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viernes, 13 de diciembre de 2013

Los hombres que no querían ser Kincón: Lamentos de pobres -Carlos "La Mona" Jiménez y Camilo Blajaquis-

XVI Congreso Nacional de Literatura Argentina (Chaco)
Valle, Mariana Celeste*





Antes de comenzar con nuestro análisis deberíamos preguntarnos qué es el delito y qué función cumple tradicionalmente en la literatura. Josefina Ludmer, investigadora de este tema, nos dice en El cuerpo del delito:

“Desde el comienzo mismo de la literatura, el delito aparece como uno de los instrumentos más utilizados para definir y fundar una cultura; para separarla de la no cultura y para marcar lo que la cultura excluye (…) Sirve para trazar límites, diferenciar y excluir. Con el delito se construyen conciencias culpables y fábulas de fundación y de identidad cultural” (LUDMER, 1999: 14)

 A nivel social, para Míguez, un buen punto de partida es el debate iniciado por Travis Hirshi en un texto clásico de 1967, pero recientemente reeditado, Allí se introduce una definición bastante simple de delito, como “actos cuya detección es pensada como resultante en el castigo de la persona que los comete por agentes de la sociedad mayor” (MÍGUEZ, 2008: 20).

Es decir que el delito no se propugna como un acto necesariamente reunido a las clases empobrecidas, sino que, por el contrario sería difícil para alguien de la clase media o alta reconocer que no ha vulnerado alguna vez una norma cuya pena implica el castigo de los agentes del orden: desde robar caramelos cuando chico hasta pasar un semáforo en rojo.

Sin embargo, tanto Blajaquis (el porteño), como los autores de las letras de cuarteto,  hacen hincapié en su  postura en la criminalización de la pobreza como parte del prejuicio social que difumina la ilegalidad en la esfera de poder:


 “Los barrios y las villas nunca se van a adaptar al desprecio de las ciudadanías que aman pertenecer al poder, a los que estafan con diplomacia y obedecen (...)
Si en el mercado de tracciones de mentiras absolutamente todos consumen orgullo” (BLAJAQUIS, 2010: 90).

También así lo refleja el cuarteto en "Abran la Reja" (1):


A cuatro años, ocho meses y dos dias en prisión,
una celda oscura y fría pasó a ser mi habitación,
he gritado mi inocencia pero nadie me creyó,
la justicia es sorda y ciega para un pobre como yo.



Si recuperamos la noción de delito, según Míguez, la perspectiva de Hirshi se contrapone a las teorías del rol delictivo en las que el delito no es resultado de la acción ocasional de un transgresor sino que deviene de la ejecución de un rol social preestablecido por la pertenencia o la participación en un sistema específico de relaciones sociales (MÍGUEZ, 2008: 21).

Es decir, estas teorías enfatizan en la personalidad del agresor que reincide en la práctica de la criminalización y que resulta de la performance de roles sociales específicamente provistos y sostenidos por subculturas delictivas. Para Míguez:

“Las teorías subculturales nos indican que las condiciones sociales diferenciales que produce la desigualdad distribución de los recursos en la sociedad promueve la circulación de sujetos que las padecen por los mismos ámbitos –otra vez: institutos, cárceles, juzgados, barrios, bailantas, esquinas y plazas- brindándoles la posibilidad de elaborar conjuntamente sistemas de representaciones y prácticas que terminan constituyendo una particular variante cultural” (MÍGUEZ, 2008: 238)




Esta visión del problema cuando se articula en una parte de la sociedad con una visión de delito como producto de las clases marginadas puede originar una criminalización de la pobreza, un “apriorismo” donde a la categoría de “pobre” sería reunida con la “delincuente”, lo que perjudica a Blajaquis en su búsqueda de un lugar intelectual:


“Los grandes medios de comunicación visibilizan como delincuentes a los negritos (…). Yo con poesía resistí la tiranía y la opresión psíquica de trabajadores sociales (…)No estamos a cumplir como sociedad a que un pibe piense o sea filósofo (…)La escritura me sirvió a resistir, contradecir las tareas académicas (…) hay que remarla día a día, mis remos son la poesía…” (CACOPARDO, 2011, s/d).

Esta preocupación también se visibiliza en los siguientes versos de “Estar pálida y en batalla un verso:
“Tengo miedo a veces de que el mundo se haya ido,/ pero no se fue, mañana hay visita./Una psicóloga ayer me dijo que no puedo ser escritor…/Esa piña duele más que la del guardia” (BLAJAQUIS, 2010: 106).

Recordemos que la exclusión social empuja a satisfacer las carencias-urgencias de modo inmediato para garantizar la sobrevivencia, por eso genera en el imaginario construido desde la hegemonía cultural, la identificación de las zonas de pobreza como territorios de crimen (KOROL, 2009: 65). Algo que Miguel Briante ejemplicaba de manera cruelmente real en el cuento "Kinkón" . Aquél personaje condenado a ser un ladrón o un asesino (sólo por su aspecto simiesco). Aquél hombre robusto, Kincón,  que muere combatiendo contra los representantes de un orden que lo excluye y al que ha tratado vanamente de asimilarse.


Según Ludmer el debate sobre el delito se origina en dos posiciones opuestas:


“Los de derecha lo ven como un resultado ahistórico de la ‘naturaleza humana’ sin contexto socioeconómico y adoptan políticas punitivas para controlar al ‘malvado’, priorizan el orden sobre la justicia y vuelven a las teorías genéticas para echar culpa a la ‘clase baja’. Los realistas de izquierda dan prioridad a la justicia social, o injusticia que margina a sectores y genera el delito” (LUDMER, 1999: 18).


El argumento que sigue Blajaquis, quien sufre la pobreza, es que él también está siendo vulnerado en sus derechos de inclusión social, por eso se reduce el impacto negativo que tiene el delito para la moral burguesa en una sociedad capitalista, como afirma el autor en una entrevista:

“El pibe chorro no creen lo que cree la sociedad común, el pibe chorro no tiene la moral que tiene la sociedad. La sociedad cree que el que trabaja es decente, automáticamente (…) El pibe chorro piensa que la decencia es otra cosa. Cuando sale a robar, yo no sé si realmente es robar, y acá hay que tener cuidado con los términos, por más que hay un daño físico y mental que es innegable hacia un tercero. Yo siento que cuando iba a robar estaba yendo a recuperar lo que el porvenir nunca me dio” (CACOPARDO, 2011: s/d).

El verdadero conflicto es la ilegalidad en que se sustenta el orden legal y el desamparo de la protección gubernamental hacia el excluido que lo arroja, como en el cuento de Briante, a déstinos sórdidos casi imposibles de eludir.

Para Daniel Míguez, por otro lado, un estereotipo que se refunda en las prácticas culturales de los presidiarios es la heroificación del criminal perseguido por una injusticia. Esto se percibe en los rituales religiosos destinados a San La Muerte o al Gauchito Gil. Según el investigador, lo que se rearticula es el prototipo de “ladrón noble” de Eric Hobsbawm en sus clásicos estudios de bandidismo rural:

1)El ladrón noble inicia su carrera fuera de la ley, no a causa de un crimen sino como víctima de una injusticia, o debido a la persecución de las autoridades por un acto que éstas, pero no la costumbre popular, consideran criminal; 2) corrige ”los abusos”; 3)”roba al rico para dar al pobre”, al prójimo o a sí mismo 4)”no mata nunca si no es defensa propia o en justa venganza”; 5)si sobrevive se reincorpora a su pueblo como ciudadano honrado y miembro de la comunidad. En realidad nunca abandona su comunidad; 6) es ayudado, admirado y apoyado por su pueblo; 7) es –cuando menos en teoría- invisiblee invulnerable y 9) no es enemigo del rey o emperador, fuente de justicia, sino sólo de la nobleza, el clero y otros opresores locales (MÍGUEZ, 2008: 170)

Este esquema también ha sido trabajado en la literatura, especialmente en la gauchesca donde debemos tener presente la novela de Gutiérrez, Juan Moreira, quien “articula el delito con el derecho, la economía y el poder estatal y hace la travesía necesaria del justiciero popular; el pasaje de la legalidad a la ilegalidad por una injusticia” (LUDMER, 1999: 233).
En realidad, para Ludmer, las "narrativas de la criminalidad" son los moldes típicos en que se difunden las "historias bárbaras" (también en las narrativas de los proletarios como "oprimidos" dentro de un realismo que también excluye al Estado como posible garante de justicia). 

Es decir, que las palabras de Blajaquis, si bien reconocen el delito como un innegable daño hacía la víctima, renuevan toda una tradición de visiones culturales practicadas por una subcultura delictiva, donde la dimensión del delito como ilegalidad con respecto a la justicia y como daño a terceros con respecto a la sociedad es minimizada y hasta radicalmente transformada en un prototipo positivo a partir de la injusticia que origina la transgresión.

Es el tema de la letra "Dos por Uno" (2): 



Señor juez, yo le acepto
Estuve mal, ¡yo, robé!
Pues me echaron del trabajo
Estaba desesperado
Y con el diario bajo el brazo
Mil puertas golpeé.
No quedaba alternativa,
Ni un trabajo ni una ayuda,
Ni una mano solidaria yo encontré.
Y mis hijos tenían frío,
Y mi mujer en un rincón lloraba.
Y mis hijos tenían hambre,
Y yo en mis manos nada.
¡Dos por uno, señor juez!
Por favor tenga piedad.
 

La postura del Blajaquis y de la canción , parte de la explicación del delito como producto de la ausencia del Estado y de un sistema social que funda y perpetúa la exclusión y origina los actos criminales como consecuencia de ello. El “pibe chorro”, entonces, estaría compensando en el hurto un porvenir que jamás se podría forjar en su origen humilde.

El realismo como doctrina estética garantiza la legitimad del relato sobre la pobreza para el lector que, ajeno a ese ámbito, aspira a vivir con mayor intensidad las experiencias narradas. Por eso lo que se le pide al "cantor" o al "poeta" es que de fe de su "vida bárbara" con pretensiones de vericidad. Algo que suele fomentar la teoría de que estas letras de cuarteto (escritas por muchísimos autores) son en verdad producto de lo que los presidiarios cuentan (algo que tiene mucho de cierto, como explicaré en otro post):

“El aficionado al pintoresquismo social pide a la novela realista que le haga vivir la “verdadera” vida del Pueblo, sin perder sin embargo su conciencia y su identidad burguesas; la exigencia de autenticidad es la variante populista de la fantasía romántica que consiste en querer fundirse con el Otro sin dejar de ser uno mismo” (GRIGNON Y PASSERON, 1989: 175).

Sin embargo, dicha condición sobre el relato de la pobreza, se funde con la paradoja de lo absurdo del cuadro descriptivo de un entorno marginal: la pobreza es absurdamente real o realmente absurda.

 En “Describiendo con Realismo”, Blajaquis representa las típicas zapatillas colgando sobre los cables de luz, los abuelos adormitando y el Riachuelo de su villa Carlos Gardel, de este modo:

“Aunque parezca cruel/Había cuerpos de niños/ Colgados de los cables./ Atados/ A sus dedos gordos del pie./ En las esquinas había montañas/ De cadáveres de ancianos y ancianas./Los cuales tenían los ojos cocidos (…)/Los árboles habían huido no sé a dónde/El mar era un eterno Riachuelo/Ya casi duro e inmóvil de tanta mierda” (BLAJAQUIS, 2010: 57).

Para Elías Castelnuovo, es necesario distinguir entre aquél escritor de la pobreza que escribe desde su lugar de élite o de pequeño burgués ilustrado” y el del verdadero “escritor del hambre”, que sufre el mismo contexto al cual se refiere, deducción que extraemos de sus siguientes palabras:

“Los campesinos que pinta el escritor ruso (se refiere a Tolstoi) en sus novelas no son realmente lo que fueron en la realidad, sino como él los elaboró con sus ideas señoriales en la mesa de redacción de su escrutinio. Si un artista campesino hubiese pintado a su clase, seguramente que habría procedido de modo contrapuesto” (CASTELNUOVO, 1977:20).

Blajaquis ha atravesado “en carne propia” los padecimientos de la miseria y de la cárcel, por eso el valor de su testimonio autobiográfico que nos permite decir que es doblemente un “escritor de la pobreza”: quien la sufre y quien la narra. Por lo tanto su descripción de este “otro” social no es una elaboración discursiva de un sujeto subalterno en la voz de un literato ajeno a esa condición (como sería el caso de la poesía gauchesca, por ejemplo) sino producto de la propia voz del excluido (la suya).

Por otro lado, también podemos reflexionar en su obra, los modos singulares por los que circula la literatura en un medio marginal. Blajaquis llega a ella por medio de Patricio, un tallerista amigo que le ofrece en un penal la lectura de Bukowski, Roberto Arlt y Rodolfo Walsh, quien le da el apellido de su seudónimo literario, el militante peronista asesinado en Quién mató a Rosendo (el nombre, es un reconocimiento a Camilo Cienfuegos, el compañero revolucionario del Che Guevara). Como para Silvio Astier, los libros también circulan en ámbitos de delincuencia, en este caso, en una prisión donde el presidiario ya está pagando sus crímenes

Blajaquis explica la esencia de la marginalidad en “Villas: La vida en un mundo aparte o así se vive apartado del mundo” donde se representa un panorama atravesado por la violencia:

“Familias numerosas, o mejor dicho, madres solteras con muchos hijos. Los cascotes que inventan caminos así el barro no te muerde los tobillos. Pilones de basura por acá y allá. Esqueletos de autos desmantelados, saqueados y prendidos fuego. El sonido de un disparo en una esquina, diez disparos de respuesta en laotra. Charlas de vecinas a través del alambrado mientras cuelgan la ropa en la soga: “Che, te enteraste que lo mataron a fulano”. “Sí y que a mengano le reventaron el rancho en la madrugada”. La policía y sus cacerías” (BLAJAQUIS, 2010: ,49).

Según Ludmer esta convivencia constante con el delito visible en los relatos sobre la delincuencia es, en realidad, una constante en nuestras vidas.
Marín, citado por ella, sostiene que el delito no es una “anormalidad” sino que al revés, constituye “lo normal”, lo dominante, esto es lo que recibimos como información diaria en la prensa, en la literatura, y en la comunicación en general, por eso “el discurso de lo normal es la violencia y el discurso de lo ideal es la ausencia del delito” (LUDMER, 1999: 17). Ludmer, no sin titubear, señala la imposibilidad de erradicar el germen de la violencia o el delito en nuestras vidas.

En “Alegato de un Inca ante Dios”, Blajaquis reubica los orígenes de la injusticia del orden social que padece, en la violenta conquista de América. De esta manera, localiza un delito fundante en los cimientos de nuestra historia, hacia una primera “otredad”, en este caso la indígena, subyugada por el conquistador (o el “hombre blanco”) en su afán imperialista.

La denuncia sobre el carácter segregacionista del proyecto de la modernidad elaborada desde el ángulo comunitario, según Benhabib, se localiza principalmente en la crítica hacia el mito del “ser prometeico” que privilegia el dominio sobre la jouissance (Lacan) y el placentero deleite de la alteridad.

El hombre moderno por antonomasia, en su búsqueda narcisista de la dominación de la naturaleza, persigue una lógica instrumental, una voluntad totalizante y homogeneizadora, detrás de la cual deja de apreciar la forma de ser de los “otros” no instrumentales, cuya subjetividad consiste precisamente en su proximidad a la naturaleza y en su negación hacia la instrumentalización (BENHABIB, 2006: 85).

Estos “otros” son los llamados “primitivos”, los pobres, los “excluidos” dentro del engranaje perverso del sistema capitalista y del discurso oficial.

El ladrón puede ser pensado como un “síntoma” que denota la injusticia del orden social que padece al igual que el pobre (allí radica la fuerza de la idea de comunidad dentro de la exclusión en la obra de Blajaquis), sin embargo tiene más impacto que éste ya que irrumpe sobre el principio básico que mantiene todo el engranaje económico: la propiedad (pensemos que los casos de delincuencia abundan en los noticieros y en los diarios, pero no son muchos los testimonios de la pobreza que se recogen y analizan aunque en número lógicamente los superan).

Feuillet en su trabajo sobre el policial negro, recupera la teoría marxista que establece que el derecho de la propiedad privada de una minoría se basa en la privación de la propiedad de las mayorías, lo que nos remite a la ironía brechtiana “es tan delincuente quien funda un banco como quien lo roba” y a la idea de legalidad como mecanismo para mantener el control de las clases dominantes, según el escritor alemán (FEUILLET, 2011: 87-119).

 El ladrón visibiliza la ficción que sostienen los ideales del capitalismo y externaliza la violencia “silenciosa” y diaria que día a día enfrentan los desposeídos.

Como respuesta estética a esta realidad violenta, el autor que nos ocupa desarrolla un estilo “agresivo” en La venganza del cordero atado, entendido en el sentido que le da De Certeau:

“Esta agresión tiene por característica ser una manera de tratar el lenguaje, y no la mera adición de algunos giros, funciones o enunciados de más. Político, erótico o gratuito, el ultraje maltrata la lengua. No funda, golpea (…) Por eso mismo revela la violencia encerrada en un orden. Desencadena el furor. Hace brotar la cólera entre los que habitan en un sistema de producción.” (DE CERTEAU, 2004: 77).

Blajaquis hace uso de giros escatológicos y de metáforas violentas. En “Sensaciones de un Domingo en Cana”, representa la angustia de estar preso, que retorna tras las visitas al penal, como un deseo de “congelar el tiempo tan sólo para degollar con un pedazo de vidrio todas las yugulares de cada uno de los guardias” (Blajaquis, 2010: 50)

En “Anhelo de ¿Libertad?” presenta un reproche a la criminalización temprana de los sujetos empobrecidos mediante la imagen contundente de “bebés esposados”:

“La razón es la costumbre de sentirse encadenado a la muerte, de haber nacido ya con un prontuario y con las esposas puestas. ¿Qué linda imagen no? La de bebés esposados adentro de una incubadora” (BLAJAQUIS, 2010: 111)

Toda su poesía está atravesada por la dicotomía central “libertad-encierro” que se plasma en diferentes niveles de significantes opuestos. La primera de ellas, es la relación dialéctica existente entre “naturaleza- ciudad” en donde la primera conforma una zona erógena maltratada por la violencia del hombre urbano. La naturaleza, antes de ser invadida por la violencia del hombre civilizado, es un resquicio sagrado donde pervive el eros.

En “A la naturaleza”, se percibe así:

Alguien pensó cómo sufren los árboles/ cuando los torturan/ y los mutilan/ sin poder gritar su dolor.// O la tristeza que tiene el mar/ cuando lo bañamos/ de todas las mierdas existentes/ O cómo se ahoga el aire/ cuando lo llenamos de porquerías (….)/ Yo sí pienso en estas cosas/ pienso en lo frío de la soledad del sol/ en la eterna virginidad de la luna/ en la relación amorosa del viento y las hojas/ y en que la lluvia /es el momento / en que el cielo y la tierra/ tienen un orgasmo” (BLAJAQUIS, 2010: 13)

El ámbito natural representa desenfreno y pasión y se convierte en un espacio idílico para el presidiario quien busca poseerla en su pureza irrefrenable. Contrariamente, el encierro es aquello que la inhibe, originando la segunda serie de significantes opuestos “naturaleza-artificio”, lo cual podemos ver en estos versos:

“Mis alrededores son un conglomerado de celdas y de llantos camuflados en la garganta, el paisaje es la herida abierta de vida ya resignada y la sensación de esperanza anestesiada que produce el encierro” (BLAJAQUIS, 2010: 111)

La libertad es también opuesta al hombre burgués que en su rutina diaria, alienado en un sistema capitalista, no se percata de su verdadero significado, como lo expresan varios poemas, entre ellos “Camión de Traslados”:

“Al fin comprendí que la vida es un fenómeno imposible de explicar en términos materiales. Que debajo de la ropa sea de marco o sean trapos, atrás de toda etiqueta, de todo oro, hay siempre un simple cuerpo, un desdichado ser humano esclavizado y sometido a la santa ambición que vende barato este sistema” (BLAJAQUIS, 2010: 97).

En “Breve discurso para los esclavos voluntarios” se refiere a los oficiales, abogados, fiscales, senadores, diputados, ministros, periodistas, jefes, patrones y presidentes como una “masa de acero” con “botones repletos de avaricia y con el más enfermo desprecio calzando sus pies” (BLAJAQUIS, 2010: 62).

Se genera, así, la tercera línea de significantes opuestos, “naturaleza-burguesía”. Por ejemplo, en “Rezándole al rey, fletando en rutas de ricota”, les habla a los lobos como metáfora de la libertad del mundo animal en la que debe reinsertarse el burgués secuestrado por los hechizos de la burguesía:

“¡Lobos!/ Aunque los hayan secuestrado los hechizos de la burguesía/ sus melodías de arcoiris los absuelve, / ni hablar del espejismo, del lujo de ser
viento/ serán mis héroes más sonoros, /la ecuación legendaria: canción reflexión libertad” (BLAJAQUIS, 2010:38)

En “La venganza del cordero atado”, el poeta se representa, una vez más, como un animal indefenso “descolgado por seres que cantan melodías enchufadas a parlantes sin lenguaje penal” (BLAJAQUIS, 2010: 11).

Ludmer advierte el fenómeno que conlleva el delito con respecto a este tema, al plantear que el criminal rompe la monotonía y la seguridad cotidiana de la vida burguesa y, de este modo, “la salva del estancamiento y le presta esa tensión incómoda y esa agilidad sin las cuales el aguijón de la competencia se embotaría” (LUDMER, 1999: 12).

En los cuartetos esta idea del "pobre" como libre frente al "burgués" como "apresado" es propio del discurso del pícaro que aún en su miseria sostiene el verdadero ideal de libertad en el que se funda el nuevo régimen pos Revolución Francesa. Aquellos célebres destructores de la falsa moral burguesa y de un régimen ficticio que no encontraba la justificación de su "animismo". El viejo chiste de que en la disección los doctores no encontraron el alma del burgués.

La última línea de significantes opuestos es la que se centra en la relación “guardia cárcel- preso”.
Blajaquis, relativiza la autoridad de quien le impide la libertad en “Poesía para el penitenciario”:

“¿Qué humano te recibe con alegría cuando volvés a tu casa?,/ ¿serás todo autoridad como sos por estos pagos/ Seguro que saben desnudar tus miserias/ sé que mirás al espejo y ves todo un riachuelo” (BLAJAQUIS, 2010: 103).

Del mismo modo en “Comparendo”, reflexiona sobre la tez morena de un gendarme que identifica también a los que están de “su lado” en la esfera social, pero cumpliendo funciones para garantizar la legitimidad del orden burgués.
 Es tema había sido ya tratado por el cuarteto en el tema "El Federal", la canción de La Mona que emulaba el encuentro entre el Sargento Cruz y el Martín Fierro. Un policìa a punto de matar, sin saberlo, a su hijo ladrón.

Para Foucalt, desaparece en los comienzos del siglo XIX el gran espectáculo de la pena física; se disimula el cuerpo supliciado, se excluye del castigo el aparato “teatral” del sufrimiento, pero “se entra en la era de la sobriedad punitiva”, lo que conlleva un matiz diferente en la condena del criminal que radica principalmente en la pérdida de un bien o de un derecho. Sin embargo un castigo como el trabajo forzado o incluso la prisión –mera privación de la libertad-, tiene por objeto también al cuerpo mismo: el racionamiento alimenticio, la privación sexual, los golpes, la celda que impide el movimiento, etc. (FOUCAULT, 2002: 22-23).

Sin duda, lo que se postula aquí no es una ausencia del orden legal. Por lo contrario, sería interesante que el orden legal dejara de sustentarse en la ilegalidad de sus formas y que, del mismo modo, los criterios de encarcelamiento se basaran en la privación y no en el abuso (volviendo así a ubicarlos en terreno de lo "ilegal"), que la equidad social y penal nos devolviera más músicos, más poetas y menos presos o excluidos. Porque nadie quiere ser Kincón...


Bibliografía:


BENHABIB, Seyla (2006). El ser y el otro en la ética contemporánea: Feminismo, comunitarismo y posmodernismo, Editorial Gedisa, Barcelona.
BLAJAQUIS, Camilo (2010). La venganza del cordero atado. Ediciones Continente, Buenos Aires.
CAPOCARDO, Ana (2011). “Entrevista a Camilo Blajaquis” en Historias Debidas. Disponible en http://www.youtube.com/watch?v=uhIAvuS45Qo. Consultado el 09/09/11.
CASTELNUOVO, Elías (1977). El arte y las masas. Editorial Rescate. Bs. As.
DE CERTEAU, Michael (2004). La cultura en plural. Ed. Nueva Visión. Bs. As.
FEUILLET, Lucía (2011). Dinero y delito: la tradición materialista en la lectura/escritura pigliana del género policial. Alción Editora. Córdoba.
FOUCAULT, Michael (2002). Vigilar y castigar. Ed. Siglo XXI. Bs. As.
GRIGNON, Claude y PASSERON, Jean Claude (1989). Lo culto y lo popular, miserabilismo y populismo en sociología y literatura. Ed. Nueva Visión, Bs. As.
KOROL, Claudia (2009). Criminalización de la pobreza y la protesta social. Editorial El Colectivo. Bs. As.
LUDMER, Josefina (1999) El cuerpo del delito: un manual. Ed. Perfil. Bs As.
MÍGUEZ, Daniel (2008) Delito y cultura: los códigos de la ilegalidad en la juventud marginal urbana. Ed. Biblos. Bs. As.

Canciones:

Abran la reja. JIMENEZ RUFINO JUAN CARLOS-MIRANDA MATIENZO MIGUEL ANTONI
MORALES OSVALDO OSCAR. En Trilogìa Tercer Acto (2007)

 JIMENEZ RUFINO JUAN CARLOS-BRITO OSCAR-QUINTEROS MARIO ARNALDO. La Mona en Vivo 90. (1990).

martes, 10 de diciembre de 2013

¿Extraterrestres o zombies? Contra la criminalización de la protesta social y naturalización de la pobreza por parte del estado neoliberal




Marginales en la noche
La novela Letra Muerta de Cezary Noveck y Guillermo Bawden plantea una Córdoba apocalíptica enfrentada a los zombies con reminiscencias del cine de terror y la historieta, especialmente El Eternauta de Oesterheld. Todo comienza en un futuro distópico de la Argentina -gobernada por Mauricio Macri- a partir de una serie de “turbas” de los vecinos en reclamos que son duramente apremiados por los gendarmes.
En ese contexto de violencia callejera y protesta social,  las primeras noticias de esos hechos están obstaculizadas por el mismo gobierno, según deja ver uno de los pocos medios que trata de registrar lo ocurrido a lo largo del relato:

Cacerolazos. Vecinos de la Capital Federal se concentraron frente a la Casa Rosada para manifestar su descontento por la falta de respuesta del Gobierno Nacional ante los reclamos sobre los niveles inéditos de violencia que se vivieron en las calles de Buenos Aires durante la última semana. La policía disparó balas de goma para disuadir a  los manifestantes, dado el nivel de agresividad presentado. Sin embargo, horas después, un cordón de gendarmería impidió el acceso a los medios en las inmediaciones. Desde hace nueve horas que se desconoce el paradero de nuestros enviados especiales desde… (Bawden, 2012:11, 12)

Los primeros informativos destacan la violencia como hecho aislado[1], pero ya van presagiando el clima enrarecido del fantástico a disposición de los lectores con bastante dejo de ironía hacia el contexto en que se desarrollan los hechos.  
En este caso, el texto de ficción crea un escenario distópico, pero verosímil, donde el “macrismo” -la oposición del kirchnerismo caracterizada por varios estudios como la versión más representativa del neoliberalismo y la derecha más ortodoxa- ha tomado el poder y se dispone a reprimir a las masas enfurecidas en las calles.

Pese a la muerte del vicepresidente Rodríguez Larreta a manos de una turba de peatones fuera de control durante un acto público, este mediodía, el presidente Macri no suspenderá su viaje diplomático a Suiza. (…) Al parecer, esto es mundial, el diario habla de combates en Córdoba, Rosario y Buenos Aires y da instrucciones de cómo proceder con los muertos en cada caso. Nada de entierros. Se queman. No importa cómo murieron. Siempre hay que destrozarles la cabeza. Siempre. (Ibíd. 17)

La primera relación entre el “monstruo” y el subalterno está dada por las propias marcas textuales, la “turba” anarquista de ciudadanos que reclaman  por los niveles de violencia son paradójicamente, violentados por el gobierno.
Inicialmente nadie sabe a qué se deben los aumentos en los crímenes, pero los vecinos excluídos de la agenda oficial salen a pelear a las calles y, según las primeras noticias son reprimidos también por confundirse con los criminales.
De hecho el comunicado oficial señala que estas manifestaciones de orden público deben ser reprimidas ferozmente sin ningún tipo de contemplación, es decir, sin consideración “humanitaria” alguna.  A medida que la novela avanza el marginado social se termina convirtiendo en una tipo aún más descalificado, algo así como un “marginado” de su propia especie, un humano no tratado como tal.
El discurso mediático es el primero en afianzar este estereotipo, cosificando primero a las muchedumbres que reclaman, sin nombrarlas y sin hacer mención a sus reclamos, sólo a la manera en que deberán ser eliminadas en una especie de nuevo holocausto. Las noticias, sin mucha premeditación, asignan a la muchedumbre nuevos rasgos estigmatizantes aunque su propia incoherencia queda al descubierto al admitir que son sólo hipótesis:

El caos se instaló en casi todas las provinicias del territorio nacional. Las ciudades han colapsado. La población de los principales centros urbanos está desbordada. Las rutas, todas atascadas e imposible de transitar. Reportes de Rosario, Córdoba y Mendoza, aseguran que los civiles estaráin saqueando los supermercados en masa. Otras fuentes afirman que se atacan los unos a los otros sin motivo aparente. Crecen los rumores sobre una peste altamente contagiosa de naturaleza desconocida. Expertos afirman que se trataría de histeria masiva o psicosis colectiva. Lo cierto es que no se ha podido tener ninguna información fidedigna que pruebe alguna de estas versiones. Videos enviados a youtube muestran violencia y asesinatos por todas partes. Pero nadie puede explicar  nada (Ibíd. 20)
Acaso sea posible decir que algunas de estas citas aluden al contexto donde surge la novela (2012) atravesado por los conflictos entre el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y las emisoras del Grupo Clarín al cual se le acusa formalmente de ocultar y tergiversar información política a sus oyentes. De todos modos, el debate actual entre las grandes corporaciones mediáticas y su influencia en la opinión pública es una línea más de lectura que sugiere la novela.
Como respuesta prevista estos medios aseguran que la comunidad pide “mano dura” por parte del gobierno, ahora acéfalo, y una figura con un pasado asociado a la causa de la tragedia militar en la fábrica de Río Tercero organiza a los grupos militares para preparar la contraofensiva ante una ofensiva poco clara caracterizada por la desesperación, pero también por el silencio.
Un rasgo más que el subalterno comparte con el elemento fantástico es el silencio: el “monstruo” que no sabe/no puede defenderse a sí mismo, lo que ha dado dentro del género figuras como las de Frankestein, monstruos incomprendidos por la sociedad victoriana en crisis:

En la otra esquina, en cambio, parecía haber más orden, al menos los dos atrulleros cruzados en la calle y la vereda daban esa impresión. Sólo en ese momento me parcaté de que no había una guardia de infantería con sus escudos de fibra de vidio sino que los policías sostenían el avance de la muchedumbre con las mesas de plástico de los bares. Habían aparecido de repente (o al menos hasta que sentí los disparos yo no los noté) llamados por la urgencia, habían tenido que improvisar defensar para contener el tumulto. La muchedumbre delante de ellos era silenciosa; se veía a algunos heridos a juzgar por la sangre en sus rostros y vestimenta. En medio de la incertidumbre, la multitud agolpada a mitad de cuadra se mantenía expectante. Le siguieron unas explosiones aquí y allá. La gente reunida en mitad de la cuadra permanecía en un silencio que fue más atemorizante que cualquier grito o pedido de auxilio (Ibíd. 15).

Los lexemas van preparando el terreno para lo fantástico desde el registro inserto en la realidad hasta lo desconocido: el subalterno primero como “vecino enojado”, después como “turba enrarecida” y finalmente como “germen de violencia, como “infectado”, elemento enfermo de la sociedad que debe ser eliminado sin ninguna compasión. 
Entre las filas de “enfermos” se cuentan representantes de las distintas clases sociales, lo que los caracteriza es su contribución al caos social, pero el planteamiento del conflicto permite relacionar la protesta social con la enfermedad. Es decir, la del zombie como “agitador social” en posición de subalterno en relación al gobierno, al resto de la sociedad que lo excluye como germen del mal, aunque poco se sabe de sus motivaciones iniciales.
Por otro lado, el desigual tratamiento de los sobrevivientes  sugiere la crítica social cuando un grupo de éstos trata de entrar al countrie “Las Delicias” y su acceso le es negado por los militares. Los “pobres” del grupo prometen venganza –y la ejecutan- arrastrando consigo al grupo de los zombies contra el personal que custodia el countrie, esta vez el zombie se ha desplazado a un rol equivalente al del delincuente, el criminal  que es arrastrado por la pobreza hasta infiltrarse en el seno de las clases pudientes.
¿Víctima o victimario? La figura del monstruo como asocial genera gran atractivo en los mass media, muchas veces incluso en un claro proceso identificatorio promovido por ciertas huellas discursivas. Para Zaidman es natural que la clase popular sea representada de manera monstruosa exacerbando su corporalidad frente al discurso letrado que lo retoma como un “injerto” distante a sus códigos. Así el pueblo es frecuentemente representado como el “hedor” latinoamericano al que hace referencia Kusch, como el bárbaro dentro de la corriente civlizatoria que encarna la novelística y ensayística del “salón literario” el siglo XIX.
Para Hannah Arendt, “el monstruo revela ser, sin embargo, la víctima, ella es el exceso, el efecto siniestro de una ley sagrada o laica”. Hannah Arendt ha rechazado el carácter monstruoso del victimario porque ha visto en Adolf Eichmann a un hombre mediocre, para luego “concluir que el genocidio no necesita monstruos sino burócratas porque es en la norma, no en el sujeto, donde se sostiene la maquinaria criminal del Estado (en Zaidman, 1999:22).
En la novela el zombie es tan temible a veces como las acciones desaforadas del gobierno que, ante la incapacidad de clasificar a tiempo a los enfermos “asusta” a los pocos sobrevivientes con una crueldad premeditada, pero igualmente “terrorífica”.  Acaso porque ya estén condenados de antes, es decir, porque pese más la sospecha que la realidad lo que es común para con los marginados sociales. Para Daroqui: “aquellas personas consideradas responsables o culpables de un acto que supone una sanción legal y/o moral carecen de derechos a la hora de tomar contacto con las agencias de control social estatal, es decir, los autores de supuestas acciones delictivas nunca son víctimas en el marco de las consecuencias de esas acciones” (Daroqui, 2009:14).
La organización de las “milicas” urbanas enfrenta a los zombies y al terrorismo de estado tratando de encontrar la verdadera causa de la enfermedad, formando grupos solidarios primero a través del contacto epistolar entre los diversos sobrevivientes que luego se reúnen en el Chateau carreras.
En Villa Edén parecen encontrar la respuesta o, al menos, un eslabón más de la verdad cuendo conocen a Jeni y su gente: una muchacha humilde que asiste a sus vecinos diariamente en un comedor. El asilamiento de este grupo de la violencia de las Ciudades parece ser la panacea de la enfermedad, una especie de escenario utópico caracterizado por su distancia a los males de las sociedades modernas, algo así como el “buen salvaje” de Rousseau que puede redimir al hombre civilizado en tanto se mantenga puro e ingenuo.
Por el contario, el precio a pagar para el que pretende salir de su ensimismamiento parece ser muy alto. Ante el pedido  de respuesta de un civil a un uniformado y su negativa a hacerlo, aquél refelxiona: “la protección, la seguridad, como siempre, tenía un precio. Antes se accedía a ella con dinero, con status. Ahora era la  subordinación” (Op.Cit. 70)
La novela prevé un futuro que a la vez emula un pasado muy marcado en el imaginario de la sociedad argentina, el menemismo caracterizado por la ciminalización de la protesta y a la vez de la pobreza como signo naturalizado:

Es el gobierno político hoy dominante de esta transformación el que impone ideológicamente preferible “excluir” que “incluir”, no ciertamente porque se fie de poder controlar socialmente todos los excedentes a través de la represión penal y carcelaria, sino porque la respuesta dada por la criminalización de la pobreza es simbólica y, por tanto, pedagógicamente coherente con la advertida necesidad de afirmación de las nuevas virtudes neoliberales (Svampa, 2005: 78)

Lo fantástico opera aquí recuperando  las subjetividades que los discursos sociales construyen en torno a las marginalidades en el entorno que el lector califica como “real”.
Pero se  problematizan esos discursos a través del fantástico, es más, utilizando al fantástico como un eslabón más de lo real que permite dimensionarlo a través de la hipérbole, de la metáfora, a través del uso que le da a las  categorias y jerarquias sociales con roles tradicionalmente impuestos y acaso “controlados” por quienes organizan la creencia social.
La figura final del mártir, del cura redentor, nos dice que el problema tal vez no esté en el enfermo sino en quien enferma o en quien vive sin saber que ya está muerto…

Bibliografía: 

Bawden y Koveck. Letra Muerta. Llanto de Mudo. 2012. Córdoba.
Daroqui. Alcira. "Muertes silenciadas: La eliminación de los "delincuentes". Ediciones del CCC. Buenos Aires. 2009. 
Korol, Claudia .Coord.(2009). Criminalización de la pobreza y de la protesta social. Editorial El Colectivo. Buenos Aires.
Zaidman,E. "La interrogación" en Letrados lletrados. Ana María Zubieta Comp. 1999. Buenos Aires. 




[1] Por ejemplo, esta cita parece referirse en el contexto de ficción al periodista de Canal Doce, Enrique Sdrech que conduce un programa sobre casos policiales en canal trece: en el doce, que retransmitía el trece de Capital Federal, el especialista en policiales explicaba el caso de un tal Sosa, detenido ese mismo día, que había matado a su hermano de un mazazo en la cabeza. El periodita insistía en un dato: el hombre afirmaba que su hermano lo quiso atacar después de muerto…podría sonar loco. Pero los enfermeros de la ambulancia privada, que estaban presentes, afirmaban lo mismo (Bawden y Noveck, íbid. 12-13)


¿Cordobeses extraterrestres?
Se acuerdan de Distrito 9. Era una película sudafricana-neozelandesa de ciencia ficción que en 2010 fue dirigida por Neill Blomkamp, y producida por Peter Jackson, el  que filmo la saga del Señor de los Anillos.

El film está ambientado en Johannesburgo en un ucrónico 2010, 28 años después de la llegada de una nave alienígena a la ciudad sudafricana. Más de dos décadas después del primer contacto, los extraterrestres conviven con humanos pero han sido ubicados en un gueto, el Distrito 9.

La película comienza como un documental. De esta forma el espectador conoce el trasfondo de la película: una gigantesca nave alienígena llegó a la Tierra en 1982 y permaneció suspendida sobre la ciudad de Johannesburgo, en Sudáfrica. Pasados varios meses sin que se observaran señales de vida y tras varias deliberaciones los humanos decidieron abrirse paso a través del blindaje de la nave para acceder al interior. Lo que allí se encontraron fue cerca de un millón de alienígenas desorientados y desnutridos. Al principio los extraterrestres recibieron ayuda humanitaria, pero con el tiempo se vieron obligados a vagar por la ciudad revolviendo en la basura y buscando comida. Los extraterrestres comenzaron también a robar y a cometer actos vandálicos en la ciudad para sobrevivir.

La población de Johannesburgo mostraba cada vez más rechazo hacia los alienígenas, y tras las quejas generalizadas se logró que fueran recluidos en un área militarizada llamada Distrito 9, donde los alienígenas vivian hacinados,  prácticamente en guetos. Los propios pobladores de Johannesburgo se manifiestan totalmente xenófobos, discriminatorios y racistas. Algunos llegan a decir” hay que matarlos a todos”,”son vagos”, no laburan”, aparte “no son humanos, que hacen aquí, ”encima los tenemos que alimentar”.
El Distrito 9  era un campo de concentración de extraterrestres. No podían salir sin autorización, sin ser requisados y no podían ingresar a la ciudad. Si salían del Distrito podían ser exterminados de forma inmediata. Subalimentados desnutridos, comienzan a salir del gheto y se dedican a cometer todo acto de desmanes, como comer cubiertas de autos, robar comidas para gatos, ya que de eso se alimentaban.

Los extraterrestres, que recibieron numerosos nombres despectivos ("bichos" en español y "prawns" en inglés), sentían una enorme adicción por la comida de gato, por lo que tuvieron que vérselas con grupos criminales que se la conseguían. Puesto que entre los alienígenas y nativos se producían enfrentamientos constantemente se creó un clima- anti alienígena generalizado que recordaba a los tiempos del apartheid. Los expertos explican que la nave nodriza perdió su módulo de control, por lo que no está operativa, y opinan que los alienígenas eran perseguidos políticos  en su propio planeta y habían huido del mismo como refugiados.

Se decide la reubicación de los os mismos en el Distrito 10 ubicado más lejos aún de la ciudad. La misma está a cargo de una empres privada, ya que el Estado no podía carecía de recursos para hacerlo..
Temas de racismo y la xenofobia son presentadas por la película, en forma de “especismo”, que le aplica a los alienígenas. El "especismo" se manifiesta a través de la palabralangostino para describir a los alienígenas, siendo una referencia para el langostino Parktown, una especie de rey cricket considerado una plaga en Sudáfrica.

El 3 D cordobés

Sin llegar a la  rigidez del sistema de apartheid, no es menos cierto que  algo de ello pude extrapolarse a nuestra Provincia y Ciudad. El hecho de la erradicación de las villas miserias a la periferia de la ciudad, ha convertido a dichos barrios  en verdaderos guetos, donde sus habitantes deben trabajar, y realizar todos sus actividades en el mismo, y no pueden  salir del mismo, so pena de ser controlados, demorados, y hasta detenidos por “merodeo”, figura totalmente inconstitucional del Código de Faltas, instrumento del Estado cordobés  de control social.
Como dice María de los Ángeles Lasa, Licenciada en Relaciones Internacionales de la UCC, en el matutito Hoy Día Córdoba del 9-12-2013, “El gobernador Schiaretti en su momento (años 2007.-2008 culmino el proceso de relocalización de villas de emergencia ubicadas en la zona céntricas y peri-céntricas de la Ciudad de Córdoba y estaba inaugurando con bombos y platillos- no inocentemente- lo que habían decidido llamar Barrios-Ciudades” (…). Estos tenían todo lo  necesario centros de salud, escuelas y dependencias policiales. Pero a poco de andar nos dimos cuenta que los barrios-ciudades tenían un objetivo bien concreto: ocultar a la pobreza visualmente, desvinculara en términos de presencia y, por macabro que suene, ghettificarla. Si, ghettificarla como a los judíos de Alemania o los afroamericanos en Estados Unidos; ghettificarla en términos simbólicos, en un territorio determinado –lejos de la ciudad- a la fuerza y reafirmando la tipificación racionalizadora que todas asumimos acríticamente: que son unos negros villeros, vagos y violentos, repletos de inmoralidad. Pero aquí surgía lo más espantoso: era el Estado –como aparato de clase- el gran productor y modelador de desigualdad y marginalidad futura”.


Ante la anomia del Estado,  en virtud del paro y acuartelamiento ilegal de las fuerzas de seguridad, la ausencia del gobernador y la inoperancia de sus ministros, los habitantes de ese esos guetos que en el caso de nuestra ciudad y provincia   no son extraterrestres sino cordobeses y de pura cepa, el fatídico Martes 3 D salieron a la calle a cometer todo tipo de desmanes, principalmente a robar todo lo que la publicad de una sociedad basada en el consumismo atroz, les niega en la realidad, al condenarlos al trabajo precario, la marginalidad y la vinculación con las traficantes de droga como modo de subsistencia ante la carencia de trabajo y perspectivas.  Al tiempo no es descabellado pensar que la misma policía o un sector de ella, marginado de la corrupción, los utilizó  como forma de presión, chantaje extorsión o lo que sea  al gobierno para que  haga concesiones favorables a sus peticiones de aumento salarial.

Los saqueadores, no son extraterrestres, son cordobeses,  considerados  públicamente como “negros de mierda”, “motochorros”, “vagos, “choripaneros, plandescansar” cuando en rigor de verdad expresan no una clase social,  tampoco un sujeto histórico capaz de desatar un cambio, sino una salida individual a la crisis económica, social y cultural que vivimos, ante la carencia de un proyecto colectivo. Proyecto que sinceramente pensábamos que se  estaba pergeñando a partir del 2003.

 Ya en otras épocas fueron calificados como “orilleros”, chusma” “aluvión zoológico”, “cabecitas negras”, harapientos, “masa informe, de pasiones bestiales”. Los motes del desprecio conllevan con frecuencia, el sobrenombre animal o una connotación equivalente o sea, la reducción a lo instintivo, a lo meramente espontáneo. Esas  fajas de seguridad puestas por los guardianes  del pensamiento hegemónico, fueron asumidas por los plebeyos de este,  nuestro suelo, como signos de identidad. Así, como dijo esa mujer, “..el insulto fue recogido y transformado  en bandera de trabajo, de justicia y de paz….”. 

Chusmas  o descamisados  venían a triturar una totalidad densa,  a ampliar el  campo social, económico y  del pensamiento. A terminar con la  democracia renga  y la década infame, asumieron un papel en la política  construyendo la argentina moderna.
Pero ahora estos cordobeses, de 2013, que algunos en su tecnicismo académico calificaron como “lumpen”-, carecen de ese contenido transformador, de esa intención,  de mutación social. No son un sujeto social revulsivo que viene a cambiar la historia. Hay una violencia subterránea  de esos cordobeses marginados, excluidos, amurados -sin que existan muros de ladrillos-  que se veía incubando desde hace mucho tiempo. Se visibilizo y salto en cualquier dirección,  en forma individual, porque carece de sentido de dirección. Y sobre todo de una teoría de cualquier tipo, reformista y menos aun revolucionaria. Ello también dio pie a la vuelta a discursos que pretenden aplicar políticas represivas, la Tolerancia Cero, el Derecho Penal de Enemigo, a lenguajes que creíamos superados, y desnudo un severo daño en nuestra sociedad, que no es capaz de dialogar y evidencia también el alto grado de irresponsabilidad  e inoperancia de nuestros gobernantes. No se puede tampoco pretender licuar responsabilidades en la abstracta “sociedad”, sino que existen distintos niveles de la misma. La primera la del Jefe de Policía, luego la de la Ministra de Seguridad, la de la Vicegobernadora y la principal la del Gobernador.

Algunos hablan de un coctel explosivo, de narco escándalo, corrupción policial e inflación. Pero los atacados no fueron ninguno de las grandes firmas, empresas o supermercados que son los verdaderos formadores de precios,  sino quienes sufrieron las pérdidas fueron los comerciantes, pequeños y medianos. Lamentamos profundamente  el miedo de los “ciudadanos comunes” como se dice, de los empleados, los estudiantes y los obreros.

Entendemos la desesperación de saberse imponente, los daños materiales a propiedades privadas y públicas y los muertos de esa aciaga noche de anomia.

 Lamentamos y nos da pena, mucha pena, los discursos que aparecieron de carácter xenófobo, racista y clasista, reclamando justicia por mano propia y virtuales linchamientos a estos “extraterrestres cordobeses”: los motochorros, Pero lo que más lamentamos es que muchas otra personas no serán violentadas solamente por un día, o noche, sino que padecen una violencia estructural y de toda una vida. Y es muy difícil que no la sigan sufriendo. Por eso el desafío, -mal que les pese a los que consideran la desigualdad como algo natural-, el desafío  sigue siendo la igualdad. Una igualdad basada en el dialogo y como única forma  de avanzar hacia la construcción de una democracia, real, social y participativa, y una de una sociedad más justa y más digna.

No se pretende con esto dar por terminado el debate. Al contrario es para iniciarlo. Para tratar de entender que paso.


Eduardo Alberto Planas
Mariana Valle: Comentario a "Letra Muerta: novela de zombies en Còrdoba"

Sobre finaditos y finados, sobre las ruinas de la Ciudad de Babilonia, desorden y caos social. Una lectura literaria al dìa que "Còrdoba se prendió fuego". Como ustedes sabrán, la obra literaria es un exponente excelente de las vivencias y
subjetividades sociales que coexisten en su seno aùn antes de ser "materializadas" en hechos concretos.

Por eso el genial Arlt previò el derrocamiento infame de Yrigoyen, con toda su lógica cìnica -los acuerdos entre la xenófoba Liga Patriòtica y algunos disturbios fomentados por ellos mismos-. Por eso el gran Marechal previò el asesinato de Aramburu. Por eso la literatura habla antes que el televisor y con lenguajes no tan claros, pero ciertos.

 Porque descubre el encubrimiento de los discursos políticos, masivos, la lógica exacta y nefasta de los torturadores. Còrdoba es una ciudad profundamente atravesada por la discriminación. Lo dicen los cuartetos (no lo inventan ni lo fomentan, lo muestran). Lo dice la melancolía de esta nueva camada de escritores. Lo demuestra la indiferencia hacia el arte en Còrdoba.

Leo una novela llamada "Letra Muerta", de Guillermo Bawden y Cezary Novek (Llanto de Mudo, editorial, 2012).  Otra vez el tema de los zombies, pero zombies del tercer mundo.
Ambientada en una Còrdoba surcada por el "desborde gubernamental", el caos fomentado por años de indiferencia y bajo el mandato presidencial de Macri.

Así, de repente, un dìa aparece el síntoma (los zombies devorando todo alrededor), pero de un país enfermo de desidia e indifernecia al prójimo por varios años previos.

No es el prejuicio aséptico y aberrante del cliché yanqui, el tema del "zombie" como "extranjero".
No es el zombie como duplicación del terror que se pretende fomentar hacia los países pobres (el tema de la sangre extraña e impura del africano u oriental al que se pretende despojar de sus riquezas legitimando su criminalización constante).

No, son zombies cordobeses. Son pilas de muertos que se devoran nuestra ciudad, la ciudad que arde. Son excluidos que avanzan sobre la población de "niños bian" y otros pobres víctimas ocasionales.

 "He leído lo que le ha pasado y no tengo que decirle a usted que el infierno está en la tierra. Estos son los días previos a la segunda venida del señor. Es nuestra oportunidad de arrepentirnos de nuestros pecados, de levantar una nación sana, vital, libre del crimen, de la suciedad, de la voracidad de los amorales"

-Letra Muerta, cap. 25-

 Es la Ciudad de Babilonia en que Tejeda encontró el pecado y es la misma "Ciudad de Babilonia" (así la llama) del Negro Chetto. Una Córdoba, ciudad de pecadores, un infierno vivo. Pero los pecadores son sus gobernantes.

Los zombies del tercer mundo son los dictadores, los crueles, los tiranos, los que deshollan vivos a los pobres: les roban todo, hasta la dignidad.

 Hoy màs que nunca al verlo a DE LA SOTA me di cuenta que el hombre es un cadáver. "No nos interesa si la amenaza procede del extranjero, de nuestras propias FFAA o del mismísimo Infierno. Cualquier disidente que amenace el bienestar de los argentinos será combatido hasta su aniquilación total. Sin excepción".

Los muertos andan caminando por Còrdoba. En una ciudad de saqueos y desmadres que son producto directo de la inequidad del gobierno provincial. Algunos medios sòlo parecen recordar a los pobres cuando se los quiere criminalizar. El chivo expiatorio de siempre.

Ojalà que un nuevo Eternauta -o Cordonauta- surja de entre las cenizas. Esto se llama : el desastre de la civilización. Son ellos los peligrosos. Son ellos los amorales. Son ellos los extranjeros de este pueblo que es de todos los que lo vivimos y respetamos. Son ellos, los muertos que dicen atrocidades y comentarios racistas por las radios. Los zombies no tienen sangre impura, son amorales, son frìos,  son tiranos, son muertos que aùn reprimen. Sus cabezas huecas son producto de la banalidad del mal (Arendt) que los puso a marchar. Ellos son sòlo artífices de un mal mayor. Títeres de poderosos, de políticos, de cìnicos.
No cierren las puertas hoy, el mal ya està en nosotros. Para sobrevivir hay que erradicar la matriz que lo origino.




domingo, 8 de diciembre de 2013

"Cordobeses eran los de antes": La tradiciòn picaresca y los "remedios de pobres" para aliviar las heridas del alma




Juan Carlos Rodríguez establece una tesis detallada sobre "la literatura del pobre" -o la picaresca a secas- y su surgimiento a partir del quiebre del feudalismo en torno a los avances del capitalismo.

¿Cuándo surgen las literaturas de pobre? En otros post he señalado la emergencia de las "literaturas marginales" desde tiempos inmemoriales, pero,  también así,
la imposibilidad de encontrarse con muchos de estos ejemplos que, de no ser por la mediación de sujetos letrados que los absorben de distintas formas, se pierden bajo el paso del tiempo y en ausencia de los medios más solidos  de fijación como la escritura.


Las leyendas, los grafittis que datan incluso de la civilización antigua grecolatina -impresiones de obreros sobre construcciones de edificios-, las formas de expresiones logo gráficas, letrillas populares, remedios de pobres, cánticos, cielitos, arengas, refraneros y otras tantas formas de literaturas populares no superviven mucho más allá de su expresión y, de hacerlo, suelen ocupar un lugar concreto en la labor etnográfica, antropológica o folclorològa, pero, difícilmente en los restrictivos accesos a La Ciudad Letrada.

De tanto en tanto surgen personajes peculiares de las letras que no buscan status ni fama y que se zambullen por las calles de sus pueblos, sus ciudades, buscando capturar la esencia de esas "vidas de pobres" con ahínco y férrea voluntad.
Ellos prefieren ser "portavoces" antes que autores, son caminantes anónimos de la Ciudad que buscan historias

En este caso, hablaremos de una tríada singular: Azor Grimaut, Arturo Romanzini y Vìctor Retamoza, pero antes un repaso por la galería de pícaros renacentistas:

Llegada la crisis feudal y en coincidencia con la revolución que significó la imprenta, los nuevos mercaderes, dueños de la Ciudad, debían justificar espiritualmente sus riquezas, su poder sólo material. Un chiste muy difundido decía que ante la muerte de un hombre burgués, debieron hacer una autopsia y los médicos se sorprendieron ante la inexistencia del alma en el cuerpo de ese hombre.

Serìa la literatura nada màs y nada menos, la justificación del alma del hombre burgués, la narración abierta a la mirada pública del público, justificando una vida, un régimen de voyeurs de los nuevos poderosos legitimando sus vidas antes avaladas por designio divino.

Antes habían existido, por supuesto, narraciones de nobles y santos, pero raramente destinadas a un público màs selecto que el clero o la nobleza. Las vidas de pobres eran frecuentes en relatos como la Vida de Santa Teresa, que el cordobés Tejeda emulò en su Peregrino en Babilonia.
Eran historias de personajes voluntariamente entregados al ascetismo y a la voluntad divina después de un largo trajinar por la "ciudad terrenal de pecadores" y con el objetivo de lograr el perdón divino postulando la propia vida como un camino de ofrenda y lamento por los errores humanos. La pobreza, entonces, no estaba exenta de valor moral y pedagógico hacia otros fieles, seriamente afectados por las màximas luteranas en pleno período de Contrarreforma.

La literatura del pobre, modelo del Buscòn, el Lazarillo, la Celestina y hasta la gauchesca argentina, surge entonces en el Renacimiento y con estos rasgos:
1. El enunciado y enunciador dependen de la concepción de la pobreza ligada a la cuestión de la libertad individual, 2. Existe una forma de diálogo con un receptor a quien se le asigna el valor, nada màs y nada menos, de justificador de una vida, 3. El relato legitimarà la naturaleza humana, el animismo burgués, en vez de Dios. 4. La literatura sería la verdad de una ficción  última: la libertad de un sujeto absolutamente dependiente de una estructura económica que los segrega -lo que Marx definió brillantemente en El Capital- 5. La pobreza sería un elemento interesante para el burgués que también se consideraba íntimamente "pobre" de valor espiritual y el "pícaro", el sujeto excluido y no oprimido -el proletario, el siervo- sería el elemento vital de la concepción liberal tanto moral como económica 6. La libertad absoluta en que se funda el relato también dejarà lugar para la crìtica al propio sistema capital en que se funda : si querèis ser rico también habréis de robar, decía "El Buscòn" de Quevedo, 7. el "yo pobre" será el enmascaramiento de una búsqueda "espiritual" que es constituyente de la determinación histórica-social en que se encuentra (Rodríguez, 1985: 23 a 29)

Hablemos de "vida de pobres" en Córdoba . Azor Grimaut es uno de los escritores que màs ha aportadado a la cuestión de la "mitología popular" en Còrdoba, recreando a través de plaquetas y crònicas populares -muchas de ellas recopiladas por La Voz del Interior-.
Es un gran divugador de recetas, remedios e historias de pobres con un tono càndido y pintoresquista, muy imbuido por la cuestión del paisaje popular como estampa melancólica de una infancia plena y un "yo lìrico" enfrentado a los sin sabores del mundo adulto y "responsable.
"Comidas cordobesas eran las de antes" dice y añora las "panzadas" anteriores con las ollas de pobres, las ancuas, la chàncua (maíz para la mazamorra) y las velitas de sus vecinas piediendo por las "almitas" buenas del purgatorio, que por penas leves no han podido pasar al cielo.

Son los yerbateros que curan mal de amores, que ni la "ruda macho" puede sacar. Aceites de cocina pa' el reuma, romero pa`el aire (el asma). Son los "zanjones" brotados de flores, callecitas barrosas,  carnazas baratas que llenan de colorido el lugar con los cantos de los vendedores ambulantes que convien con las ànimas de otros infortunados como La Pelada de La Cañada o La Ramonita (degollada por celos).  Un mundo casi irreal de personajes variopintos que no por pobres dejan de ser un elemento vital del paisaje (sì, parecen también los vivos ànimas aferradas al paisaje en donde danzan santescamente pidiedo pa'l puchero), algo que fascina a ese chicuelo en el seno de una familia "poquito nomàs mejor"  de plata.
Estaba en pleno desarrollo el primer gobierno de Peròn. Las clases medias y populares, en los mismos barrios, intercambiaban sus experiencias. Las de Grimaut no son narrativas de las villas como "ghetos". Sobre las calles de San Vicente y Guemes -vivìan trabajadores de ferrocarril, obreros, curanderas, vendedores ambulantes, caballos y autos con natural coexistencia. En el patio de la tierra se jugaba con pelotas de trapo, se aprendìa a escribir "debajo de los talas" y con hormiguitas trepando a los talones.
No era un mundo ascèptico ni la pobreza se calificaba como "hedienta", al menos no para Grimaut y sobre los zanjones pestilentes de sangre, de tripas gordas, se llenaban los perros flacos y, de vez en cuando, reverdecía una flor.
Tal vez en esa libertad, en ese "animismo" del pobre, en ese patio ancho de un barrio sin fronteras, después de todo estaba el goce de un niño con alma de matrero y experto en yuyos, un escritor de "vida de pobres", con alegría y fulgor.

Es el anecdotario de Arturo Romanzini, historias con sonrisas, es cierto se sublima el dolor de la pobreza en esos cuentos o misceláneas. Los pobres andan sobreviviendo con artilugios a medio camino entre legalidad e ilegalidad: el "Queso Podrido" pide ir a la cárcel para que lo alimenten bien, la "Vieja Cachilera" vendìa santos de "San Roque" por otros de "San Cayetano" y ante la ausencia del "perro" que hizo "avivar" al comprador reclamaba a la municipalidad y a la perrera "que se habài robado el perro de San Roque en la estampita".
Y entre tanta confusión Jardín Florido se estampaba como un "lord" para lisonjear a las mujeres que pasaban por ahí mientras que, su contracara, la "chacha" o "la hortensia" mostraba sus partes pudendas y gritaba como un barítono furioso si la gente osaba no dejarle moneda.
Vida de pobres, historias de presos. Los policías como Retamoza, sumariante -el "Fray Mocho" cordobés- regaba sus cuadernos de notas con esos diálogos desopilantes de algunos querellantes y sus lenguas "bàrbaras" a medio camino entre el cocoliche, el español, el "cordoooobes", la influencia de una zona rural emergiendo como citadina.

Especialistas en el arte del "rebusque", no sólo se las arreglaban para comer  sino también para darnos "cátedra" de sabidurías populares, para encandilarlos "anamnèticamente"  a un mundo de carencia y plenitud (Adorno), para refregarnos la ausencia e irrealidad de la burguesìa como método de vida y ... de vez en cuando, hasta para robarnos una sonrisa.


Ver:

Adorno, citado por Vidal. Vidal, Hernán. (1998) Crìtica literaria como defensa de los derechos humanos. Serie Human Rigths. Chile.
Rodríguez, Juan Carlos. (1994). La literatura del pobre. Barcelona.
Grimaut, Azor (2009) Ancua, Poemas de Còrdoba. Alción Editora. Còrdoba.
Retamoza, Vìctor (1999). Historia de Policìas y Delincuentes (1900 a 1910). Edición del Autor, Còrdoba.
Romanzini, Arturo (1978). Còrdoba y su anecdotario. Còrdoba. Ediciones del Cabildo.

jueves, 28 de noviembre de 2013

El Delito de Editar (in memoriam del genial Burnichón y su eterna Saleme)




PARA TÍ, ALBERTO, MI RECUERDO SIEMPRE...



"El 24 de Marzo de 1976 a las 12:30 am, nuestra casa de Villa Rivera Indarte en Córdoba, fue allanada por varios hombres en uniforme cargando rifles. Se identificaron como pertenecientes al Ejército, y estaban acompañados por varios chicos en ropa casual. Apuntaban sus armas hacia nosotros, mientras robaban libros, objetos de arte, botellas de vino, etc., y los llevaban hacia afuera. Entre ellos no se hablaban, sólo se comunicaban con tronidos (chasqueo) de dedos. Por mas de dos horas, nuestra casa fue saqueada; antes de que esto sucediera, se había provocado un apagón en todas las calles vecinas. Mi esposo, un oficial de la Union de Intercambio, mi hijo, David, y yo, fuimos secuestrados. A mi me liberaron al día siguiente. A mi hijo lo dejaron libre un tiempo después que estuvo detenido en el campo La Ribera. Nuestra casa fue completamente destruída. El cuerpo de mi esposo fue encontrado después con siete heridas de bala en la garganta." (Audio: María Saleme)

(*) Alberto Burnichón. Editor y escritor asesinado en Córdoba por la Última Dictadura Militar.