico vigente en un momento determinado, llevado a cabo a sabiendas de lo que eso puede implicar,  en el segundo, por desconocimiento de la existencia de los cánones o por un espontáneo situarse fuera del universo legal de la producción artística, más allá de todo saber acerca de los cánones.
En cuanto a la primera situación, el rechazo a veces es fundado y activo, como sucede con los manifiestos de grupos vanguardistas; en otras ocasiones descansa en prácticas que simplemente se apartan de de sistemas de producción  coherentes con la lógica de un sistema global (22)
Hay en Libros Son un curioso juego de palabras. Sí, señora, si señor, libros son, aunque no lo parezcan, aunque crea que no son libros, aunque el diseño vanguardista de editoriales como La Propia Cartonera lo descoloquen. Hay otra postura frente a la literatura canónica en Córdoba  y gestos irreverentes del lenguaje poético consolidado por la academia provincial. Sí, señora, si señor, “Libros son”, “Son Libros”, pasen y vean y que la cultura circule. “Circulen, circulen”…

miércoles, 29 de febrero de 2012

Pensar desde la poética: "Esos muchachos peronistas..."

LA JUSTICIA ES CIEGA PERO EL PUEBLO NO ENMUDECE 




"Se produce una sorprendente correlación: al poner en actividad la imaginación poética y abarcar al hombre total, la revolución como acto en sí es poesía colectiva. Ahora bien, ese momento de mayor intensidad del hombre prefigura una poética que no necesariamente se manifiesta como sistema ni como escritura. La revolución es un tajo, una discontinuidad. Un poder se triza y se desata una nueva fuerza histórica que necesita para expresarse formas de representación no dominadas. En una revolución la retórica es una presencia necesaria. Sin embargo, en la externidad de sus formas canónicas, reconocidas, prestigiosas, la literatura continúa, generalmente siendo contrarrevolucionaria. Paradójicamente, la revolución sólo suele efundir formalizaciones duraderas mucho tiempo después de su irrupción, cuando ya ha sido copada por una tecno-burocracia. Entonces la retórica se vuelve, otra vez, campo de batalla.
La segunda cita que alude a la relación entre revolución y poesía, es de León Trotsky: “La revolución – postula- arrancará para cada individuo el derecho no sólo al pan, sino a la poesía. […] Conquistemos, para todos y para todas, el derecho al pan y el derecho al canto”. (Trotsky, 2008: 39-40)
por Jorge Torres Roggero en revista silabario (ver bibliografía al final del documuento)


PRIMERA ENTRADA:
En este post, queremos reflexionar sobre los autores peronistas de la década de los 60 y 70., hemos seleccionado poemas de cuatro autores cordobeses y un cántico popular, escritos en el período de proscripción del peronismo, de 1955 a 1966, y del régimen autoritario impuesto por la última dictadura militar.
Censurado el partido, acallada la voz del general muerto, ¿qué estrategias elaboró la poesía cordobesa para resurgir en su seno los significados más profundos del peronismo?, ¿es posible hablar de él sin explicitarlo, siguiendo un recorrido de líneas significativas fundamentales trazadas a su alrededor?
Debemos advertir que entendemos por lucha y resistencia[1] peronista no sólo la guerrilla armada que se formó después de la proscripción sino también cualquier postura ideológica en adhesión a los principios básicos que fundó el movimiento desde el 17 de octubre de 1945[2]. En este sentido, entendemos por militancia la toma de la palabra misma para hacer una revolución poética desde las ideas y la forma. Los poetas que tomaremos, reconocidos por su participación dentro del peronismo en Córdoba, son: Jorge Torres Roggero, Edith Vera, Héctor Solasso y José Guillermo Mariani[3]; además hemos seleccionado un cántico popular anónimo que circuló durante el proceso de facto de 1976.




[1] Si bien el término “resistencia peronista” se utiliza mayormente para referirse al período comprendido entre 1955/1973, en este caso hemos extendido su alcance para describir las voces disidentes de los militantes del partido que aunque, violentadas y pretendidamente silenciadas por completo  durante el gobierno de facto, circularon  aún como el murmullo continuo  de un lamento y un reclamo presentes a través de papeles surgidos en el seno de la clandestinidad o en el canto no apagado de la comunidad.
[2] Compartimos, entonces, la postura de Mario Eduardo Firmenich, quien encabezó una polémica contra quienes le adjudicaron el asesinato del Padre Mugica a la organización que representa. Ambos, el padre y Montoneros, habían visibilizado un mismo enemigo en común, por lo tanto sería ilógico que no fuesen compañeros en la lucha aunque persiguiesen distintas movilidades para la acción, en un caso la no violencia y en el segundo ejemplo, la toma de las armas (ver BASCHETTI, 1997: 53-65).

[3] Lo presentado aquí, no obedece a una selección que privilegie criterios de calidad
estética: Es la reunión de la totalidad de las voces encontradas, con intención de mirar la
escritura literaria como práctica social. Mucho del material es inédito, y fue leído o repartido
en bares y calles durante los 70 y los 80.El resultado es sumamente rico en relación a posturas estéticas, producciones simbólicas y actitudes frente a la lucha cotidiana, que van desde el testimonio realista hasta la
abstracción. En ellos pueden encontrarse los perfiles de identidades generacionales, proyectos
e imaginarios, afectos y anhelos.
También es posible descubrir la proyección de la temática y la problemática en las
voces surgidas posteriormente a la dictadura militar y al festivo período de reapertura
democrática: en los 90 los signos de los 70 y la herida de la represión reaparecen, en
algunos casos con palabras cargadas de nuevo sentido. (MEDINA, 2002) “Prólogo”.

SEGUNDA ENTRADA:
Comenzaremos a analizar la resistencia peronista en Córdoba identificándola con la poesía de Jorge Torres Roggero. El autor participó con ensayos y poemas en revistas literarias como "Laurel" y “Lugones”, en Córdoba; "El Barrillete", “Encuentro” y “Vigilia”, en Buenos Aires. Su obra poética es frecuentemente mencionada en libros y artículos que versan sobre la Generación del 60 en la Argentina, de la que participaran también Juan Gelman, Roberto Jorge Santoro, Héctor Negro, Juana Bignozzi, Julio César Silvain y Hugo Ditaranto entre otros. Ésta surge como herencia de aquella dicotomía que había marcado los años 20 entre Boedo y Florida y los poetas adoptan una postura ante la literatura como práctica social, como lucha por la palabra y desde la palabra y como modo de participación política, siguiendo la iniciativa de los primeros. Una de las características del movimiento es la reproducción de situaciones cotidianas como tema poético. El poema 4 de El que tenga oídos, es un ejemplo de ello:
He aquí que yo salgo temprano, pensé/ y me reparto como pan por toda la ciudad:/ el riñón en el asiento del colectivo, /las manos en apretones perdidos para el amor/los callos en las veredas, en los estribos,/ en los ascensores en las arenas,/ de modo que ya nadie deja de pisotearme,/las palabras en orejas de sordo y /al corazón lo pico en picadora,/ lo siembro en bolsillos abúlicos/ para que perseguidos por moscas/ tengan que mandarse a mudar de sí mismos/ o roer esa gelignita palpitante/ hasta que explote en vómito su imagen” (TORRES ROGGERO, 1966: s/d)

De este modo, la poesía queda engarzada a la expresión del pueblo, uno de los grandes significantes usados por la militancia peronista,[1] mediante el uso de un lenguaje coloquial - en este caso de relieve en la expresión “mandarse a mudar”- y la  representación de escenas de la vida corriente como el diario trajinar en un día laboral. El poeta deambula por la ciudad y se conecta con su comunidad, repartiéndose “como el pan” (alimento vital de ésta), dejando su huella de pies cansados sobre el suelo para ser “pisoteado” por “todos” o desperdigando su amor en apretones marcados sobre las barandas. Por eso descubre la conexión profunda que existe entre estos seres anónimos que diariamente se entrecruzan y comparten vivencias que laten en lo profundo de ese espacio –o suelo- en el que cohabitan. Sin embargo los símbolos del pueblo, se representan como oscuros e indescifrables ante la ciencia occidental. El pensamiento popular radica en lo que Kusch llama un “pensamiento germinal” o “seminal” basado en una manera afectiva de ver el mundo desde la concepción del fruto para el indio que se da, sin saber por qué, de una vez y para siempre, a la manera de una “entrancia” según Stern, que personaliza al mundo y enfrenta el desgarramiento del hombre entre la vida y la muerte persiguiendo un afán de salvación a través de la religiosidad. Podríamos decir que es una manera de buscar una superación dialéctica a una oposición irremediable apelando a un plano trascendente. En cambio el “pensar causal” es una manera intelectual de ver la vida, a la manera de una “saliencia” de la personalidad según Stern, que busca siempre la solución a través de la ciencia. Por eso, el autor, en su rol de intelectual, ingresa al pensar causal de occidente y tritura su corazón para sembrarlo , como una "gelignita palpitante",  entre los bolsillos abúlicos de sus alumnos, los que tendrán que enfrentar esa saliencia de la personalidad del hombre moderno que irrumpe en la gran ciudad hasta que explote como un vómito su imagen. Porque el pensamiento americano y la cultura del estar[2] que representa nuestra auténtica identidad -según Kusch- está siempre cubierta bajo el epíteto del “hedor”[3] que se oculta detrás de nuestra presuntamente “limpia” ciudad, aquélla parte de nosotros que “todo buen ciudadano debe reprimir y escupir para que no se vea” y que aflora mediante el proceso de fagocitación que nos devuelve –como un “vómito”- nuestra verdadera imagen.

Por otro lado, su poética aproxima la figura del intelectual a la de la clase trabajadora en general, como podemos ver en el poema 6 de El que tenga oídos, donde expresa la celebración del hombre común hacia las cosas simples de la vida.
Pero cuando llega la noche, he aquí que mi alma/ sale a la calle/ como una vieja bruja y/ convoca a todos mis pedazos/ Ellos/ vienen cansados,/ se han prodigado a fondo,/ han puesto nervio,/ han puesto lo que nadie que se precie le falta/ Y vuelvo a ser de nuevo el sonriente compañero/ que entra pisando fuerte,/ derecho y al instante contrahecho/ Ella/ me besa y el viene corriendo:/ tiene olor a pipí y a mundo nuevo/ Y nos sentamos a comer y a conversar/ o a quedarnos callados como pilas eléctricas/ que se cargan mutuamente de vida,/ porque yo soy un proletario de gafa y portafolios/ que alquila un lugarcito por si se cae muerto…” (Torres Roggero, 1966: s/d)
Del mismo modo, en el poema III de la serie “Jornada” del libro Las circunstancias, el autor poetiza su labor en el ferrocarril, realizada paralelamente a su oficio de escritor:
Cada uno en cubil de su tarea/ retiraba lo dicho/ con vergüenza volvía de la Vida a su vida/ con fuego vi cortar el hierro y el acero, / con fuego vi soldar el lomo de los rieles. /Los fragores tronchaban los nudos de mis huesos: /de pedazo en pedazo iba cayendo/ mi execrada carne al fuego” (TORRES ROGGERO, 1962: 17)
La representación corporal atravesada por los impactos de las labores diarias es una constante en la poética de Torres Roggero, en este caso, las manos de un obrero con “nudos en los huesos”, o también así, los callos o los dientes apretados por el frío del invierno. Es frecuente además el uso de metonimias como “el riñón en el asiento del colectivo” o “los callos en los estribos”, que ya vimos en el poema 4. El cuerpo, de este modo, se desgarra y se entrega en el acto vital del trabajo presentado, casi, como un ritual de ofrenda por el cual se reúne con la naturaleza del fuego sagrado en el que se funde su carne “execrada”. De este modo, utiliza una vez más otro significante primordial para la resistencia peronista: el trabajador.
Su labor en el ferrocarril marca su vida, pues es el trabajo que también realizó su padre y que lo hermana con el destino del hombre común, incluso con el del mismo Jesús, Cristo pobre, hijo de un carpintero, como se percibe en los tres poemas de la serie “Situación” del libro Las circunstancias donde nos presenta una pequeña autobiografía:
Nací de noche en Cañada de Luque/ lugar de obrajes y de hacheros, /me escuchaste venir como un tren de carga milenario/ oh padre ferroviario (…)/la constante piel de gallina de este mundo. / Lunares de continentes se adornaban/ hablaba y entendía los idiomas del hombre/ Fue esa noche también la misma noche/ en que nací en Moscú, en N. York, en Roma/ y sobre todo en Jerusalén (…) Entre un bosque de puños y de pechos grité un día/ sublevación de raíz/ partía mis labios/ en un brote de puro/ nervio (…)/ se pudrirán los que me increpaban/-Eh, tú, hijo del ferroviario, que gritas libertad y la llevas en/ un libro debajo del brazo/ hazla dormir en tu vagón residencial por un buen rato” (TORRES ROGGERO, 1962: 25)
Torres Roggero se siente comprometido con el peronismo como un “grito de libertad” que no sólo duerme en un libro sino que está latente en el alma de cada trabajador que reclama justicia social. Para el autor, el peronismo, significa también una revolución poética que pone en el centro de la escena, aquél 17 de octubre de 1945, a los excluidos que luchan por la toma de la palabra. La cultura popular emerge como un canto soterrado en el lenguaje del dominador y amerita un nuevo estilo y una retórica singular para ser expresado:
El pueblo estaba tomando la palabra y era un solo grito. Hacía falta una profunda liturgia para desamordazar un lenguaje por mucho tiempo dominado. Vestido con su ropa de trabajo, disfrazado de gaucho, mostraba su irreverencia frente a las instituciones de la opresión. Y comenzaron a retumbar, por primera vez en la historia política moderna, los grandes bombos. Venían de los circos, de las bandas de música de los inmigrantes, de los misachicos y carnavales norteños. Su ritmo era el espondeo del corazón profundo. El goce, como actividad estética primaria, libraba al hombre del trabajo penoso y lo capacitaba para otras experiencias (…) La canción sonaba todavía como un murmullo sordo, como un áspero trabajo de erosión. Es cierto, la muchedumbre todavía no podía nombrarse ni a sí misma, pero creaba una liturgia, unos símbolos, un talante no solemne, de fiesta desatada.” (TORRES ROGGERO, 2009: s/d).
La celebración como acto subversivo del pueblo que emerge victoriosamente bajo la bandera del peronismo, es el motivo de “Pero”, escrito durante la última dictadura militar. Aquí, bajo el “amordazamiento” y el silencio impuesto se esconden el “amor” y la “danza” que, como un murmullo de la multitud persisten en el pueblo a la manera del canto, que se niega a ser desplazado y busca su plaza (como aquél 17 de octubre) para manifestarse, para reunir a los descamisados, a los compañeros, a la comunidad entera cuyo lenguaje mismo se resiste a ser violentado, dominado, subyugado.


“¡Remordido silencio mi silencio!/, ¡qué cuajones de mudez espesa de AMORdazadas voces en derrota/ pero en acecho siempre siempre pero en danza!/Tascar decibles cosas desacordes/  (des-cosadas, des-dichadas, des-bocadas/ y un indecible Todo ensilabado/ pero saliva al fin pero con alma. // O estar callando pero haber ritmado/ gritos de corazón, bombos de adentro, / fiesta de luz centrada en boca abierta/ pero bien ojo, pero charco ciego// Estudiarse, vivir, hablarse a solas/ eso que está cantado, que se viene/ porque saltando coágulos, cesuras/ por todas las arterias bail-andando/ se aproximan, se empujan, de desplantan/ vocablos des-plazados, sin camisa/ pero con fe, con causa, compañeros// Yo no sé lo que son, pero están siendo,/ si van o vuelven yo no sé, pero estos/ sin plaza están pero emplazando vienen” (TORRES ROGGERO, S/D).
En “Oda de la Amada Hermosa”, escrito con anterioridad al período de facto, pero republicado en la revista Laurel en ese contexto, recupera la figura de Eva Perón. Los peronistas hicieron suyo un cántico que decía “Yo te daré,/ te daré, niña hermosa,/ te daré una cosa/ una cosa que yo sólo sé”, al que después reemplazaron el mote “niña” por “patria”. Eva es la “patria hermosa” amada por su pueblo que emerge bajo recuerdo místico de su figura honrada presente aún en esos tiempos de “alpargatas vacías”, de dientes “resquebrajados” por un pedazo de pan y de madres “estercoladas” por el “azadón del miedo” que buscan a sus hijos.

“Hermosa eres, amada./ Como una botella de precioso licor/ y las mojarras de tu cara nadan/ en ríos de alegría/ (hay alpargatas vacías/ hay hormas de carne rota;/ penden paredes de lona/sobre catres deseales/hay dientes resquebrajados/por un pedazo de pan/hay primaveras de sangre/ en las plantas de los pies//Hermosa eres, amada,/ y tus senos florecen en a noche/ corazón de maíz,/leche de sombra/( hay ubres de piedra pómez/nodrizas sólo de víboras/ hay matrices abortando/tribus de cardos mendigos/hay madres estercoladas/ por el azadón del miedo)//Hermosa eres, amada,/ solitarios lunares de pantera/son tus pezones en la piel del alma/(hay quijadas de cañón,/ hay plan de plomo mordiente/ y para el grito y la alarma/ hay revueltas matemáticas/y, a veces, sublevaciones, de máquinas de escribir(…)// Hermosa eres, amada/ con hermosura fiel siempre a sí misma/ pero ¿que haremos en el mundo oh niña/ cuando ya no haya un rincón para el amor? (TORRES ROGGERO, S/D)




 Hugo Rivella, recuerda también en sentido que “la fiesta” tiene, para la cultura popular.


" Mira como se gasta nuestra vida,/cuando las cosas se marchitan y no dejan margen ni lugar,
para que liberada la garganta, los de abajo digan basta/y se empiece a caminar./Mira como la gente va distante,/desnudando su alegría en un tiempo ciego y de cartón,/porque todos los rostros se han perdido/en un juego peligroso, demencial y de dolor,/Este es un candombe a la memoria de toda esa gente/que no canta por cantar,/porque por la herida abierta del que canta,
como el fuego que no cambia/va de pie la libertad./Deja todos tus miedos con las dudas,
que la vida, va en la sangre del hermano que canta, en la flor,/vive, como los hombres, que en los ojos/le amanece la ternura y el coraje tiene voz. (MEDINA, 2003)



En el poema 1 de El que tenga oídos describe el lugar del, del paria, del desclasado, el marginal que parece hacerse un hueco, un espacio vacío, en el lenguaje mismo que no precisa nombrarlo para denotarlo, ante la mirada absorta del poeta que se conmociona frente su espectáculo sórdido:
Frente al lugar maldito que yo digo/ salen todas las tardes ancianas gemebundas (…) El lugar que yo digo es/ como una cicatriz hedionda en la cara de la ciudad./ Sólo los patoteros de los arrabales/ explotan de noche sus canteras (…)Todos los que pasamos por el lugar que digo/ no queremos pensar en lo que vendrá:/ porque al fondo de aquellas cicatrices superpobladas/ de gusanos/ seremos arrojados algún día/ tal como se arroja la bazofia del centro/ en los zanjones florecidos de niños de las /villas miserias/ Nada decimos los que pasamos por el lugar que digo/ pero no podemos dejar de mirar, sin odioso temblor…” (TORRES ROGGERO, 1966: s/d).
La pobreza es, para el autor, un espejo donde la clase media puede contemplarse en su pequeña humanidad y en su condición de simple mortal, que no obstante no deja de mirar al “otro” con “odioso temblor”, es la reacción que produce para Kusch, el “hedor” que rodea América Latina. Este poema pone de relieve una figura clave para el peronismo que es el pobre o el llamado “cabecita negra” que viene del interior a buscar un trabajo y puebla las calles de la gran ciudad cuando emerge el peronismo que le da cabida a sus reclamos de participación política y justicia social.
Los siguientes poemas, fueron recopilados por el investigador Mariano Medina en un C.D Room (adjunto) que refleja los principales testimonios de la poesía militante durante el último período de facto en la  Argentina.  Hemos seleccionado aquellos que guardan especial relación con el peronismo.
Torres Roggero nos habla de la importancia de captar la cultura popular que reclama por su voz y voto aquél 17 de octubre[4]. Siguiendo sus palabras, hemos tomado este cántico anónimo y popular como un ejemplo de la alusión al peronismo en un contexto de resistencia. Circuló durante los años de la última dictadura y hace referencia al aumento de la deuda externa y el crecimiento de las privatizaciones que cercenaron la posibilidad de regulación estatal y aumentaron los índices de pobreza y desempleo en el país. Lo tomamos como un ejemplo del nacionalismo que enfrenta al “pueblo” a los avances del imperialismo, como lo afirmaba, Jauretche con respecto a los grandes movimientos populares de la Argentina:
Se va a acabar/ se va a acabar/ la dictadura militar/Paredón/Paredón/ A todos los milicos/ que vendieron la Nación/ si este no es el pueblo ¿el pueblo dónde está?/ Olé, olé, olé, olé, olá/ La dictadura se va a acabar/ si no hay justicia, hay escrache/ popular/ Los desaparecidos son nuestra/ memoria/ desde la Resistencia a la victoria” (MEDINA, 2003:4)
Edith Vera  nació en 1925 en Villa María y fue directora de nivel inicial hasta 1979, fecha en la que fue cesanteada por la dictadura militar, debido a su participación dentro del peronismo de izquierda. Fue, además, reconocida compositora y poetiza. Su labor literaria especialmente se destaca en el público infanto- juvenil, el más famoso de sus libros se llama: Las dos naranjas y es una obra para niños.   
En “Quiero la poesía” vuelve a hacer alusión al concepto de “pueblo”, que ya veíamos en el cántico anterior:
La poesía/ camina por el pueblo/ trepa a los techos/ entra por la ventana, /golpea a las puertas/ buscando algún lugar donde/ hacer su fuego// Si no fuera así/ poco valdría (MEDINA, 2003: 58a)
Recordemos que esta categoría se define para Dussel, según sus contrarios El pueblo tiene tres opuestos para el autor: 1) el imperialismo; 2) la burguesía nacional; 3) la burocracia, los tres se enfrentan mediante una revolución, que puede ser: 1) patriótica, si es una lucha contra los avances del imperialismo sobre la nación 2)social, si es una lucha por una redistribución de la riqueza y la justicia social como conquistas del estado 3)cultural, si enfrenta el proceso que obstaculiza el desarrollo social, es decir, la burocracia.
El peronismo, para la resistencia, puso en el centro de la escena política una emergencia del pueblo como eje de acción y significó una revolución en los tres ámbitos mencionados. Por eso esta canción afirma la validez de la poesía en su capacidad de ser popular. “A Instancias de la Tarde Debo Decir”, también de Edith Vera, recuerda a los principales autores comprometidos con la lucha peronista Marechal, Conti y Gelman:
“A instancias de la tarde debo decir/Que nunca escribiré una palabra contra los vuelos/Contra el amor, el animal, el minúsculo liquen florecido/A instancias de la mañana debo decir/Que amo las lechugas, los berros,/Las recetas de cocina contagiadas de Proust/ Los desayunos tardíos con el pan de cereales/ Y atiendo desde que nace el día el coro de Marechal, Conti, Gelman y Azofeifa/ A instancias de la noche digo/ Que con papel y pluma acompaño/Al melancólico Chagail/Planeando con su mujer y un ramo de flores/ Sobre los techos de su casa/Cuando planeo sobre los techos de mi casa/ Bach, Ginastera y otros me piden/Que con hojas pentagramadas/ Les haga tricornios ornados con plumas de benteveo.” (MEDINA, 2003:51a)
Otro de los autores que toma el investigador Mariano Medina, es el cura José Guillermo Mariani. El escritor nació en Villa del Rosario y fue ordenado sacerdote en 1951. Entre su labor literaria se destacan los libros: Poemas de tiempo y sal,  Espacios, En carne viva, Goteras de Infinito, Enhebrando el infinito y Poemas de Confesión y denuncia. El  padre Mariani, ha hecho pública su adhesión al peronismo en su actual militancia dentro del Partido Justicialista de Córdoba y en las filas del kirchnerismo.
En esta canción, pueden observarse los ecos de aquella  prédica del Movimiento del Tercer Mundo que ubicaba a Jesucristo como pilar de una doctrina anclada en la defensa del pobre. Aquí  el “yo lírico” escucha la palabra de Jesús como una “caricia” para los humildes, entendiendo incluso la violencia como un “estallido” necesario, si la justicia social se “esconde con los signos de los tiempos”:
“Guardo muy dentro el sonido de tu palabra paterna/como se guardan estrellas en una noche serena./ y con coraje de aurora/ la despierto en la mañana/ para clavarla en la carne/ de la realidad humana/tu Palabra es suave brisa/y también viento impetuoso/ Ella es caricia de humildes/ y látigo de orgullosos/el hambre y la sed le duelen/ como duelen a los pobres/ y por eso es estallido/ si la justicia se esconde/ con los signos de los tiempos/ La palabra marcha unida/ con la Vida se hace historia/ Con la historia se hace Vida” (Medina, 2003 36a)
En el poema “Mueren en las calles”, Mariani concibe la muerte en la lucha contra la tiranía y a favor de los desposeídos como un “camino de triunfo y ofrenda” y hace alusión a los desaparecidos durante El Cordobazo:
“Los mendigos que no tienen techo/ y un día amanecen tendidos/por el frío o el hambre en la calle/o borrachos de pena y de vino/Los pequeños sin casa ni padres/que no piden llegar a esta tierra/ y se van, sin pedirlo tampoco/por la fiebre o el hambre o la guerra/Los obreros que buscan justicia,/ los muchachos que luchan sin armas/por romper unos moldes que estrujan/sin conciencia sin nombre sin alma/ cuando un día su sangre caliente/moja y tiñe el asfalto insensible/ ¿Dónde está el asesino?, gritamos/y ocultando “nosotros” decimos son “ellos”/ Es que el hijo del hombre no tiene/ni aún dónde poner su cabeza (…)/ Él ha muerto allá afuera en el campo/ comulgando con los expulsados/ el que darnos su vida da todo/con ladrones está colocado/ Comunión que redime en la lucha/y transforma la calle en patena./Comunión que convierte la muerte/en camino de triunfo y ofrenda”  (MEDINA, 2003:54b)
Héctor Solasso nació en 1938 y es una de las principales figuras de la resistencia peronista durante la última dictadura militar. En la década del 60 formó el Taller de Escritores “Sol Urbano” y entre sus principales libros se cuentan: “Diario de a Bordo”, Con la poesía al hombro y Contra la muerte.
El poema “Con la Poesía al Hombro”, que elegimos para culminar nuestro trabajo, es una muestra de la poética como militancia política que logra reunir en su seno a vida misma, hecha de cotidianeidad, de humanismo y de una ideología que resiste a la tiranía de los tiempos:
Y bueno/ aquí estoy otra vez, después de todo/erguido entre mis piernas/parado sobre este pedazo de sombra soleada/gastada, pero mía./ Agarro las intelectualizaciones, la soledad/la tristeza, / la rompo en pedacitos/y las tiro al cordón de la vereda;/ largo el hilo, tinqueo y me remonto/ por sobre mis vacilaciones de barrilete de nuevo; /agarro la cotidianeidad por sus cuatro puntas/las esperanzas, los sueños/los ato en el extremo de un palito/y me los echo al hombro./ Agarro este poco de dignidad/ de praxis ultrajada/y me la echo al hombro./ Y me meto en la vida./ Y me meto en la vida qué carajo/ me entierro hasta los codos/ me la subo hasta el hueso/y me voy con los hombros de ahora y para siempre// Con la poesía al hombro a falta de otra cosa/con mi humanismo al hombro que es casi una bandera/ con la poesía al hombro a falta de fusil/y por ahora” (MEDINA, 2003:59)



TERCERA ENTRADA:

En este ensayo, abordamos el peronismo como una práctica construida desde el eje de la resistencia alrededor de tres banderas fundamentales: 1) Participación y soberanía popular, 2) Justicia social, y 3) Patria económicamente libre de las ataduras políticas y financieras del extranjero.  Se asocia, entonces a varias palabras. En primer lugar a “Nación”, porque conlleva una defensa del patrimonio, también a “Patria”, pero una patria “grande” que hay que cuidar de los intereses foráneos. Y fundamentalmente se asocia a “Pueblo”. ¿Y qué es el pueblo? Podemos decir, siguiendo a Dussel, lo que NO es: Pueblo no es explotación, ni es oligarquía. “Pueblo”  se parece entonces a “equidad” y “Justicia Social”, otras tres palabras que resuenan continuamente en el vocabulario de la militancia, al igual que “Obrero” o “Proletario”, porque se alienta la lucha de los trabajadores por sus derechos  y se persiguen, fundamentalmente, otras cuatro palabras: “Redistribución de la Riqueza” y por eso se asocia a “Inclusión Social”.  En este sentido, el peronismo para la militancia puede ser pensado no sólo como un partido político sino como la expresión de un pensamiento y de una metodología singular para comprender la historia o acercarse a los fenómenos sociales independientemente incluso de los acciones llevadas a cabo por los gobiernos peronistas en sus diferentes períodos. Creemos que es posible pensarlo, entonces, como una poética (como afirma Torres Roggero) en el sentido de que entabla una lucha por la palabra y desde la palabra que se articula alrededor de una línea de significantes fundamentales que implican, para el investigador, saber capturar los “oscuros” símbolos de la cultura popular que se representan por medio de él.
La poesía revolucionaria resiste a la tiranía de la proscripción y la violencia militar renovando su capacidad de ser popular; de reflejar la celebración de la comunidad en sus muestras de alegría subversiva; de replicar por la ausencia de la protección del patrimonio nacional y de reclamar por la justicia social engarzándola a una comprensión libertaria de la doctrina católica. Es una poesía de la poética peronista que resiste a la tiranía de los tiempos a través de signos cargados de sentido para la militancia que les permiten decir lo no dicho y escuchar lo no oído entre el “silencio” de la comunidad amordazada.

CUARTA ENTRADA: POSTFACIO

Mutis (*)

“….No le será forzoso
Rogar, fingir, temer y estar quejoso”
(Égloga II, Garcilaso De la Vega)
Y ahora,
            Compañeros
Cerremos bien el pico
Armemos un bollito de palabras
Lo echemos en la boca,
Mastiquemos, traguemos, digeramos
El ton y el son,
las heces y el seseo
Lo echemos en la boca.
           Oh insonoros
Mastiquemos su luz
Traguemos su alma
Digeramos mudez,
                                 (ni un mu soltemos)
Y entonces,
                    Compañeros
Reducidos a bloque de silencio,
A puro estar, a vida ensemillada,
Preludiará el temblor de los que dicen
Y se helará el sudor que declara,
Del que apunta, del que esgrime y boconea,
Del que ordena, el que grita y mandonea,
Porque
El silencio atruena y escarmienta,
Es peor que un tanque cuando
                            Pasa y pisa
Y cuando cae
                   Cae en megatones…..
Y sépalo también (sépalo y calle)
No se puede prohibir y no se allana.

Torres Roggero. Jorge (1991) Eucalypto y otro poemas. Ed. Argos. Cba.Pp. 51

(*)Significa "salirse de la escena", voz usada en el teatro, para correrse a otro lugar o acallar (ver RAE online) .
 " Es que el pueblo no habla el mismo lenguaje que nosotros.
Su abecedario no tiene letras, sino apenas
formas, movimientos, gestos. Y no es que el pueblo sea
analfabeto, sino que quiere decir cosas
que nosotros ya no decimos"
Rodolfo Kusch en Indios, porteños y dioses,
Stilcograf, Bs. As., 1996, p. 116

Bibliografía:
BASCHETTI, Roberto, Comp. (1997) Documentos de la resistencia peronista 1955-1970. Bs. As, De la Campana
______________________ (2001). Documentos 1976-1977. Volumen I. Golpe militar y resistencia popular, Bs. As., De la Campana.
DUSSEL, E. (1973) “Cultura Imperial, Cultura Ilustrada y Liberación de la Cultura Popular” en , Stromata, n°12, año XXX, Universidad del Salvador, San Miguel, enero-julio.
JAURETCHE, Arturo (2008). Ejército y política, la patria grande y la patria chica. Corregidor. Buenos Aires.
MANGIONE, Mónica (2004). El movimiento de sacerdotes para el tercer mundo. Editorial Kolektivo. Bs. As. Disponible en http://es.scribd.com/doc/8734795/El-Movimiento-de-sacerdotes-para-el-Tercer-Mundo. Consultado el 28/07/11.
MEDINA, Mariano (2002) La Pisada del Unicornio.
PERÓN, Juan Domingo (1984), Obras completas 23. La hora de los pueblos. Latinoamérica ahora o nunca, Bs As. Proyecto Hermandarias.
PONZA, Pablo (2010). Intelectuales y violencia política 1955-1973. Editorial Babel. Córdoba.
TORRES ROGERO (1966). El que tenga oídos. Ediciones Diálogo. Córdoba.
___________________ (1962). La circunstancias. Colección Laurel. Edición Díaz Bagú. Córdoba.
___________________ (2009) “Cultura Popular y Revolución: Para una poética del 17 de octubre” en SILABARIO nº 12, año XI. Págs. 13 a 29. Edición virtual disponible en http://www.revistasilabario.com/p/notas-principales_04.html



[1] Para Mario Eduardo Firmenich, el pueblo “Son millones de hombres de diferentes sectores sociales con diferentes formas de vida, con pensamientos distintos. El pueblo está compuesto por obreros, por trabajadores que no son obreros, por desocupados, por los marginados, como las colectividades indígenas, por los pequeños productores rurales e industriales. En síntesis, el pueblo es un conjunto heterogéneo de millones de hombres que componen distintos sectores sociales y que, a menudo, tienen diferencias de pensamiento y de intereses, pero que tienen todos un interés común frente a la situación de dependencia que viene sojuzgando a la nación” (BASCHETTI, 1997: 62)

[2] El “mero estar” es el concepto con que Kusch define al sujeto indígena en su condición estática y afectada siempre por la naturaleza. Esta gravidez del indio al suelo implica su voluntad de aferrarse a la parcela cultivada mediante una economía de amparo donde lo que importa es preservar  la comunidad, antes que al individuo, en un ambiente adverso.
En cambio, el “ser” es el verbo de occidente donde el mismo terror sagrado ante la “ira divina” es compensado mediante el progreso de la técnica y la ciencia y donde  la naturaleza es afectada por el hombre, lo que lo convierte en una concepción dinámica de la vida frente a aquélla estática. El hombre occidental reacciona ante el temor sagrado erigiendo las murallas de la “gran ciudad”, llenando el “patio de los objetos” y buscando así la erradicación de lo negativo mediante una ilusión de prosperidad absoluta imposible de creer para los indígenas.

[3] El hedor es lo que está latente en el indio, en el campesino, en el obrero, en el “cabecita”, en el negro, en el villero. Para Maturo, a Kusch le importa rastrear la originariedad de América en el marginal pues constituye “lo vital y preformado de la sociedad, aquello que ha permanecido al margen de las categorías del progreso, la institucionalización, la masificación y la apariencia social” (Maturo, 2010: 45)

[4] . Para  el autor: “La práctica militante de la cultura popular, según Michel De Certeau, es una lucha por la toma de la palabra. Toda lucha por el poder, postula, es una lucha por la palabra. En efecto, si la lengua es una producción de todos, su red de contextos explícitos e implícitos es el lugar por excelencia de las prácticas anónimas de creación y difusión. En ella germina el pensamiento seminal, florece la cultura y, por lo tanto, todos los posibles de nuestra libertad” (TORRES ROGGERO, 2009: s/d).




IMPERDIBLE:


Una verdad sólida para toda la vida
Prólogo del Libro Las Juventudes Políticas de Córdoba a cargo del profesor Dr.
Jorge Torres Roggero  y el citado libro de Eduardo Alberto Planas


(*)"Poética es la ciencia nomotética cuyo objeto de estudio son las artes, y la literatura. Para Algirdas Julius Greimas, la poética designa el estudio de la poesía como la teoría general de las obras literarias ( Para Tzvetan Todorov, la poética es una ciencia que estudia el discurso literario; apunta a una reflexión científica sobre la literatura, ubicándose no en el conjunto de hechos empíricos que determinan las obras literarias, sino en el discurso literario. Asume que la obra literaria es una estructura abstracta posible, en la cual existen constantes discursivas que pueden ser estudiadas por un estudio científico.
Esto se debe a que el lenguaje de la literatura se diferencia de los otros lenguajes porque está constituido por un código poético. No obstante se puede apoyar en las otras ciencias en la medida que el lenguaje forme parte del objeto. Tales como las disciplinas que traten del discurso. La poética, según Todorov, se definirá necesariamente en dos extremos, desde lo muy particular, y lo demasiado general. Esto implica que una generalización por medio del discurso, no debe ser inflexible, sino que debe atenerse a la descripción de lo específico y de lo singular (31). Esto significa que se debe teorizar más que apelar una metodología estricta."
 (ver WIKIPEDIA online)



Ø  TRABAJO FINAL. VALLLE, MARIANA. Curso de Posgrado: “Poéticas de la Izquierda Peronista”. A cargo del Dr. Pablo Heredia y el Dr. Domingo Ighina. Acredita 40 horas reloj (con evaluación)



Bandidos


El tema de los bandidos en una constante en la literatura contemporánea cordobesa que va del policial negro, pasando por el “de enigma” al road movie, de quien es un excelente ejemplo Horacio Sotelo.
Empecemos con el negro, el móvil siempre es “la guita”, puede haber  móviles secundarios, pero siempre el fundamento sustancial de la trama es el dinero. Hay asesinos intelectuales y asesinos pagos o los típicos "matones". El enfoque de la trama sobre la personalidad del asesino a sueldo, es un tema bastante relegado en la literatura más bien pareciera que en muchos de los policiales negros, el "matón" es casi un rostro desdibujado con un solo acto en escena: matar, violentar, extorsionar. Pero, ¿qué hay detrás de estos personas siniestros que matan “a sangre fría”?
En Bilis Negra, de Fernando López, el relato se adentra en la figura del un matón, que lejos de ser un autómata que sólo recibe órdenes, deberá utilizar su ingenio para obligar a un ministro nacional a que abandone su cargo.  Así, se constituye en una especie de “Sherlok Holmes” operando desde “las fuerzas del mal”  y apelando al poder actoral de una prostituta para simular un falso encuentro que constituirá la trama secreta para envolverlo en una red de mentiras y propiciar su caída política.
 Estafadores y escritores comparten muchas cosas en común: los estafadores venden ilusiones,  igual que los escritores e igual que el dinero . “El estafador es un poeta de la delincuencia” decía Horacio Sotelo (ver nota completa en este misma página).
En Limones para una sangría de Gonzalo Toledo, dos “gilastrunes” (término utilizado por abuelas, sobre todo, y muy frecuente en Córdoba: dícese del que ya con “edad de sentar cabeza” anda vagando por la vida sin oficio fijo y de fiesta en fiesta con amigos) obviamente sin plata; consiguen limones gratis del  limonero de un vecino y planean "pasar el rato". El tercer amigo “El Rolo” es presa de un secuestro exhortivo por dinero acumulado en deudas que no pagará con su vida, de no cerrar el trato, sino con su hombría “le van a romper el culo”. Estos giles deberán adentrarse en el submundo de los lumpenes para conseguir el dinero. Y acuden a los prostitutas, a título de presuntas “acreedoras”. Es una novela de iniciación con un perfil bastante similar al del Juguete Rabioso. Unos amigos sin mucho que hacer en la vida y sin querer reinsertarse al mundo respetable de las convenciones y el capitalismo, aprenden las artimañas del "malvivir" y, en este caso, se codean con rufianes y putas. Párrafo aparte, es destacable el trato que el relato les da a las prostitutas. Ellas marcan sus territorios de poder.”Nosotras estuvimos en los grandes acontecimientos de la historia. Pero La Biblia no nos trata nada bien", dice la dueña de un burdel. tras lo cual explica que salvaron al revolucionario Sandino robando 40 fusiles a un marino para dárselos. 
Haciendo un paréntesis, recomiendo leer “La Puta Patria” de autores varios cordobeses (link a la derecha), quien rescata la historia de aquellas valerosas mujeres que resistieron los ataques de la policía a sus amantes anarquistas en la “Masacre de la Patagonia”. La prostituta posee el poder a raíz de su tasado "valor sexual" y el poder es lo que se desea y lo que se desea puede comprarse con dinero, y volvemos al tema del capital.

Cuesta Abajo, de Fernando Stefanich, es una novela sorprendente: ¿Cómo termina Carlos Gardel envuelto en una red de mafiosos? Un escritor se encuentra en un bar con un cantante mediocre que dice ser el hijo de Gardel. El mito argentino no habría muerto en el viaje a Medellín sino que habría sido raptado. Un Gardel aquejado por los reclamos de  la fama que quiere borrarse del mapa inicia un tratamiento con un psicólogo. Sabe que corre peligo, por su dinero, pero además por la “secta de los comunes” esos tipos que andan deambulando por la vida, pariendo hijos, trabajando y jubilándose “Yo le muestro todas sus miserias” dice Gardel.
El protagonista es un bohemio en muchas de estas narraciones, el hombre que toma contacto con el mundo del lumpen por el tedio de una vida monótona en la que no se inserta. Así, un escritor desilusionado de la vida conoce un personaje extraño en un bar que canta tangos y dice ser el hijo de Caros Gardel: ¿Un loco, el verdadero hijo del emblema de la canción argentina? Quién lo sabe.
Gardel, que permanece vivo en múltiples leyendas urbanas, ha caído en el submundo de los desamparados, los excluídos de la sociedad. Ese tango tristón que nos conmueve nos dice que él y nosotros tenemos mucho que ver, viviendo míseramente comprando ilusiones con fajos de billetes y añorando el barrio y la viejita, lo que molesta a "la secta de los comunes".El mismo barrio que realza el tango y que se reune para salvar al Rolo en Limones de una sangría

Para Hobsbawm, quien introduce las características del "ladrón noble" analizando las leyendas de los bandidos rurales: “Podemos imaginar que el noble fuera de la ley tiene más posibilidades de entrar en el reino del mito y la balada populares: a) cuando llega a formar parte de un movimiento de resistencia de una sociedad arcaica contra gentes venidas de fuera o contra una conquista extranjera; o b) cuando la tradición de rebelión campesina activa contra la injusticia señorial es débil (Hobsbawm, 2003:53)”
 Un barrio que se une en su mundo de lumpenes y clases trabajadoras para salvar a un “gil” de los ataques de un barrio extranjero. 
En Alias Árbol, de Horacio Sotelo el “escritor ladrón”, tenemos una autobiografía sobre sus años tumberos. Envuelto en merca, prostitutas, sangre y códigos de ladrones, que no deben perderse según el escritor. El estilo de Sotelo bien podría catalogarse pornográfico. Es la osadía del ladrón que seduce porque da placer, porque vive fuera de las reglas, “de caravana” hasta que le disparan. La narración se desdobla entre un Àrbol (apodo “tumbero" de Sotelo) y un “Cabezón” que hornea ladrillos y junta pesito por pesito en Córdoba para vivir con sus hijos. Los dos no puden convivir, ¿quién vive, quién muere? Hay que leerlo.
No es difícil pensar que el ladrón internamente tiene sus fundamentos, “robar en grande” es un acto de heroísmo para estos personajes, que desafían las leyes del capitalismo “Es lo mismo fundar un banco que robarlo” decía Brecht y siguen el modelo de “Robin Hood”, o del "ladrón noble" de Hobsbawm: su lema es robar al rico para dar al pobre (en este caso los que reciben son ellos mismos, los pobres).
La venganza, libro de Augusto Fidalgo Pedroza le da un nuevo cariz al tema del policial. Indaga en la vida de las víctimas. De policías y ladrones humildes criados en la misma villa que terminan enfrentados. Es un libro que, muy respetuosamente, se adentra en el mundo de la delincuencia juvenil y la pobreza urbana y que se atreve a indagar en otro tema bastante relegado en la literatura (sobre todo por autores hombres): el de la violación y el abuso sexual. Incorpora, con mayor intensidad que el resto de los relatos, a la ternura como espacio que sobrevive en el penoso mundo de las villas. Sin ser “miserabilista” a lo Castelnuovo abarca las variantes: víctimas y victimarios unidos por sus orígenes de clase. Niños que sufren, inocentemente, las peripecias del destino. Más allá de una crítica estética (que no realizo en este momento) lo rescato porque con un lenguaje sencillo e historias cotidianas resalta algo que a veces la sociedad olvida al hablar de los pobres, los “castigados desde la cuna” por portación de rostro, “los negros” o “presuntos culpables y criminales” que, para algunos, no merecen nada, porque todo lo que se le da es dádiva
Ofrece un ángulo comprensivo de las múltiples variables que pueden encontrarse en una villa, desde los  criminales hasta las víctimas.
 Ofrece una mirada del pobre sobre la que puedo verme en un espejo o , más allá, contemplar la mirada de un hijo, un padre, una madre.Sin negar que la violencia exista en los espacios sociales en que subsisten, los relatos de Pedraza se toman un tiempo para hablar de AMOR.

Ver:
LIBROS:
Sotelo, Horacio (2005)Alias árbol. Fundación Refundar Argentina. Cba.
Pedroza, Augusto Fidalgo. (2011) La venganza. Editorial Fojas Cero. Córdoba. 
Toledo, Gonzalo. Limones para una sangría (2011). Ediciones Llanto de Mudo. Cba.
Stefanich, Fernando (1999) Cuesta Abajo. Ediciones del Boulevard. cba
López, Frenando (2005) Bilis Negra. Ediciones del Copista. Córdoba. 

CRÍTICA:
Hobsbawm, Eric (2003). Bandidos. Editorial Crítica: Libros de Historia.  Barcelona
Fueillet, Lucía (2011) Dinero y delito: La tradición materialista en la lectura/escritura pigliana del género policial. Alción Editora. Córdoba. 
Valle, Mariana y Rogna, Ezequiel. "Si no sabés que ruido hacen las tripas cuando suenan, no podés hablar de tripas vacías". Entrevista co Horacio Sotelo en SILABARIO, Número XIV. Editorial Babel. . Córdoba.


IMPERDIBLE:

AUTORES VARIOS DE CÓRDOBA (Leandro Calle, Julio Castellanos, Néstor Merigo, Claudio Suarez, Cesar Vargas) LA PUTA PATRIA en http://www.cba.gov.ar/imagenes/fotos/la_puta_patria.pdf