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martes, 10 de diciembre de 2013

¿Extraterrestres o zombies? Contra la criminalización de la protesta social y naturalización de la pobreza por parte del estado neoliberal




Marginales en la noche
La novela Letra Muerta de Cezary Noveck y Guillermo Bawden plantea una Córdoba apocalíptica enfrentada a los zombies con reminiscencias del cine de terror y la historieta, especialmente El Eternauta de Oesterheld. Todo comienza en un futuro distópico de la Argentina -gobernada por Mauricio Macri- a partir de una serie de “turbas” de los vecinos en reclamos que son duramente apremiados por los gendarmes.
En ese contexto de violencia callejera y protesta social,  las primeras noticias de esos hechos están obstaculizadas por el mismo gobierno, según deja ver uno de los pocos medios que trata de registrar lo ocurrido a lo largo del relato:

Cacerolazos. Vecinos de la Capital Federal se concentraron frente a la Casa Rosada para manifestar su descontento por la falta de respuesta del Gobierno Nacional ante los reclamos sobre los niveles inéditos de violencia que se vivieron en las calles de Buenos Aires durante la última semana. La policía disparó balas de goma para disuadir a  los manifestantes, dado el nivel de agresividad presentado. Sin embargo, horas después, un cordón de gendarmería impidió el acceso a los medios en las inmediaciones. Desde hace nueve horas que se desconoce el paradero de nuestros enviados especiales desde… (Bawden, 2012:11, 12)

Los primeros informativos destacan la violencia como hecho aislado[1], pero ya van presagiando el clima enrarecido del fantástico a disposición de los lectores con bastante dejo de ironía hacia el contexto en que se desarrollan los hechos.  
En este caso, el texto de ficción crea un escenario distópico, pero verosímil, donde el “macrismo” -la oposición del kirchnerismo caracterizada por varios estudios como la versión más representativa del neoliberalismo y la derecha más ortodoxa- ha tomado el poder y se dispone a reprimir a las masas enfurecidas en las calles.

Pese a la muerte del vicepresidente Rodríguez Larreta a manos de una turba de peatones fuera de control durante un acto público, este mediodía, el presidente Macri no suspenderá su viaje diplomático a Suiza. (…) Al parecer, esto es mundial, el diario habla de combates en Córdoba, Rosario y Buenos Aires y da instrucciones de cómo proceder con los muertos en cada caso. Nada de entierros. Se queman. No importa cómo murieron. Siempre hay que destrozarles la cabeza. Siempre. (Ibíd. 17)

La primera relación entre el “monstruo” y el subalterno está dada por las propias marcas textuales, la “turba” anarquista de ciudadanos que reclaman  por los niveles de violencia son paradójicamente, violentados por el gobierno.
Inicialmente nadie sabe a qué se deben los aumentos en los crímenes, pero los vecinos excluídos de la agenda oficial salen a pelear a las calles y, según las primeras noticias son reprimidos también por confundirse con los criminales.
De hecho el comunicado oficial señala que estas manifestaciones de orden público deben ser reprimidas ferozmente sin ningún tipo de contemplación, es decir, sin consideración “humanitaria” alguna.  A medida que la novela avanza el marginado social se termina convirtiendo en una tipo aún más descalificado, algo así como un “marginado” de su propia especie, un humano no tratado como tal.
El discurso mediático es el primero en afianzar este estereotipo, cosificando primero a las muchedumbres que reclaman, sin nombrarlas y sin hacer mención a sus reclamos, sólo a la manera en que deberán ser eliminadas en una especie de nuevo holocausto. Las noticias, sin mucha premeditación, asignan a la muchedumbre nuevos rasgos estigmatizantes aunque su propia incoherencia queda al descubierto al admitir que son sólo hipótesis:

El caos se instaló en casi todas las provinicias del territorio nacional. Las ciudades han colapsado. La población de los principales centros urbanos está desbordada. Las rutas, todas atascadas e imposible de transitar. Reportes de Rosario, Córdoba y Mendoza, aseguran que los civiles estaráin saqueando los supermercados en masa. Otras fuentes afirman que se atacan los unos a los otros sin motivo aparente. Crecen los rumores sobre una peste altamente contagiosa de naturaleza desconocida. Expertos afirman que se trataría de histeria masiva o psicosis colectiva. Lo cierto es que no se ha podido tener ninguna información fidedigna que pruebe alguna de estas versiones. Videos enviados a youtube muestran violencia y asesinatos por todas partes. Pero nadie puede explicar  nada (Ibíd. 20)
Acaso sea posible decir que algunas de estas citas aluden al contexto donde surge la novela (2012) atravesado por los conflictos entre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y las emisoras del Grupo Clarín al cual se le acusa formalmente de ocultar y tergiversar información política a sus oyentes. De todos modos, el debate actual entre las grandes corporaciones mediáticas y su influencia en la opinión pública es una línea más de lectura que sugiere la novela.
Como respuesta prevista estos medios aseguran que la comunidad pide “mano dura” por parte del gobierno, ahora acéfalo, y una figura con un pasado asociado a la causa de la tragedia militar en la fábrica de Río Tercero organiza a los grupos militares para preparar la contraofensiva ante una ofensiva poco clara caracterizada por la desesperación, pero también por el silencio.
Un rasgo más que el subalterno comparte con el elemento fantástico es el silencio: el “monstruo” que no sabe/no puede defenderse a sí mismo, lo que ha dado dentro del género figuras como las de Frankestein, monstruos incomprendidos por la sociedad victoriana en crisis:

En la otra esquina, en cambio, parecía haber más orden, al menos los dos atrulleros cruzados en la calle y la vereda daban esa impresión. Sólo en ese momento me parcaté de que no había una guardia de infantería con sus escudos de fibra de vidio sino que los policías sostenían el avance de la muchedumbre con las mesas de plástico de los bares. Habían aparecido de repente (o al menos hasta que sentí los disparos yo no los noté) llamados por la urgencia, habían tenido que improvisar defensar para contener el tumulto. La muchedumbre delante de ellos era silenciosa; se veía a algunos heridos a juzgar por la sangre en sus rostros y vestimenta. En medio de la incertidumbre, la multitud agolpada a mitad de cuadra se mantenía expectante. Le siguieron unas explosiones aquí y allá. La gente reunida en mitad de la cuadra permanecía en un silencio que fue más atemorizante que cualquier grito o pedido de auxilio (Ibíd. 15).

Los lexemas van preparando el terreno para lo fantástico desde el registro inserto en la realidad hasta lo desconocido: el subalterno primero como “vecino enojado”, después como “turba enrarecida” y finalmente como “germen de violencia, como “infectado”, elemento enfermo de la sociedad que debe ser eliminado sin ninguna compasión. 
Entre las filas de “enfermos” se cuentan representantes de las distintas clases sociales, lo que los caracteriza es su contribución al caos social, pero el planteamiento del conflicto permite relacionar la protesta social con la enfermedad. Es decir, la del zombie como “agitador social” en posición de subalterno en relación al gobierno, al resto de la sociedad que lo excluye como germen del mal, aunque poco se sabe de sus motivaciones iniciales.
Por otro lado, el desigual tratamiento de los sobrevivientes  sugiere la crítica social cuando un grupo de éstos trata de entrar al countrie “Las Delicias” y su acceso le es negado por los militares. Los “pobres” del grupo prometen venganza –y la ejecutan- arrastrando consigo al grupo de los zombies contra el personal que custodia el countrie, esta vez el zombie se ha desplazado a un rol equivalente al del delincuente, el criminal  que es arrastrado por la pobreza hasta infiltrarse en el seno de las clases pudientes.
¿Víctima o victimario? La figura del monstruo como asocial genera gran atractivo en los mass media, muchas veces incluso en un claro proceso identificatorio promovido por ciertas huellas discursivas. Para Zaidman es natural que la clase popular sea representada de manera monstruosa exacerbando su corporalidad frente al discurso letrado que lo retoma como un “injerto” distante a sus códigos. Así el pueblo es frecuentemente representado como el “hedor” latinoamericano al que hace referencia Kusch, como el bárbaro dentro de la corriente civlizatoria que encarna la novelística y ensayística del “salón literario” el siglo XIX.
Para Hannah Arendt, “el monstruo revela ser, sin embargo, la víctima, ella es el exceso, el efecto siniestro de una ley sagrada o laica”. Hannah Arendt ha rechazado el carácter monstruoso del victimario porque ha visto en Adolf Eichmann a un hombre mediocre, para luego “concluir que el genocidio no necesita monstruos sino burócratas porque es en la norma, no en el sujeto, donde se sostiene la maquinaria criminal del Estado (en Zaidman, 1999:22).
En la novela el zombie es tan temible a veces como las acciones desaforadas del gobierno que, ante la incapacidad de clasificar a tiempo a los enfermos “asusta” a los pocos sobrevivientes con una crueldad premeditada, pero igualmente “terrorífica”.  Acaso porque ya estén condenados de antes, es decir, porque pese más la sospecha que la realidad lo que es común para con los marginados sociales. Para Daroqui: “aquellas personas consideradas responsables o culpables de un acto que supone una sanción legal y/o moral carecen de derechos a la hora de tomar contacto con las agencias de control social estatal, es decir, los autores de supuestas acciones delictivas nunca son víctimas en el marco de las consecuencias de esas acciones” (Daroqui, 2009:14).
La organización de las “milicas” urbanas enfrenta a los zombies y al terrorismo de estado tratando de encontrar la verdadera causa de la enfermedad, formando grupos solidarios primero a través del contacto epistolar entre los diversos sobrevivientes que luego se reúnen en el Chateau carreras.
En Villa Edén parecen encontrar la respuesta o, al menos, un eslabón más de la verdad cuendo conocen a Jeni y su gente: una muchacha humilde que asiste a sus vecinos diariamente en un comedor. El asilamiento de este grupo de la violencia de las Ciudades parece ser la panacea de la enfermedad, una especie de escenario utópico caracterizado por su distancia a los males de las sociedades modernas, algo así como el “buen salvaje” de Rousseau que puede redimir al hombre civilizado en tanto se mantenga puro e ingenuo.
Por el contario, el precio a pagar para el que pretende salir de su ensimismamiento parece ser muy alto. Ante el pedido  de respuesta de un civil a un uniformado y su negativa a hacerlo, aquél refelxiona: “la protección, la seguridad, como siempre, tenía un precio. Antes se accedía a ella con dinero, con status. Ahora era la  subordinación” (Op.Cit. 70)
La novela prevé un futuro que a la vez emula un pasado muy marcado en el imaginario de la sociedad argentina, el menemismo caracterizado por la ciminalización de la protesta y a la vez de la pobreza como signo naturalizado:

Es el gobierno político hoy dominante de esta transformación el que impone ideológicamente preferible “excluir” que “incluir”, no ciertamente porque se fie de poder controlar socialmente todos los excedentes a través de la represión penal y carcelaria, sino porque la respuesta dada por la criminalización de la pobreza es simbólica y, por tanto, pedagógicamente coherente con la advertida necesidad de afirmación de las nuevas virtudes neoliberales (Svampa, 2005: 78)

Lo fantástico opera aquí recuperando  las subjetividades que los discursos sociales construyen en torno a las marginalidades en el entorno que el lector califica como “real”.
Pero se  problematizan esos discursos a través del fantástico, es más, utilizando al fantástico como un eslabón más de lo real que permite dimensionarlo a través de la hipérbole, de la metáfora, a través del uso que le da a las  categorias y jerarquias sociales con roles tradicionalmente impuestos y acaso “controlados” por quienes organizan la creencia social.
La figura final del mártir, del cura redentor, nos dice que el problema tal vez no esté en el enfermo sino en quien enferma o en quien vive sin saber que ya está muerto…

Bibliografía: 

Bawden y Koveck. Letra Muerta. Llanto de Mudo. 2012. Córdoba.
Daroqui. Alcira. "Muertes silenciadas: La eliminación de los "delincuentes". Ediciones del CCC. Buenos Aires. 2009. 
Korol, Claudia .Coord.(2009). Criminalización de la pobreza y de la protesta social. Editorial El Colectivo. Buenos Aires.
Zaidman,E. "La interrogación" en Letrados lletrados. Ana María Zubieta Comp. 1999. Buenos Aires. 




[1] Por ejemplo, esta cita parece referirse en el contexto de ficción al periodista de Canal Doce, Enrique Sdrech que conduce un programa sobre casos policiales en canal trece: en el doce, que retransmitía el trece de Capital Federal, el especialista en policiales explicaba el caso de un tal Sosa, detenido ese mismo día, que había matado a su hermano de un mazazo en la cabeza. El periodita insistía en un dato: el hombre afirmaba que su hermano lo quiso atacar después de muerto…podría sonar loco. Pero los enfermeros de la ambulancia privada, que estaban presentes, afirmaban lo mismo (Bawden y Noveck, íbid. 12-13)


¿Cordobeses extraterrestres?
Se acuerdan de Distrito 9. Era una película sudafricana-neozelandesa de ciencia ficción que en 2010 fue dirigida por Neill Blomkamp, y producida por Peter Jackson, el  que filmo la saga del Señor de los Anillos.

El film está ambientado en Johannesburgo en un ucrónico 2010, 28 años después de la llegada de una nave alienígena a la ciudad sudafricana. Más de dos décadas después del primer contacto, los extraterrestres conviven con humanos pero han sido ubicados en un gueto, el Distrito 9.

La película comienza como un documental. De esta forma el espectador conoce el trasfondo de la película: una gigantesca nave alienígena llegó a la Tierra en 1982 y permaneció suspendida sobre la ciudad de Johannesburgo, en Sudáfrica. Pasados varios meses sin que se observaran señales de vida y tras varias deliberaciones los humanos decidieron abrirse paso a través del blindaje de la nave para acceder al interior. Lo que allí se encontraron fue cerca de un millón de alienígenas desorientados y desnutridos. Al principio los extraterrestres recibieron ayuda humanitaria, pero con el tiempo se vieron obligados a vagar por la ciudad revolviendo en la basura y buscando comida. Los extraterrestres comenzaron también a robar y a cometer actos vandálicos en la ciudad para sobrevivir.

La población de Johannesburgo mostraba cada vez más rechazo hacia los alienígenas, y tras las quejas generalizadas se logró que fueran recluidos en un área militarizada llamada Distrito 9, donde los alienígenas vivian hacinados,  prácticamente en guetos. Los propios pobladores de Johannesburgo se manifiestan totalmente xenófobos, discriminatorios y racistas. Algunos llegan a decir” hay que matarlos a todos”,”son vagos”, no laburan”, aparte “no son humanos, que hacen aquí, ”encima los tenemos que alimentar”.
El Distrito 9  era un campo de concentración de extraterrestres. No podían salir sin autorización, sin ser requisados y no podían ingresar a la ciudad. Si salían del Distrito podían ser exterminados de forma inmediata. Subalimentados desnutridos, comienzan a salir del gheto y se dedican a cometer todo acto de desmanes, como comer cubiertas de autos, robar comidas para gatos, ya que de eso se alimentaban.

Los extraterrestres, que recibieron numerosos nombres despectivos ("bichos" en español y "prawns" en inglés), sentían una enorme adicción por la comida de gato, por lo que tuvieron que vérselas con grupos criminales que se la conseguían. Puesto que entre los alienígenas y nativos se producían enfrentamientos constantemente se creó un clima- anti alienígena generalizado que recordaba a los tiempos del apartheid. Los expertos explican que la nave nodriza perdió su módulo de control, por lo que no está operativa, y opinan que los alienígenas eran perseguidos políticos  en su propio planeta y habían huido del mismo como refugiados.

Se decide la reubicación de los os mismos en el Distrito 10 ubicado más lejos aún de la ciudad. La misma está a cargo de una empres privada, ya que el Estado no podía carecía de recursos para hacerlo..
Temas de racismo y la xenofobia son presentadas por la película, en forma de “especismo”, que le aplica a los alienígenas. El "especismo" se manifiesta a través de la palabralangostino para describir a los alienígenas, siendo una referencia para el langostino Parktown, una especie de rey cricket considerado una plaga en Sudáfrica.

El 3 D cordobés

Sin llegar a la  rigidez del sistema de apartheid, no es menos cierto que  algo de ello pude extrapolarse a nuestra Provincia y Ciudad. El hecho de la erradicación de las villas miserias a la periferia de la ciudad, ha convertido a dichos barrios  en verdaderos guetos, donde sus habitantes deben trabajar, y realizar todos sus actividades en el mismo, y no pueden  salir del mismo, so pena de ser controlados, demorados, y hasta detenidos por “merodeo”, figura totalmente inconstitucional del Código de Faltas, instrumento del Estado cordobés  de control social.
Como dice María de los Ángeles Lasa, Licenciada en Relaciones Internacionales de la UCC, en el matutito Hoy Día Córdoba del 9-12-2013, “El gobernador Schiaretti en su momento (años 2007.-2008 culmino el proceso de relocalización de villas de emergencia ubicadas en la zona céntricas y peri-céntricas de la Ciudad de Córdoba y estaba inaugurando con bombos y platillos- no inocentemente- lo que habían decidido llamar Barrios-Ciudades” (…). Estos tenían todo lo  necesario centros de salud, escuelas y dependencias policiales. Pero a poco de andar nos dimos cuenta que los barrios-ciudades tenían un objetivo bien concreto: ocultar a la pobreza visualmente, desvinculara en términos de presencia y, por macabro que suene, ghettificarla. Si, ghettificarla como a los judíos de Alemania o los afroamericanos en Estados Unidos; ghettificarla en términos simbólicos, en un territorio determinado –lejos de la ciudad- a la fuerza y reafirmando la tipificación racionalizadora que todas asumimos acríticamente: que son unos negros villeros, vagos y violentos, repletos de inmoralidad. Pero aquí surgía lo más espantoso: era el Estado –como aparato de clase- el gran productor y modelador de desigualdad y marginalidad futura”.


Ante la anomia del Estado,  en virtud del paro y acuartelamiento ilegal de las fuerzas de seguridad, la ausencia del gobernador y la inoperancia de sus ministros, los habitantes de ese esos guetos que en el caso de nuestra ciudad y provincia   no son extraterrestres sino cordobeses y de pura cepa, el fatídico Martes 3 D salieron a la calle a cometer todo tipo de desmanes, principalmente a robar todo lo que la publicad de una sociedad basada en el consumismo atroz, les niega en la realidad, al condenarlos al trabajo precario, la marginalidad y la vinculación con las traficantes de droga como modo de subsistencia ante la carencia de trabajo y perspectivas.  Al tiempo no es descabellado pensar que la misma policía o un sector de ella, marginado de la corrupción, los utilizó  como forma de presión, chantaje extorsión o lo que sea  al gobierno para que  haga concesiones favorables a sus peticiones de aumento salarial.

Los saqueadores, no son extraterrestres, son cordobeses,  considerados  públicamente como “negros de mierda”, “motochorros”, “vagos, “choripaneros, plandescansar” cuando en rigor de verdad expresan no una clase social,  tampoco un sujeto histórico capaz de desatar un cambio, sino una salida individual a la crisis económica, social y cultural que vivimos, ante la carencia de un proyecto colectivo. Proyecto que sinceramente pensábamos que se  estaba pergeñando a partir del 2003.

 Ya en otras épocas fueron calificados como “orilleros”, chusma” “aluvión zoológico”, “cabecitas negras”, harapientos, “masa informe, de pasiones bestiales”. Los motes del desprecio conllevan con frecuencia, el sobrenombre animal o una connotación equivalente o sea, la reducción a lo instintivo, a lo meramente espontáneo. Esas  fajas de seguridad puestas por los guardianes  del pensamiento hegemónico, fueron asumidas por los plebeyos de este,  nuestro suelo, como signos de identidad. Así, como dijo esa mujer, “..el insulto fue recogido y transformado  en bandera de trabajo, de justicia y de paz….”. 

Chusmas  o descamisados  venían a triturar una totalidad densa,  a ampliar el  campo social, económico y  del pensamiento. A terminar con la  democracia renga  y la década infame, asumieron un papel en la política  construyendo la argentina moderna.
Pero ahora estos cordobeses, de 2013, que algunos en su tecnicismo académico calificaron como “lumpen”-, carecen de ese contenido transformador, de esa intención,  de mutación social. No son un sujeto social revulsivo que viene a cambiar la historia. Hay una violencia subterránea  de esos cordobeses marginados, excluidos, amurados -sin que existan muros de ladrillos-  que se veía incubando desde hace mucho tiempo. Se visibilizo y salto en cualquier dirección,  en forma individual, porque carece de sentido de dirección. Y sobre todo de una teoría de cualquier tipo, reformista y menos aun revolucionaria. Ello también dio pie a la vuelta a discursos que pretenden aplicar políticas represivas, la Tolerancia Cero, el Derecho Penal de Enemigo, a lenguajes que creíamos superados, y desnudo un severo daño en nuestra sociedad, que no es capaz de dialogar y evidencia también el alto grado de irresponsabilidad  e inoperancia de nuestros gobernantes. No se puede tampoco pretender licuar responsabilidades en la abstracta “sociedad”, sino que existen distintos niveles de la misma. La primera la del Jefe de Policía, luego la de la Ministra de Seguridad, la de la Vicegobernadora y la principal la del Gobernador.

Algunos hablan de un coctel explosivo, de narco escándalo, corrupción policial e inflación. Pero los atacados no fueron ninguno de las grandes firmas, empresas o supermercados que son los verdaderos formadores de precios,  sino quienes sufrieron las pérdidas fueron los comerciantes, pequeños y medianos. Lamentamos profundamente  el miedo de los “ciudadanos comunes” como se dice, de los empleados, los estudiantes y los obreros.

Entendemos la desesperación de saberse imponente, los daños materiales a propiedades privadas y públicas y los muertos de esa aciaga noche de anomia.

 Lamentamos y nos da pena, mucha pena, los discursos que aparecieron de carácter xenófobo, racista y clasista, reclamando justicia por mano propia y virtuales linchamientos a estos “extraterrestres cordobeses”: los motochorros, Pero lo que más lamentamos es que muchas otra personas no serán violentadas solamente por un día, o noche, sino que padecen una violencia estructural y de toda una vida. Y es muy difícil que no la sigan sufriendo. Por eso el desafío, -mal que les pese a los que consideran la desigualdad como algo natural-, el desafío  sigue siendo la igualdad. Una igualdad basada en el dialogo y como única forma  de avanzar hacia la construcción de una democracia, real, social y participativa, y una de una sociedad más justa y más digna.

No se pretende con esto dar por terminado el debate. Al contrario es para iniciarlo. Para tratar de entender que paso.


Eduardo Alberto Planas
Mariana Valle: Comentario a "Letra Muerta: novela de zombies en Còrdoba"

Sobre finaditos y finados, sobre las ruinas de la Ciudad de Babilonia, desorden y caos social. Una lectura literaria al dìa que "Còrdoba se prendió fuego". Como ustedes sabrán, la obra literaria es un exponente excelente de las vivencias y
subjetividades sociales que coexisten en su seno aùn antes de ser "materializadas" en hechos concretos.

Por eso el genial Arlt previò el derrocamiento infame de Yrigoyen, con toda su lógica cìnica -los acuerdos entre la xenófoba Liga Patriòtica y algunos disturbios fomentados por ellos mismos-. Por eso el gran Marechal previò el asesinato de Aramburu. Por eso la literatura habla antes que el televisor y con lenguajes no tan claros, pero ciertos.

 Porque descubre el encubrimiento de los discursos políticos, masivos, la lógica exacta y nefasta de los torturadores. Còrdoba es una ciudad profundamente atravesada por la discriminación. Lo dicen los cuartetos (no lo inventan ni lo fomentan, lo muestran). Lo dice la melancolía de esta nueva camada de escritores. Lo demuestra la indiferencia hacia el arte en Còrdoba.

Leo una novela llamada "Letra Muerta", de Guillermo Bawden y Cezary Novek (Llanto de Mudo, editorial, 2012).  Otra vez el tema de los zombies, pero zombies del tercer mundo.
Ambientada en una Còrdoba surcada por el "desborde gubernamental", el caos fomentado por años de indiferencia y bajo el mandato presidencial de Macri.

Así, de repente, un dìa aparece el síntoma (los zombies devorando todo alrededor), pero de un país enfermo de desidia e indifernecia al prójimo por varios años previos.

No es el prejuicio aséptico y aberrante del cliché yanqui, el tema del "zombie" como "extranjero".
No es el zombie como duplicación del terror que se pretende fomentar hacia los países pobres (el tema de la sangre extraña e impura del africano u oriental al que se pretende despojar de sus riquezas legitimando su criminalización constante).

No, son zombies cordobeses. Son pilas de muertos que se devoran nuestra ciudad, la ciudad que arde. Son excluidos que avanzan sobre la población de "niños bian" y otros pobres víctimas ocasionales.

 "He leído lo que le ha pasado y no tengo que decirle a usted que el infierno está en la tierra. Estos son los días previos a la segunda venida del señor. Es nuestra oportunidad de arrepentirnos de nuestros pecados, de levantar una nación sana, vital, libre del crimen, de la suciedad, de la voracidad de los amorales"

-Letra Muerta, cap. 25-

 Es la Ciudad de Babilonia en que Tejeda encontró el pecado y es la misma "Ciudad de Babilonia" (así la llama) del Negro Chetto. Una Córdoba, ciudad de pecadores, un infierno vivo. Pero los pecadores son sus gobernantes.

Los zombies del tercer mundo son los dictadores, los crueles, los tiranos, los que deshollan vivos a los pobres: les roban todo, hasta la dignidad.

 Hoy màs que nunca al verlo a DE LA SOTA me di cuenta que el hombre es un cadáver. "No nos interesa si la amenaza procede del extranjero, de nuestras propias FFAA o del mismísimo Infierno. Cualquier disidente que amenace el bienestar de los argentinos será combatido hasta su aniquilación total. Sin excepción".

Los muertos andan caminando por Còrdoba. En una ciudad de saqueos y desmadres que son producto directo de la inequidad del gobierno provincial. Algunos medios sòlo parecen recordar a los pobres cuando se los quiere criminalizar. El chivo expiatorio de siempre.

Ojalà que un nuevo Eternauta -o Cordonauta- surja de entre las cenizas. Esto se llama : el desastre de la civilización. Son ellos los peligrosos. Son ellos los amorales. Son ellos los extranjeros de este pueblo que es de todos los que lo vivimos y respetamos. Son ellos, los muertos que dicen atrocidades y comentarios racistas por las radios. Los zombies no tienen sangre impura, son amorales, son frìos,  son tiranos, son muertos que aùn reprimen. Sus cabezas huecas son producto de la banalidad del mal (Arendt) que los puso a marchar. Ellos son sòlo artífices de un mal mayor. Títeres de poderosos, de políticos, de cìnicos.
No cierren las puertas hoy, el mal ya està en nosotros. Para sobrevivir hay que erradicar la matriz que lo origino.




domingo, 8 de diciembre de 2013

"Cordobeses eran los de antes": La tradiciòn picaresca y los "remedios de pobres" para aliviar las heridas del alma




Juan Carlos Rodríguez establece una tesis detallada sobre "la literatura del pobre" -o la picaresca a secas- y su surgimiento a partir del quiebre del feudalismo en torno a los avances del capitalismo.

¿Cuándo surgen las literaturas de pobre? En otros post he señalado la emergencia de las "literaturas marginales" desde tiempos inmemoriales, pero,  también así,
la imposibilidad de encontrarse con muchos de estos ejemplos que, de no ser por la mediación de sujetos letrados que los absorben de distintas formas, se pierden bajo el paso del tiempo y en ausencia de los medios más solidos  de fijación como la escritura.


Las leyendas, los grafittis que datan incluso de la civilización antigua grecolatina -impresiones de obreros sobre construcciones de edificios-, las formas de expresiones logo gráficas, letrillas populares, remedios de pobres, cánticos, cielitos, arengas, refraneros y otras tantas formas de literaturas populares no superviven mucho más allá de su expresión y, de hacerlo, suelen ocupar un lugar concreto en la labor etnográfica, antropológica o folclorològa, pero, difícilmente en los restrictivos accesos a La Ciudad Letrada.

De tanto en tanto surgen personajes peculiares de las letras que no buscan status ni fama y que se zambullen por las calles de sus pueblos, sus ciudades, buscando capturar la esencia de esas "vidas de pobres" con ahínco y férrea voluntad.
Ellos prefieren ser "portavoces" antes que autores, son caminantes anónimos de la Ciudad que buscan historias

En este caso, hablaremos de una tríada singular: Azor Grimaut, Arturo Romanzini y Vìctor Retamoza, pero antes un repaso por la galería de pícaros renacentistas:

Llegada la crisis feudal y en coincidencia con la revolución que significó la imprenta, los nuevos mercaderes, dueños de la Ciudad, debían justificar espiritualmente sus riquezas, su poder sólo material. Un chiste muy difundido decía que ante la muerte de un hombre burgués, debieron hacer una autopsia y los médicos se sorprendieron ante la inexistencia del alma en el cuerpo de ese hombre.

Serìa la literatura nada màs y nada menos, la justificación del alma del hombre burgués, la narración abierta a la mirada pública del público, justificando una vida, un régimen de voyeurs de los nuevos poderosos legitimando sus vidas antes avaladas por designio divino.

Antes habían existido, por supuesto, narraciones de nobles y santos, pero raramente destinadas a un público màs selecto que el clero o la nobleza. Las vidas de pobres eran frecuentes en relatos como la Vida de Santa Teresa, que el cordobés Tejeda emulò en su Peregrino en Babilonia.
Eran historias de personajes voluntariamente entregados al ascetismo y a la voluntad divina después de un largo trajinar por la "ciudad terrenal de pecadores" y con el objetivo de lograr el perdón divino postulando la propia vida como un camino de ofrenda y lamento por los errores humanos. La pobreza, entonces, no estaba exenta de valor moral y pedagógico hacia otros fieles, seriamente afectados por las màximas luteranas en pleno período de Contrarreforma.

La literatura del pobre, modelo del Buscòn, el Lazarillo, la Celestina y hasta la gauchesca argentina, surge entonces en el Renacimiento y con estos rasgos:
1. El enunciado y enunciador dependen de la concepción de la pobreza ligada a la cuestión de la libertad individual, 2. Existe una forma de diálogo con un receptor a quien se le asigna el valor, nada màs y nada menos, de justificador de una vida, 3. El relato legitimarà la naturaleza humana, el animismo burgués, en vez de Dios. 4. La literatura sería la verdad de una ficción  última: la libertad de un sujeto absolutamente dependiente de una estructura económica que los segrega -lo que Marx definió brillantemente en El Capital- 5. La pobreza sería un elemento interesante para el burgués que también se consideraba íntimamente "pobre" de valor espiritual y el "pícaro", el sujeto excluido y no oprimido -el proletario, el siervo- sería el elemento vital de la concepción liberal tanto moral como económica 6. La libertad absoluta en que se funda el relato también dejarà lugar para la crìtica al propio sistema capital en que se funda : si querèis ser rico también habréis de robar, decía "El Buscòn" de Quevedo, 7. el "yo pobre" será el enmascaramiento de una búsqueda "espiritual" que es constituyente de la determinación histórica-social en que se encuentra (Rodríguez, 1985: 23 a 29)

Hablemos de "vida de pobres" en Córdoba . Azor Grimaut es uno de los escritores que màs ha aportadado a la cuestión de la "mitología popular" en Còrdoba, recreando a través de plaquetas y crònicas populares -muchas de ellas recopiladas por La Voz del Interior-.
Es un gran divugador de recetas, remedios e historias de pobres con un tono càndido y pintoresquista, muy imbuido por la cuestión del paisaje popular como estampa melancólica de una infancia plena y un "yo lìrico" enfrentado a los sin sabores del mundo adulto y "responsable.
"Comidas cordobesas eran las de antes" dice y añora las "panzadas" anteriores con las ollas de pobres, las ancuas, la chàncua (maíz para la mazamorra) y las velitas de sus vecinas piediendo por las "almitas" buenas del purgatorio, que por penas leves no han podido pasar al cielo.

Son los yerbateros que curan mal de amores, que ni la "ruda macho" puede sacar. Aceites de cocina pa' el reuma, romero pa`el aire (el asma). Son los "zanjones" brotados de flores, callecitas barrosas,  carnazas baratas que llenan de colorido el lugar con los cantos de los vendedores ambulantes que convien con las ànimas de otros infortunados como La Pelada de La Cañada o La Ramonita (degollada por celos).  Un mundo casi irreal de personajes variopintos que no por pobres dejan de ser un elemento vital del paisaje (sì, parecen también los vivos ànimas aferradas al paisaje en donde danzan santescamente pidiedo pa'l puchero), algo que fascina a ese chicuelo en el seno de una familia "poquito nomàs mejor"  de plata.
Estaba en pleno desarrollo el primer gobierno de Peròn. Las clases medias y populares, en los mismos barrios, intercambiaban sus experiencias. Las de Grimaut no son narrativas de las villas como "ghetos". Sobre las calles de San Vicente y Guemes -vivìan trabajadores de ferrocarril, obreros, curanderas, vendedores ambulantes, caballos y autos con natural coexistencia. En el patio de la tierra se jugaba con pelotas de trapo, se aprendìa a escribir "debajo de los talas" y con hormiguitas trepando a los talones.
No era un mundo ascèptico ni la pobreza se calificaba como "hedienta", al menos no para Grimaut y sobre los zanjones pestilentes de sangre, de tripas gordas, se llenaban los perros flacos y, de vez en cuando, reverdecía una flor.
Tal vez en esa libertad, en ese "animismo" del pobre, en ese patio ancho de un barrio sin fronteras, después de todo estaba el goce de un niño con alma de matrero y experto en yuyos, un escritor de "vida de pobres", con alegría y fulgor.

Es el anecdotario de Arturo Romanzini, historias con sonrisas, es cierto se sublima el dolor de la pobreza en esos cuentos o misceláneas. Los pobres andan sobreviviendo con artilugios a medio camino entre legalidad e ilegalidad: el "Queso Podrido" pide ir a la cárcel para que lo alimenten bien, la "Vieja Cachilera" vendìa santos de "San Roque" por otros de "San Cayetano" y ante la ausencia del "perro" que hizo "avivar" al comprador reclamaba a la municipalidad y a la perrera "que se habài robado el perro de San Roque en la estampita".
Y entre tanta confusión Jardín Florido se estampaba como un "lord" para lisonjear a las mujeres que pasaban por ahí mientras que, su contracara, la "chacha" o "la hortensia" mostraba sus partes pudendas y gritaba como un barítono furioso si la gente osaba no dejarle moneda.
Vida de pobres, historias de presos. Los policías como Retamoza, sumariante -el "Fray Mocho" cordobés- regaba sus cuadernos de notas con esos diálogos desopilantes de algunos querellantes y sus lenguas "bàrbaras" a medio camino entre el cocoliche, el español, el "cordoooobes", la influencia de una zona rural emergiendo como citadina.

Especialistas en el arte del "rebusque", no sólo se las arreglaban para comer  sino también para darnos "cátedra" de sabidurías populares, para encandilarlos "anamnèticamente"  a un mundo de carencia y plenitud (Adorno), para refregarnos la ausencia e irrealidad de la burguesìa como método de vida y ... de vez en cuando, hasta para robarnos una sonrisa.


Ver:

Adorno, citado por Vidal. Vidal, Hernán. (1998) Crìtica literaria como defensa de los derechos humanos. Serie Human Rigths. Chile.
Rodríguez, Juan Carlos. (1994). La literatura del pobre. Barcelona.
Grimaut, Azor (2009) Ancua, Poemas de Còrdoba. Alción Editora. Còrdoba.
Retamoza, Vìctor (1999). Historia de Policìas y Delincuentes (1900 a 1910). Edición del Autor, Còrdoba.
Romanzini, Arturo (1978). Còrdoba y su anecdotario. Còrdoba. Ediciones del Cabildo.

jueves, 28 de noviembre de 2013

El Delito de Editar (in memoriam del genial Burnichón y su eterna Saleme)




PARA TÍ, ALBERTO, MI RECUERDO SIEMPRE...



"El 24 de Marzo de 1976 a las 12:30 am, nuestra casa de Villa Rivera Indarte en Córdoba, fue allanada por varios hombres en uniforme cargando rifles. Se identificaron como pertenecientes al Ejército, y estaban acompañados por varios chicos en ropa casual. Apuntaban sus armas hacia nosotros, mientras robaban libros, objetos de arte, botellas de vino, etc., y los llevaban hacia afuera. Entre ellos no se hablaban, sólo se comunicaban con tronidos (chasqueo) de dedos. Por mas de dos horas, nuestra casa fue saqueada; antes de que esto sucediera, se había provocado un apagón en todas las calles vecinas. Mi esposo, un oficial de la Union de Intercambio, mi hijo, David, y yo, fuimos secuestrados. A mi me liberaron al día siguiente. A mi hijo lo dejaron libre un tiempo después que estuvo detenido en el campo La Ribera. Nuestra casa fue completamente destruída. El cuerpo de mi esposo fue encontrado después con siete heridas de bala en la garganta." (Audio: María Saleme)

(*) Alberto Burnichón. Editor y escritor asesinado en Córdoba por la Última Dictadura Militar.  

domingo, 24 de noviembre de 2013

Lo pobre lindo, lo pobre feo, lo pobre bueno, lo pobre malo, lo pobre... ¿cierto? : Modos de representación de sujetos marginados en la literatura argentina





Forastelli es un crítico excepcional de la pobreza pos-neoliberal circunscripta, sobre todo, a la "historia de la verguenza" del fracaso en los 90 con su estallido social en el año 2001.

La obra de Forastelli, sin embargo, no se limita sólo a este plano histórico sino que hace dialogar a casi un centenar de autores argentinos que han re-presentado la pobreza desde distintas retóricas y políticas discursivas. 

Lo pobre subsiste en literatura como melodrama, como épica, como "pintoresquismo", como nefasto y "sucio" y...¿cómo cierto?

Por ejemplo la épica tiene el rasgo de ennoblecer a la miseria. Un personaje popular, un héroe romántico enfrentándose al destino, a la injusticia, a la legalidad que promueve la ilegalidad del estado. Un Jean Vall Jean o un local Martín Fierro. Esos ladrones nobles robandole al poder de turno, mofándose de su doble moral, cantando al pueblo. Un Fierro, un Moreyra, un Cruz. 

La épica, claro, escoge un héroe para representar el destino de una Nación, pero tiene un defecto: es un relato del pasado, están todos muertos. Léanse, por ejemplo, las acusaciones de Rama sobre el Martín Fierro. El progresismo y el trasfondo ético del poema está perjudicado en la desaparición del sujeto que reclama (el gaucho, como tal, ya convertido en peón rural en el período de la agro-exportación masiva). 

Recordemos, también,  el gran debate sobre el  final condescendiente del héroe libertario de la primera parte -que hasta inspiró al maximalista Ghioldi a un relato anarko- y su aprobación al nuevo régimen nacional. Un servidor de la Patria, pero que tiene que desgarrarse sobre cada punto cardinal en su lucha para sobrevivir. 

Por otro lado, el "horror pánico" del hambre, con lo horrible que ello es, puede también sublimarse, despojando a la psiquis de lo perturbador del momento real e idealizándolo. La pobreza, como tema, genera lo que la tragedia griega: piedad y temor. Porque no quisiéramos admitir que ni las máquinas pos industriales nos salvarán de aquella incertidumbre de "caer" en la pobreza, en los infiernos, en lo que no queremos reconocer como propio del género humano, ni contemplar la miseria propia.

Cuando se sublima, surge lo "pobre lindo", el Juan Muraña y las historias de arrabales, fascinantes y hasta con ribetes filosóficos. Son esas historias borgeanas de quien miraba ese mundo en la seguridad de una casa pintoresca de Buenos Aires y con cierto aire melancólico ante los avances de la modernidad incipiente. 

Lo pobre lindo está en Borges, en Mujica y en algunos sainetes de los 20. 
Lo "pobre lindo" no sucumbe al "horror pánico" del hambre (Marx). Del otro lado está lo "pobre abyecto", lo "pobre mugre".

 El sensacionalismo naturalista de El Matadero. La literatura y sus nobles formas que "se suicidan" como el unitario. Tal como lo dice María Rosa Lojo: Porque para narrar la pobreza, la literatura (el modelo de "bellas letras") se suicida o revienta de horror y se muerde la lengua para no gritar.

Lo pobre feo es el "populacho peronista" o  "la chusma irigoyenista" además de la "barbarie federal". Es el horror de un joven "culto" envuelto en un baile popular en Las Puertas del Cielo (cuando Cortázar aún no soñaba con la revolución, tal vez por su extrema proximidad para comprender los avances revolucionarios de las masas en su propio país). 

Hoy, para Forastelli:

Lo lindo pobre se ha dislocado completamente, y ciertamente hoy tenemos la pobreza sin lo lindo. Construido en las primeras décadas del siglo XX para negociar y pacificar conciencias frente a la activación política, social y económica del populacho, lo pobre lindo carecía de cualquier tipo de referencia a la peligrosidad y al complot como secretos; alisaba ese revés de lo conocido que se formaba con la disolución del confín de la ciudad y la sociedad tradicional;celebraba la emergencia de la orilla o el arrabal. Borges lo describió así alguna vez: ´La calle era de casas bajas, y aunque su primera significación fuera de pobreza, la segunda era ciertamente de dicha. (ver cita al final).

Ya no hay ni un tango que mencione su discreto encanto de bulevar sombrío, de callecita y recoveco misterioso, ni de burdel alegre, ni de baldío aciago para escribir versos. 

Lo "pobre feo" está más a tono con las retóricas herederas del "realismo sucio".  
Pero sería peligroso encasillarse sólo en dicha tendencia. Afortunadamente, la nueva narrativa argentina se nutre de formas y creencias populares y le da vida a nuevos relatos "polifónicos".

Éstas nuevas retóricas enfrentan lo "pobre malo", pero también lo "pobre bueno".  La idea del "buen salavaje" rousseauniano -el ideal retorno del humano a su estadio natural-  se condena por su ingenuidad. 

Personajes que pululan en estas nuevas narrativas presentan el prisma más complejo que tal vez jamás haya  dado la literatura. 

"Lo pobre malo" no es tampoco el eje de novelas como "El Campito" O "Rock Barrial". Lo positivo de tales re-presentaciones es el lugar concedido a las "narrativas de la ciudadanía" dentro del eje de la subalternidad.

Eso cuestiona toda la línea del "pobre" sólo como actor de las "narrativas de la criminalidad" (un Moreyra o un Fierro o la prostituta de los Siete Locos eran, al fin y al cabo, siempre prófugos de la justicia; los lumpenes sólo podían gozar de un lugar secundario en las narrativas proletarias de Boedoo o en los sombríos personajes de los policiales, como "pobres malos"). 

Y...¿lo pobre cierto?

¿Recuerdan aquél relato de Kafka: Un artista del hambre?

Un hombre que posee la cualidad de no alimentarse y ello se convierte en mercancía al mostrarse en un circo.

Vaya paradoja del capitalismo: todo puede ser "comercializado". Pero, ¿cuál es el valor de "uso" del hambre?, ¿qué se hace con el hambre más que la mirada absorta de un público fascinado?

También hay hoy, artistas del hambre. Nuevas subjetividades, autores de los márgenes que miran la pobreza como el entorno "real" de sus vidas y no un mero aproximamiento ficcional.

Horacio Sotelo, Camilo Blajaquis, Cristina Luz, el Negro Chetto, Washington Cucurto. 

Pienso en el relato kafkiano: el horror del hombre que vende su hambre no está en dicho acto sino en la indiferencia del público que, al buscar nuevas formas de "divertimento" y asombro lo reducen a "NADA".

¿Qué era el ayunador si no "vendía" su hambre? Sin valor de uso su hambre no valía nada y el tampoco. Lo patético y atroz del cuadro kafkiano es ello. 
Cuando la gente le acerca comida y se niega a comprenderlo como artista viéndolo en cambio como un "loco", el hombre adelgaza de pena -lo que jamás le había ocurrido- y muere.

Pero el ayunador no se sacrificaba en su hambre. Ello era natural para él. Nada podía colmar su hambre además y por eso se había resignado a padecerlo dignamente y hacerlo "arte". 

Con ello quiero explicar que no sólo los pobres conviven con nosotros. También son artistas. 

Pienso que no debiéramos robar su dignidad y matarlos con la indiferencia. ¿ Y lo pobre cierto?No hay una mirada exacta sobre la pobreza. Como un tema complejo y de sinfines de aristas sólo puede producir aproximaciones. Aún en estas nuevas "autobiografías bárbaras", hay diversas maneras de enmarcar un mismo referente, la pobreza.

Pienso entonces que la literatura es como un gran caleidoscopio: la mirada exacta no se incluye, porque no hay tal posibilidad. 



VER: Forastelli, Fabricio (2006).  Lo pobre lindo.Las nuevas formas de exclusión social y represión en Argentina.  En http://www.berlinsur.org/pages/miradas/pobrelindo.htm

Lojo, María Rosa (1999). La "barbarie" en la narrativa argentina: siglo XIX.  Corregidor,Bs. As. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Y el dolor de ya no ser...

Valle Mariana. DNI 31868212. Posgrado.
Eje: Literatura y Compromiso Social en Glauce Baldovin y Néstor Perlongher.



 «¡Ah de la vida!»... ¿Nadie me responde?
¡Aquí de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.
¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la Salud y la Edad se hayan huido!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.
Ayer se fue; Mañana no ha llegado;
Hoy se está yendo sin parar un punto:
soy un fue, y un será, y un es cansado.
En el Hoy y Mañana y Ayer, junto2
pañales y mortaja, y he quedado3
presentes sucesiones de difunto.
Quevedo, Parnaso español


Glauce Baldovin y Néstor Perlongher. Las paralelas que se tocan.


Si bien ambos poetas a simple vista parecen más bien distantes entre sí, tanto Glauce como Néstor –para tratarlos con confianza- poseen varios puntos de aproximación en sus poéticas.
Es cierto que poemas como “Cadáveres” estéticamente puedan descifrarse como las antípodas de aquella larga e introspectiva charla del “yo lírico” con su soledad en la serie de poemas homónimos de la autora cordobesa. 

El primero  posee un tono objetivista casi llevado al extremo como en aquella técnica del “haiku” oriental que tanto embelesó a Ezra Pound y sus  seguidores en el movimiento llamado “modernismo literario inglés”.  Veamos: el “yo lírico” de tal poemario extenso está prácticamente ausente, no hay  casi “datos” que nos informen acerca de ese “yo” que enuncia que –si no se pretende asimilarlo automáticamente con el autor real- bien puede ser joven o viejo, incluso mujer u hombre porque ningún adjetivo lo delata específicamente en ese sentido y tampoco sus emociones son explícitas sino que más bien se deducen del atroz cuadro presentado.

Una gran cuadro poético –como aquél de las flores negras sobre el jarrón-  que transmite bestialmente (lo soez y lo vulgar son rasgos de lo que defino como una poesía “bestial”) una escena de holocausto que posee un gran mérito: nos devuelve la imagen precisa de la infamia, lo que se nos negó durante la última dictadura (un punto sobre el cual quiero volver luego).

El lenguaje del poema de Perlongher es muy elaborado y suena un tanto artificioso y en ese sentido encuentro personalmente un gran abismo con la poesía “urbana” que en Córdoba ha tenido exponentes de la talla de Daniel Salzano o, tal vez el más fiel representante de esta línea, Vicente Luy quien escribiera “La Sexualidad de Gabriela Sabattini” con una estética pastiche y heredera del arte del grafitti y el comentario breve de las redes sociales.

Llamo "poesía urbana" a las nuevas manifestaciones poéticas que, a tono con los cambios sociales, tienen por experiencia vital concreta la representación de la ciudad con todo lo que ello implica: el caos vehicular, el hedor, la imposiblidad de la utopía al estilo de las “bucólicas” de Ovidio pues La Ciudad  nos obliga a ser precisos con todos sus contrastes,  al menos si uno pretende que el referente se justamente descrito.

Creo que está poesía urbana se nutrió mucho de la experiencia de la posmodernidad en tal sentido y siendo muchos de sus exponentes poetas jóvenes, usuarios también de los “nuevos lenguajes”- el grafitti, la música popular y las redes sociales-, ello llevó a que la poesía urbana sea mayormente portadora de un discurso bastante claro y alejado del hermetismo de otras retóricas barrocas (sin que ello, por supuesto, impida que haya una voluntad de pulir el lenguaje, de trabajar sobre la cualidad ornamental de las palabras como es vital para el hecho poético).

De hecho, las “acciones poéticas” que son grandes exponentes de este estilo intervienen materialmente la ciudad con consignas pequeñas que buscan redefinir los espacios vaciados de sentido y de “belleza” por los estragos de la feroz imposición de una sociedad de consumo y una filosofía plenamente utilitaria donde el lenguaje sólo es abordado por su valor performativo de intercambio “costo-beneficio” a la manera del mercado.

Aún siendo Perlongher un poeta que, a mi entender, podría formar parte de esta nueva estética urbana, hay algunos rasgos que lo distancian: los neologismos, el lenguaje técnico, los “juegos” verbales, el hipérbaton e incluso ciertas “jitanjáforas” donde el sonido  se ha desplazado de cualquier significado “real”, hacia el "más allá" de lo que el lector pueda imaginar a su libre albedrío.

Todo ello hace que su poética, al verse emparentada con cierta tendencia barroca, vaya en detrimento de los objetivos de la poesía urbana que tiene por fin, precisamente, “desacralizar”  a la poesía y habilitarla al público masivo. Perlongher busca el impacto sobre la sociedad, pero sin apartarse de la artificiosidad del lenguaje que en su barroquismo y su desmesura es la única forma que encuentra el "yo lírico" de describir la infamia y el horror de la ciudad de "pobres corazones" en toda su extensión. 

Con ello, insisto en que no quiero fijar categorías exactas e –incluso- dudo seriamente que la cuestión de géneros o estilo sea más que un dato “extra”, pero de modo alguno definitorio sobre una estética. Los géneros, los estilos, a tono con las culturas en la modernidad, se cruzan, dialogan, forman híbridos, entramados complejos imposibles de separar taxativamente.   

No obstante,diría incluso, no si titubear, que los rasgos de Baldovin son mucho más asimilables a esa estética  "urbana" de la nueva poesía cordobesa, en cuanto a su “accesibilidad”.

Claro que la autora no podría decirse “objetivista” a mi entender. Su poesía, por el contrario,  es muy introspectiva y hay varios puntos de contacto con el estilo de otras autoras como Alejandra Pizarnik -en quien el tema de la soledad está muy presente como así también la cuestión del género- y de otra autora tal vez muy olvidada como es Silvina Ocampo y sus cuentos en esas casonas misteriosas donde las mujeres descubrían la faz del horror con el encanto y discreción de quien toma un té inglés (sobre todo recuerdo aquél cuento “Las Invitadas” donde la muerte viene a buscar al protagonista).

El “yo lírico” es el eje de la poesía de Glauce que, no obstante, sí hace un gran uso de las metáforas visuales que transmiten el desgarramiento o la sordidez de los espacios: opresivos, oscuros, siniestros, lánguidos y fascinantes. Eros y Thanatos sobrevuelan el poema que es una gran alusión al suicido y a la proximidad de la muerte quien se revela como un misterio ineludible para descifrar y amar aunque se vaya la vida en eso.
Como Borges y Arlt, Glauce y Perlongher parecieran dos paralelas irreconciliables. Las paralelas no pueden cruzarse, jamás. Pero si coexisten y en tal sentido pueden “tocarse” aunque más no sea simbólicamente.
La biografía de ambos autores, su compromiso social es el punto que puede reunirlos. Como a Conti y Gelman. Como a Marechal y a Osterheld.
Son dos formas de narrar la angustia de vidas surcadas por una tragedia colectiva (y su revés personal que la potencia) que puede ser traducida de dos maneras igualmente efectivas:
A través de la representación de ese holocausto que no vivimos (y a tales fines se torna tan efectivo ese poema deconstruyendo la falsa moral de un pueblo que convive con CADÁVERES y no desaparecidos, esa imagen que también nos robó la dictadura para poder asimilar y superar la infamia, lo innominable, lo falsamente incorpóreo) o  por medio de un diálogo fascinantemente mórbido con la soledad, la muerte, la desazón.
La última dictadura se puede leer en dos registros muy distantes, pero contundentes a su manera:

Con el desparpajo  y el esperpento “neobarroso” que nos reconstituye la materialidad del horror que hasta dialoga con cierto marcas del “realismo sucio” y metáforas de la “podredumbre” para imposibilitarnos la “evasión” de tal tragedia devolviéndonos sus rasgos materiales y concretos.
Con el diálogo intimista y desolador de la devastación y la ausencia: el silencio inconmesurable llenando paradójicamente los vacíos con el abismo prometedor de la muerte.
Dos poetas que son igualmente revolucionarios al rescatar la palabra usada para la proscripción, la falsedad, la tortura y la abulia de un pueblo con fines libertarios. Al final, sobrevuela en mi mente una cita de  Jorge Torres Roggero:

"Se produce una sorprendente correlación: al poner en actividad la imaginación poética y abarcar al hombre total, la revolución como acto en sí es poesía colectiva. Ahora bien, ese momento de mayor intensidad del hombre prefigura una poética que no necesariamente se manifiesta como sistema ni como escritura. La revolución es un tajo, una discontinuidad. Un poder se triza y se desata una nueva fuerza histórica que necesita para expresarse formas de representación no dominadas. En una revolución la retórica es una presencia necesaria. Sin embargo, en la externidad de sus formas canónicas, reconocidas, prestigiosas, la literatura continúa, generalmente siendo contrarrevolucionaria. Paradójicamente, la revolución sólo suele efundir formalizaciones duraderas mucho tiempo después de su irrupción, cuando ya ha sido copada por una tecno-burocracia. Entonces la retórica se vuelve, otra vez, campo de batalla.
La revolución – postula citando a Trotsky- arrancará para cada individuo el derecho no sólo al pan, sino a la poesía. […] Conquistemos, para todos y para todas, el derecho al pan y el derecho al canto”. 

Trotsky. León (1976). Literatura y revolución. Fondo de Cultura Económico. México DF.

Torres Roggero, Jorge. (2009). “Cultura popular y revolución: para una poética del 17 de octubre”. En Silabario, número 12. Pps. 13 a 29. Editorial Babel. Córdoba. 

El diablo entre las rosas : Comentario a la obra de Alejandro Schmidt.



“El diablo entre las rosas”.  Comentario a la obra de Alejandro Schmidt.




A simple vista el poemario de Schmidt logra conjurar dos caminos casi opuestos en el imaginario real: la belleza, en especial en su sentido clásico, de la flor más galante del reino con el demonio, lo siniestro, lo insondable, lo infame, lo tenebroso y la fealdad.

El poemario dialoga con citas bíblicas y también con el Fausto de Goethe. Recordemos que Fausto marca un quiebre en la producción de Goethe, porque la mayor parte de la obra se aleja de la impronta del clasicismo de Weimar, en el que habían de forjar sus primeras experiencias de estilo él y su cébre compañero, Schiller , como tantos grandes escritores alemanes.

Fausto, sin embargo, excede la perfección en el sentido clásico de la obra y las imágenes más contundentes del infierno y los aquelarres  -con todas sus figuras  dantescas y perversas- sin duda lo ubican fuera de las puertas del clasicismo y frente a los umbrales del romanticismo que se estaba formando –luego del sturm und grand- como un retorno a la pagana y oscura edad media.

La poesía del autor villamariense se acerca a ese quiebre del Fausto, buscando el goce estético entre las tinieblas. Configurando al demonio como parte de su existencia cotidiana y recreando una historia misteriosa, lúgubre y perturbadora de su vida. Con énfasis en la descripción del entorno de acuerdo a sus estados anímicos, gusto por las figuras opuestas y exordio al misterio de la oscuridad que ciertamente recuerda, además a, los geniales versos de Novalis en su himno a la noche.

Lo "tétrico"- que conjuga lo misterioso e insondable de la vida, pero a la vez fascinante y cruelmente bello- se funde  con la vitalidad del poema y su deseo de estar con la persona amada aún frente a esa figura demoníaca.

Las formas de aludir al “diablo”, sin embargo,  lo alejan de la visión más atemorizante de la Biblia.  A veces el demonio es como un duende que se cuela ente la gente, o se prende al moño de una chicuela antes de ir al colegio.  

Más bien parece ser la existencia concreta de un “personaje negro” (Jung) que condesa lo "reprimido" por la psiquis, el inconsciente,  una "sombra" del ser que se ha corporeizado en su infancia bajo los distintos motes  de“cuco” u “hombre de la bolsa”.

De hecho, hay una dualidad constante entre ese “yo lírico” adulto e imágenes de la infancia como el recuerdo de la calesita, que podrían marcar una etapa de la vida experimentada en transición permanente entre esos mundos de infancia y madurez. Sin posibilidad de desprenderse del recuerdo de su familia parental primaria y de sus temores de chicuelo.

De hecho, la autobiografía del autor –citada al final- recuerda esos años de madurez como crudos y angustiantes, paliados con el alcohol incluso.

De todos modos, es claro que el diablo también es un símbolo del temor que aqueja al “yo lírico” que trata de sobreponerse a esa imagen para continuar su camino de adulto en un entorno de “pobreza”, propio al parecer de una clase media empobrecida que sufre por la incertidumbre de su horizonte laboral.

Aún así, no hay intenciones de consentir el “traje gris” de la existencia y soportar los aplausos de quienes no significan nada para él. De hecho, esta parte del poema recuerda el continuo retorno a la pregunta retórica que aqueja a los escritores de todos los tiempos, “¿cómo vivir de mi arte?”. Bretón decía que “la poesía es uno de los caminos más tristes que llevan a todas partes”.

Sin duda el concepto de la “bohemia” es importante aquí, porque el sujeto no desea subsumirse a los falsos valores de la burguesía y perder su dilema existencial, el dominio de su arte.

Dicho de otro modo, hay sufrimiento, pero el sufrimiento es genuino y señal de ese “no venderse”.  El diablo aparece entre cada segmento de la cotidianeidad de sus días y eso se vive con bastante naturalidad en el poema.

La continua conjunción de elementos opuestos (oscuro-luminoso/feliz-vacío/muerte-deseo) va configurando la concreción de las pulsiones fundamentales en la vida: las de eros y thanatos.  De hecho, para Freud ambas esferas se funden en el deseo como aspiración al bienestar máximo, al clímax o al orgasmo que es una forma de percibir el momento de la muerte: la nulidad de todas las pulsiones eróticas -o de vida- luego de la máxima plenitud física y psíquica a través del orgasmo.


De cierto modo, la poesía también está configurada como un camino de verdad y salvación, pues el autor “desconfía de la realidad y cree que la  poesía es un camino suficiente y urgente”. Es decir, la imposibilidad de resignarse a la mirada pragmática de las cosas es la posibilidad concreta de experimentar la felicidad –breve, pero contundente-  a través de la emoción y del goce estético o lo que es igual: el poema en donde habita.   [i]. 

El poemario es, entonces: “una historia contada entre la lluvia que llegue hasta los muertos intacta y encendida para buscar el bien del cielo, sin recibir por pago la mueca del infierno”. (pp. 56). Una historia plagada de espinas, pero sin excluir el privilegio de  las rosas.






[i] “Romper la vida”. Entrevista con Alejando Schmidt. Ver:  http://vimeo.com/78095318