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lunes, 27 de agosto de 2012

Abriendo el campo: Apuestas y estrategias discursivas en la literatura cordobesa sobre la marginalidad


XVII Jornadas de Literatura (creación y conocimiento) desde la cultura popular

Abriendo el campo: Apuestas y estrategias discursivas en la literatura cordobesa sobre la marginalidad[1]

Maqueta, miniatura de clásico cordobés "Talleres-Belgrano" 


Abriendo el campo…
En sus estudios sobre los fenómenos sociales, Bourdieu aplica un modelo de análisis en el que la sociedad es observada como un conjunto de campos relacionados entre sí y a, la vez, relativamente autónomos. De acuerdo a esta interpretación cada campo se constituye como un espacio de conflicto entre actores enfrentados por los bienes que ofrece ese campo. Las posiciones de los actores se determina por el nivel de capital en juego que hayan adquirido. Los diferentes tipos de capital son: el capital económico, que se encuentra constituido por los recursos monetarios y financieros; el capital social, conformado por los recursos que pueden ser movilizados por los actores en función de la pertenencia a redes sociales y organizaciones; el capital cultural, definido por las disposiciones y hábitos adquiridos en el proceso de socialización y el capital simbólico, formado por las categorías de percepción y juicio que permiten definir y legitimar valores y estilos culturales, morales, artísticos.
Veremos ahora de qué manera la literatura, mediante los textos seleccionados referidos a la marginalidad, puede analizarse desde la noción de “campo” de Bourdieu.


Primer tiempo…
Si pensamos que el fútbol es un campo, según la noción del sociólogo francés, podríamos observar de qué manera está constituido, pensando en los diferentes tipos de capital que entran en juego, con lo cual observaremos que la construcción textual de la desigualdad no queda sólo determinada por el nivel económico sino además por los diferentes factores que  intervienen al correr la pelota.
Vamos a tomar dos obras que se refieren a la problemática de la marginalidad en relación a este deporte: El Zonda de Adolfo Maretto y Devuelvan la pelota de Ángel Sebastián Ramia.
En “El Zonda”, podemos pensar que en la semiósfera social, la posición social del club --su nivel de capital social- se encuentra devaluado por su nivel de capital económico ya que se encuadra en un barrio Alberdi periférico de la Ciudad de Córdoba, carente de servicios fundamentales tales como el agua potable. De la “Av. Colón” para arriba, las cosas cambian y se transforman en lo que los actores –futbolistas- del club llaman “El Alto”, denotando el prestigio que estos habitantes tienen por su mejor capacidad adquisitiva. Como cualquier deporte, las buenas condiciones ambientales son clave para el éxito de los equipos que entrenan, sin embargo no son las únicas circunstancias que definen los resultados en la cancha.
Al interior de El Zonda, también se reproducen las diferencias. En nuestro país, por efectos de la descalificación hacia los migrantes nativos y los afrodescendientes, la tez morena es devaluada en tipos de capital social. El “negro Tuco”, sin embargo, posee destreza “futbolera”, con lo cual compensa su disminuido capital socioeconómico y simbólico, gambeteando en el potrero del barrio y adquiriendo formas de capital social, validados al interior del campo.
Los gringuitos Weber, tienen por su condición racial, mayor nivel de capital social al nivel de la semiósfera social superior “Córdoba-Argentina”, pero no en “El Bajo” de Alberdi donde la descalificación hacia las apariencias ha subvertido su orden hacia los gringos, por lo cual deben ganarse la confianza del Negro Tuco para ingresar al equipo.
Si bien éste último es marginal con respecto a la escala superior geográfica en la que se encuentra, tiene el liderazgo dentro de los códigos barriales por su impronta en el manejo de la pelota, como ya dijimos, lo que le confiere mayor capital simbólico en el lugar donde nace El Zonda para imponer sus códigos de validación social.
Lo que sucede es que el carácter sistemático de la estructura del campo se expresa en que los bienes que se ponen en juego en él no existen sino por la existencia del campo, no hay, por ejemplo, tal cosa como el prestigio o el estatus fuera de una determinada organización social, de un campo en cuestión en el análisis de Bourdieu.
Veamos qué ocurre con los cuentos de Ángel Sebastián Ramia en su libro Devuelvan La Pelota. Muchas de las historias renuevan el mito maradoniano, ¿cómo analizamos este fenómeno a la luz de la teoría de Bourdieu?
Uno de los efectos de las luchas en el interior del campo es la definición de la legitimidad con respecto a las reglas empleadas; los beneficios que el campo otorga se expresan fundamentalmente en forma de capital simbólico, es decir, del reconocimiento por parte de todos los participantes de que los dominantes poseen los bienes que determinan el dominio en el campo.
Así, Maradona adquiere gran capital simbólico y luego distinción social en el campo del fútbol por su destreza deportiva, lo que le permite acceder a mayores niveles de capital económico que posibilitarán mayores niveles de capital simbólico y social, a su vez. Por eso, en los clubes pequeños de barrio, sobre todo, el mito viviente Maradoniano se renueva en la ilusión de cada chico pobre –marginal económicamente- que desea jugar al fútbol.
Pero aunque todas las relaciones sociales se ejerzan en el interior de un campo —como por ejemplo el campo educativo o el campo artístico — un campo no se identifica sin más con la red de relaciones en que los individuos participan, sino que se define estructural y formalmente por las relaciones objetivas entre las propiedades y las trayectorias de los mismos.  De la manera que quienes tienen mayor tiempo en el equipo, también han sido dotados de mayor capital simbólico y social para juzgar a “los nuevos”.
En “Tan sólo un cuento de fútbol”, un muchachito humilde es invitado a jugar, por ausencia de jugadores, pero no posee capital social ni simbólico, al principio,  para el resto del equipo, de mayor trayectoria, que lo mira de reojo por ser “flaquito, chueco, morocho y petisito”, sin embargo mete un gol al equipo contrario y afirma su identidad en el partido.  Ramia, anota el poema de Ángel Cappa:
El fútbol le permitía/ y le sigue permitiendo/a un tipo de barrio/tener algo que a los pobres/ les arrebatan desde la cuna: el orgullo/Es decir, yo a partir/de una pelota de fútbol/soy alguien, /en el sentido profundo. /Me gano Así el respeto mío/y el de la gente” (Ramia, 2011:19).
Al final este jovencito dirá al narrador nombrarse  Diego y ser llamado “pelusa” con clara alusión al crack de Argentina.
Algo similar sucede en el cuento “El año del mundial” donde Sebastián Ramia hace mención a los manejos políticos del fútbol que se confabulan para favorecer a los equipos de los países más poderosos en capital económico en la semiósfera de nivel internacional: “el movimiento del fútbol mueve anualmente 250.000 millones de dólares. La mayor empresa del mundo es General Motors, que factura 170.000 millones  de dólares…” (Ramia, 2011: 54), palabras que pronuncia el presidente de la FIFA, allá por los años 94, donde el poderío económico de los países del primer mundo –según Ramia- hace sus tejemanejes al interior de la cancha e inventa el doping positivo de Maradona en este año, así como interviene en el “misterioso” accidente automovilístico de Pelé en 2007; lo que no impide que Brasil gane en 2006 y que en un futuro 2014 (imaginado por el autor) Cuba venza a Estados Unidos en la final: Lo que demuestra que el mito maradoniano sigue presente en la capacidad de que el campo “futbolero”, a nivel internacional, sea independiente a los bajos recursos de capital económico.


Entretiempo…
Cabe, entonces, preguntarse: ¿cómo el fútbol en la construcción literaria de la desigualdad económica, logra revertir las condiciones negativas de acceso a capital en la semiósfera superior en que se mueven?
Como herramienta conceptual para juzgar el panorama, podemos recuperar la noción de “estrategias de reproducción social” (también propuestas por Bourdieu) que no están completamente determinadas por factores estructurales, pero tampoco son el mero resultado de una libre elección individual, sino que conjugan ambas cosas: 1) las condiciones estructurales objetivas que operan como límite y 2) las condiciones estructurales subjetivas que operan como márgenes de posibilidad (V. Pavcovich, 2011: 24-28). Este concepto no acerca hacia la comprensión de los sectores pobres no desde lo que les falta, sino desde lo que poseen, una gama de recursos económicos, culturales y simbólicos, que les permite (pese a sus carencias) desarrollar diferentes posibilidades de inversión y reconversión, según los momentos históricos en que realizan sus apuestas.
Pero abramos de vuelta la cancha y veamos cómo estas apuestas y estrategias se desplazan en la representación literaria de la marginalidad en el cuarteto.


Segundo tiempo…
Principalmente nos centraremos en la representación de La Mona como personaje marginal que se construye en una “leyenda” a partir de su origen humilde y ascensión, al igual que el “mito maradoniano”.
En “El Marginal” el yo lírico en primera persona, identificable con la figura del cantante para su público, se constituye como el héroe de las clases populares que es “marginado” por formar parte de la clase popular, en un momento  (1995) en que los procesos de pauperización del menemismo habían tenido tales efectos, sobre todo para la clase obrera[2].
Su construcción mítica se refuerza además por el nombre de uno de sus cds. “Una leyenda en pie”. Al interior del campo, La Mona (y todo su aparato comercial) utilizan la figura del marginal para ascender espacialmente en el campo musical a través de los efectos de un capital simbólico que les permite a sus adeptos, muchos de ellos socialmente humildes como señala Hepp, identificarse con sus letras y asistir a sus bailes y/o comprar sus cds.
Cuando el “yo lírico” se configura como un ladrón, reaparece la construcción mítica del pobre oprimido por el poder corrupto que es una tradición fuertemente arraigada en la clase popular y que en literatura tiene una larga tradición desde el Martín Fierro, Juan Moreira y otros[3].
El pobre, de esta manera (así sea además o no un delincuente) representa mediante la figura del “ladrón noble” (el pobre que roba al rico) la injusticia que recae sobre su persona a raíz de la indiferencia del Estado y la desigualdad en la distribución económica de los recursos del país.
De la manera que La Mona y el aparato comercial que lo acompaña utilizan la figura del marginal estratégicamente para adquirir capital simbólico y social y materializarlo en efectos de capital económico, hacia el interior del campo musical; pero además para legitimar la construcción de su leyenda en la semiósfera social que constituye gran parte de su público consumidor. Con lo cual, la construcción del marginal constituye una estrategia discursiva en el campo de la música popular: Llamamos así a las operaciones discursivas tendientes a buscar la aprobación de lo dicho en los espacios legitimantes (público consumidor, pares, sectores influenciables de la política, academia, etc.) y a producir en la sociedad donde inscribe el discurso el impacto deseado. Recordemos que:

“las estrategias son procedimientos locucionarios o paraverbales -espontáneos o calculados- mediante los cuales el enunciador organiza y modaliza la enunciación y los enunciados, con el objetivo de generar o potenciar la fuerza ilocucionaria, tendiendo a producir determinado efecto perlocucionario” (Verdugo, 1994: 130).


Tiempo suplementario…
Pero veamos ahora qué ocurre ahora en el campo literario cordobés cuando se habla de marginalidad.  Podemos decir que es el cuarteto una “literatura marginal” con respecto al canon literario.  Hay quienes incluso dudan de la condición de “literatura” del cuarteto. Este género, al igual que la cumbia por ejemplo, se caracteriza  por la simplicidad de sus letras y porque es un objeto de consumo actual para las clases más humildes (aunque no sólo  para ellas) de nuestra sociedad.
¿Excluye esta “simplicidad” o falta de “adorno simbólico” de las canciones de resto de producciones discursivas que conforman la literatura cordobesa? Creemos que no, pues adoptar esta posición sería –según Grignon y Passeron- caer en una postura miserabilista y a la vez legitimista hacia la cultura popular: Por un lado analizar  estos textos desde el eje de comparación de relatos más elaborados que no son consumidos por este “público popular” (de clase social humilde y u originariamente obrera, que según Hepp, constituye desde los 90 la mayor parte de su público) y, en segundo lugar, analizar esta producción desde lo “que le falta” y no positivamente, a partir de lo que posee.
Sin embargo, creemos, a manera de hipótesis que esta “marginalidad” del cuarteto con respecto al “canon literario”  del campo de la literatura cordobesa y argentina es también una estrategia  del género para subsistir en el mercado y continuar siendo objeto de consumo de las clases populares que, al fin y al cabo, podrán estar seguras de que sus sentidos más profundos no serán tergiversados y podrán seguirle ofreciendo un objeto de resistencia simbólica frente al poder hegemónico. ¿Querrían estas literaturas  como la cumbia y el cuarteto, dejar de ser “marginales”, lo que, por ejemplo, ocurrió con el tango? Desde la óptica económica del campo de la música popular, consideramos que no. Aunque, por supuesto, como toda hipótesis aún está abierta a la discusión.
Como podemos ver, la literatura cordobesa hace uso de la figura del marginal con diferentes estrategias que pueden ser analizadas tanto al interior de los textos como encuadrándolos en el campo superior de la literatura cordobesa. ¿Y qué es la literatura cordobesa? Creemos que es lo que forma parte de un sistema literario que excede lo simplemente “estudiado” canonizado e incluido en los apuntes de las cátedras académicas, aunque este ensayo, paradójicamente, contribuye a suplir esa falta, con respecto al cuarteto, pero todavía queda mucho por dirimir y analizar al interior del campo y el final queda abierto…


Bibliografía:
 ALABARCES, Pablo. Fútbol y Patria. Prometeo Libros. 2007. Bs. As. Disponible en:http://www.nacio.unlp.edu.ar/claudio/af/futbol_y_patria.pdf
GRIGNON, Claude y PASSERON, Jean Claude (1989): Lo culto y lo popular, miserabilismo y populismo en sociología y literatura. Ed. Nueva Visión, Bs. As.
HEPP, Osvaldo T (1981): La soledad de los cuartetos. Editorial Letra. Córdoba.
JIMÉNEZ, Carlos (*) Selección de temas.
MARETTO, Adolfo (2006). El Zonda. Una historia de barrio ¡a la cordobesa! Ediciones del Boulevard. Córdoba
LOTMAN, M. Luri. (2000). La semiósfera: semiótica de las artes y de la cultura. Desiderio Navarro Editorial.
PAVCOVICH, Paula.  (2011). El barrio, lo social hecho espacio, Villa María, Eduvim. Cba.
RAMIA, Ángel Sebastián (2011). Devuelvan la pelota. La tía Producciones Editorial. Córdoba.
SÁNCHEZ DROMUNDO, R. A. (2007). La teoría de los campos de Bourdieu, como esquema teórico de análisis del proceso de graduación en posgrado. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 9 (1).Consultado el 20/08/12.
VERDUGO, Íber H. (1994) Las estrategias de discurso. Universidad Nacional de Córdoba.

CITAR ESTE ARTÍCULO.

VALLE, Mariana (2012) "Abriendo el campo: Apuestas y estrategias discursivas en la literatura cordobesa sobre la marginalidad". Texto presentado como ponencia para las XVII Jornadas de Literatura (creación y conocimiento) desde la cultura popular. Disponible en el sitio web www.ladoctaliteraria.blogspot.com, consultado el...(agregar fecha de la consulta).




[1] Mariana Celeste Valle. CIFFyH, UNC-Conicet. DNI 31868212

[2] “Si, mi viejo era muy pobre/ y no tenía pa´ darme de comer, /Dejé segundo grado /y tuve que salir a trabajar /Sí, a veces yo hago changas/ Y otras soy peón de albañil, /Pues no me dan trabajo/ si no soy perito mercantil /La sociedad dice que soy un marginado más, /la misma que me usa, para poder escalar /…”
[3] “Tanto tiempo sin trabajo, y con hambre mi familia/Algo tenía que encontrar, cuando acabe el/día Mi familia comerá puchero de/gallina La misma que yo robé, en la otra
esquina. / No, precisamente a comer, llego la policía/Me llevaron detenido, unos cuantos días Y/después de un largo sermón, la/ condena viene Me asentaron cinco años, por/ ser mala gente./Cárcel a un valiente, que la vida fue a/enfrentar. Cárcel a un valiente, por hambre/ha tenido que robar No digan que somos iguales/Cuando un delito hay que pagar Los chorros de/guantes blancos /Salen por la puerta de atrás.”

miércoles, 8 de agosto de 2012

Fútbol y Nación





Entrevista a Adolfo Maretto, autor de “El Zonda”


Mariana: Yo hago una homología entre “nación” y “fútbol” en el Zonda. Pienso que El zonda reformula los paradigmas sarmientos de “Civilización y Barbarie”, por ejemplo, porque los que comienzan el equipo son los de “abajo” que deciden o no aceptar a “los de arriba”. Por ejemplo, el Negro Tuco decide si los gringuitos Weber pueden jugar o no…

Adolfo: Los gringos Weber llegan a un barrio que hoy no es lo que era (se refiere a Alto Alberdi). Estamos hablando de los años sesenta y pico, eran casi barrancas las que lo conformaban y  llegaron los gringos Weber de ojos claros, rubios, de apellido alemán,  a un barrio de criollos entonces te podés imaginar como llamaron la atención y tuvieron que ganarse el espacio. Después fueron el centro de atracción. Pero todo el desafío pasaba por la pelota…

Mariana: Me recuerda al MF[1], la desconfianza del Negro Tuco ante ellos, “esos gringos no saben trabajar”, dice el gaucho y el Negro Tuco piensa que no saben jugar al fútbol, hay toda una reelaboración del paradigma de Sarmiento…

Adolfo: Es que en realidad siempre hablamos de marginación o se margina a los blancos o se margina a los negros. Ellos afirman que son “los del bajo” y después se juntaron con “los del alto”, que vivían de la Av. Colón para arriba, fronteras espaciales que socialmente marcan las diferencias y toda la unión se hace a través del fútbol.

Mariana: En cierta manera se renovaba la tensión entre los nativos, “los de abajo” y los “nuevos” o los “recién llegados” –los extranjeros- que podemos ver en el MF. Los del “bajo” fundaron la Nación –así como podemos pensarlo de Argentina- pero no son la minoría poderosa la que decide quien ingresa sino esos mismos del “bajo”. El fútbol supera las diferencias sociales, ¿tiene una misión salvadora el fútbol?

Adolfo: Yo creo que para ellos sí, no sé si salvadora, pero rescatadora. A mí me emociona cuando les pregunto a ellos que ya fundan canas.  Popín me dice “para mí El Zonda significa todo”. El zonda es algo virtual, pero que los mantuvo unidos toda la vida. Para Raulín “El Zonda es y ha sido una cooperativa de sentimiento”, es decir, son los personajes vivos y el espíritu del barrio

Mariana: Pero a veces el fútbol también reproduce la discriminación…

Adolfo: Ellos decían “Para entrar al Zonda había códigos muy fuertes”, pero El Zonda fue creciendo por diversas células. Estaban los Gringuitos Weber que se unen con el Negro Tuco, los primos del negro Tuco y empiezan a jugar contra los del “alto”, que eran muchos, y veían que los del alto venían a jugar al “bajo”, no iban los del bajo a jugar en lo del “alto”, los ingresaron “¿no quieren venir a jugar con nosotros?”. Y ahí ya le hicieron frente a los otros barrios… entonces había mucha selección, yo no sé si marginalización sino selección, en este caso. No cualquiera pertenece “al Zonda” son códigos que manejan y han manejado toda la vida. Y así se suma Petaco, siendo el arquero del equipo contrario cuando hay una pelea campal con el equipo contrario donde Petaco se pone a favor de ellos y ese es un código para sumarlo al equipo. Jugar en El Zonda era ser una persona confiable, pertenecer al grupo. No se podía jugar en El Zonda y no pertenecer.

Mariana: Eso refuerza mi idea de nación porque habitar o pertenecer al Suelo Argentino-Zonda implica tener un sentido de pertenencia, no sólo estar. Lo dice la constitución no es transcurrir o simplemente trabajar, para un extranjero, sino habitar y apropiarse de un sentimiento de argentinidad[2].
Hay un episodio donde se dice que El Nito Agüero, habitaba una zona de “malvivir” pero se lo acepta por su destreza en el arco, ¿se puede establecer un paralelismo con quienes habitan estas zonas y brindan protección al Estado como policías?

Adolfo: Yo no lo veo así, creo que la gran protectora del grupo era La Gorda Dolly y después se van formando caudillos: Los Weber, pero el Pato Weber, el Negro Tuco. Al Nito Agüero lo suman porque hacía era un reparto por ahí y era muy gracioso y tenía mucha destreza física, pero no servía mucho para él fútbol. Sin embargo, tiró la bicicleta y se metió al arco, a jugar.
Yo creo que la Gorda Dolly era la protección…

Mariana: ¿Y la Gorda Dolly que condición social tenía?

Adolfo:Eran clase media, obreros, socialmente humildes. Siempre preparaba mucha comida y tenía alguien más para comer y a dormir también. Nunca se supo cuántos vivían ahí porque vivían los hijos de ella, la Hilda que era una criada, el Negro Tuco, Petaco. Era la casa de todos.

Mariana: Alguna vez pensaste, o podés pensar ahora, que la Gorda Dolly era una “madre patria” para todos ellos…

Adolfo: Sí, yo creo que sí. Fue madre, esas madres malas que eran rectas y los querían muchos, los contenían muchos. Si a alguno lo dejaba la novia ella lo abrazaba. Si a otro lo echaban de la casa ella los recibía en la suya. Aunque después les pegaba unos retos… Ha sido la madre que muchos no tuvieron.

Mariana: Vos vas haciendo una homología con lo que sucede hasta aquí y la historia es bastante nefasta desde los 60 hasta ahora, con la dictadura de Onganía, la del 76, el “Cordobazo”, el menemismo... La Gorda Dolly parece una reivindicación de mito de Evita…

Adolfo: Sí, bueno la Gorda Dolly era peronista. Tenía esa cosa “peronacha”, era boca sucia, mandona, líder, recta y protectora, solidaria a muerte. Era capaz de dar la vida por los chicos. Si tenía que irse a las manos para proteger a alguno lo hacía.

Mariana: Y al final del libro se convierte en escritora…

Adolfo: Sí, lo encontramos muy prolijito en un cuaderno. Había que verla con el pucho en la boca amasando los tallarines y hay algo que me pasó muy lindo que es contar cómo en un barrio popular se toma la vida y la muerte. A la Gorda Dolly la velaron en su propia casa y los muchachos de El Zonda, al lado del cajón, riéndose a carcajadas porque contaban las historias y cómo la hacían renegar, con los hijos ahí…

Mariana: Vos hablás mucho del humor del cordobés, como una característica que lo define y para Bajtín ésta es una herramienta que tiene el pueblo para resistir, especialmente el pobre…

(…) En ese entorno social es una forma de sobrevivir: el fútbol y el humor…

Referencia teórica:

Bajtin, Mijaíl. La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento: el contexto de Francois Rabelais. Alianza Universidad. Madrid. 1989.
Alabarces, Pablo. Fútbol y Patria. Prometeo Libros. 2007. Bs. As. Disponible en: http://www.nacio.unlp.edu.ar/claudio/af/futbol_y_patria.pdf

Cómo citar este blog.
Valle, Mariana. "Fútbol y Nación: Entrevista a Adolfo Maretto, autor de El Zonda" en La docta Literaria, blog, disponible en http://ladoctaliteraria.blogspot.com.ar/2012/08/futbol-y-nacion.html , Córdoba, 2012.


http://ladoctaliteraria.blogspot.com.ar/2012/08/futbol-y-nacion.html

[1] Quiere decir Martín Fierro
[2] Ver Constitución Argentina

martes, 31 de julio de 2012

Villas, pobreza...Recuerdos

No dista mucho la novela  Chozas de Pablo Giordano de Un Guacho apellidado Paz, de José Luis Bigi o El Zonda de Adolfo Maretto. Las tres se internan en el escenario de la pobreza para narrar el trancurrir de los años de un personaje marginal que, en el caso de Maretto y de Giordano, concuerdan narrador y autor en una plena ilusión de realismo narrativo.
"Para mí fue salir del closet, contarme, decirle a todos que no fui el que veían, que no soy el que vieron, que la realidad no lo es, que la información es lo único que existe, si nos ponemos científicos.", dice Giordano.
Maretto y Giordano apelan por momentos a cuadros costumbristas de la villa. Tal vez el primero, con cierta calidez e inocencia juvenil que no deja ver la violencia de las villas o de los entornos de gran pobreza, tal vez el segundo hábilmente condensa violencia, realismo e incocencia en sus recuerdos de las "chozas", según él "Un barrio de clase media, media-baja que comienza a poblarse y construir sus tapias a mediados de los ochenta en un pueblo del interior provincial mediterráneo".
Maretto, en varios pasajes, me recuerda al genial Azor Grimaut, quien con un humor narra , pintoresquistamente,la vida de personajes marginales en una galería singular, ya sea en Ancua o Cordobeseando. 
Para Bibiana Eguía, "La referencia textual espacio remite (durante esta década menemista) a la del propio autor. Esto, en Córdoba no se muestra como un procedimiento ganado. Córdoba, como ciudad, es un espacio con nombre negado (...) Por ejemplo Una luz muy lejana de Daniel Moyano (republicada a fines de los 80)... remite a la los barrios de la periferia cordobesa, pero no la nombra..." (Eguía, 2011: 56)
Giordano, narra su futuro pasaje a la vida de adulto-escritor. ¿Qué es escribir? Para el narrador-autor adolescente de su novela "Escribir es no saber vivir, masticar la vida como un perro a un trapo, hacernos un agujero para olernos por dentro (...). "Olerse por dentro" en un "laberinto de espejos rotos" es narrarse íntimamente, en el absurdo del contexto menemista (empezó a escribir esta novela en el 94) .
La violencia del pobre es silenciosa, se suceden golpes de estado, guerras, reemplazos de gobiernos y el pobre siempre está allí con su anecdotario mínimo, esperando que la  violencia del Estado sobre él ya no sea tan silenciosa ...

Bibliografía teórica de referencia:
Entrevista a Pablo Giordano
Eguía, Bibiana. " Claves de acceso a la literatura de Córdoba" en Memoria, Literatura y Política en Córdoba. Cuadernos de Investigación. Villa María. Eduvim. 2011.





domingo, 20 de mayo de 2012

ENTREVISTA AL CANTANTE Y ESCRITOR CORDOBÉS RAMIRO PROS (FRAGMENTOS)




Mariana: Tu posibilidad de ingresar al discurso literario, en este caso, es cierta estetización del marginal, de la pobreza, no mediante el realismo sucio o el miserabilismo (como otros autores) sino mediante el absurdo… En este sentido me parece que marginalizás un poco a la clase burguesa.
Ramiro. Sí. Es como dar vuelta las cosas un poco.


Mariana: ¿El humor es una forma de resistencia para el marginal en tu representación?

Ramiro:   Es un poco una toma de conciencia, ridiculizando a los demás. La generación nuestra viene de un desengaño tremendo, ya venimos con la tristeza incorporada, algunos los solucionan desde la falta total de compromiso a eso. Yo escribo desde la derrota, venimos desde la falta total de ideales (se refiere al menemismo), también hay como – ahora- una cierta obligación al compromisoEn muchos casos ese compromiso se limita a nombrar cosas u opiniones. Hay un aprovechamiento del vacío que traemos para querer hacernos sentir orgullos de cualquier contenido, porque hay una fuerte necesidad de pertenencia. La falta de compromiso es una pertenencia, y a su vez el compromiso impuesto es otra. Lo que hay que desarrollar con la conciencia es un compromiso profundo, que al reconocer el pasado reconozca su esencia, no su cáscara, que ese conocimiento libere en vez de enjaular.

Mariana: ¿Qué opinión tenés del gobierno?

Ramiro: No estoy inserto en un partido, pero tengo alegría de algunas cosas.  Apoyo cosas que coinciden con el gobierno porque sé que son mérito de largas luchas y no de un poder en particular. Como anarquista que quisiera ser zurdo tengo una crítica muy fuerte a todo tipo de progresismo.

Mariana: Tus textos son muy visuales y dinámicos…

Ramiro: A mí tampoco me gusta esta nueva narrativa donde, de repente, está el tipo sentado, y no pasó nada en el relato, donde el narrador interviene para comentar y me parece que convoca menos a los lectores a que hagan su  interpretación de los hechos.  Sin embargo, yo pienso que el autor tiene que hacerse cargo de su trabajo y no lavarse las manos describiendo acciones para que el lector se las ingenie solo si es que quiere deducir ideas de eso. Antes (cuando hacía haikus) no me importaba dejar colgado al lector o no, pero ahora sí me importa. O sea que el dinamismo estaba en primer plano. Ahora trato de que esté al servicio de algo. Y no es una cuestión didáctica. Puede ser el delirio más grande pero se coloca al lector en ese delirio, no se lo discrimina.

Mariana: Es llamativa la representación del marginal que hacés en “Chaplin”. Me gusta aquél  poema donde el hijo ve a un marginal en el colectivo y le cuenta a la madre que vio a Chaplin y ésta no le cree (1)
Ramiro: Es cruel ese texto. Una generación le transmite a la otra su crueldad. Lo podés abordar con humor, pero es algo tráfico lo que se está tratando. Demuestra la hipocresía de la burguesía. De cómo el tipo pudo ser famoso, pero al no encajar en la sociedad no existe simplemente, es una caricatura. Me gusta mucho Chaplin, por eso, es una figura tragicómica que ironiza situaciones trágicas. Son los antihéroes, como El Chavo del 8.  Son personajes mínimos, son tipos que, por lo menos por la fuerza no van a ganar…


Ramiro: ¿El escritor es un poco el bohemio, como Chaplin?

Mariana:Yo nunca he sido rico, ni voy a serlo nunca, pero podría tener un trabajo "como cualquier otro", es una elección de vida.Yo me siento como el  Chaplin del poema, pero no me gusta querer ocupar el lugar del “otro”, me parece mal, victimizarse.  No me gusta la demagogia.

Mariana: Me parece muy interesante tu obra, por el tratamiento “absurdo” que le das a esas situaciones cotidianas:

Ramiro: No me sale de otra manera, una manera “seria”, bufonesca, eso tiene que ver con el absurdo que decís en mis cuentos, pero también tiene que ver con una manera de ver la realidad. Para realista ya tenemos las cosas en sí mismas. Yo creo que el realismo como método es irreal, la pretensión de objetividad no es posible, siempre hay una subjetividad. Me parece injusto. Con respecto a lo absurdo, la manera que yo encuentro de enfocar las cosas, es exagerándolas, en cierta forma burlesca, sarcástica.


Mariana: A través de los juegos fonéticos designas lo que las palabras no pueden decir.

Ramiro: No lo analizo, son juegos que hago. En Sobra Compacta estaba recién trabajando sobre las herramientas, en realidad siempre hay denuncias a cuestiones sociales, pero me parece que se van tratando de pulir y a lo mejor no había pasado yo por la experiencia de la explotación, de andar en la calle, cosas reales que me fueron pasando en esos momentos. Pero hoy está en primer momento lo que estoy diciendo, no la forma.


Mariana: ¿Cuál es la posición del artista con respecto a la función social?
Ramiro: Es largo el asunto de la función. Empieza por tener que escribir y sigue por hacer visible una denuncia a través de esa escritura. Y continúa. Hay que pedirlo todo y darlo todo.

Mariana: ¿Qué pensás del mecanismo de venta de las editoriales independientes?, ¿se puede vivir de esto?
Ramiro: Tengo amigos que viven de esto, uno de ellos vende los libros en bares todas las noches, es posible hacerlo. No compra sus propios derechos de autor, pero los fabrica en su casa y los sale a vender. Es todo un circuito.  Incluso creo que ganamos más así que los que estamos en las editoriales grandes . Ante todo me parece bien que las cosas se difundan aunque no den guita.

RECOMIENDO LEER: MOCO SIEMBRO, LUNA BROTA DE RAMIRO PROS
Y PARA LOS OÍDOS, ESCUCHAR LAS CANCIONES PARA CARNE DE CAÑÓN


martes, 24 de abril de 2012

Los escritores malditos de Córdoba: Barón Biza, Sotelo y Panko


Los poetas malditos (del francés Les Poètes maudits) es un libro de ensayos del poeta francés Paul Verlaine publicado por primera vez en 1884, y luego en una versión aumentada y definitiva en 1888.
En esta obra se honra a seis poetasTristan CorbièreArthur RimbaudStéphane MallarméMarceline Desbordes-ValmoreAuguste Villiers de L'Isle-Adam y Pobre Lelian ("Pauvre Lelian" en el original francés, anagrama del propio Paul Verlaine). Los comentarios de los autores que dio Verlaine, que conoció personalmente a la mayoría, tratan sobre el estilo de su poesía y de anécdotas personales vividas con ellos.
Verlaine expuso que dentro de su individual y única forma, el genio de cada uno de ellos había sido también su maldición, alejándolos del resto de personas y llevándolos de esta forma a acoger el hermetismo y la idiosincrasia como formas de escritura. También fueron retratados como desiguales respecto a la sociedad, teniendo vidas trágicas y entregados con frecuencia a tendencias autodestructivas; todo esto como consecuencia de sus dones literarios.
El concepto de Verlaine del poeta maldito fue en parte tomado del poema de Baudelaire llamado Bendición, que inicia su libro Las flores del mal. El uso de esta expresión y del término malditismo se generalizó luego para referirse a cualquier poeta (o a un escritor de otros géneros o incluso a un artista plástico) que, independientemente de su talento, es incomprendido por sus contemporáneos y no obtiene el éxito en vida; especialmente para los que llevan una vida bohemia, rechazan las normas establecidas (tanto las reglas del arte como los convencionalismos sociales) y desarrollan un arte libre o provocativo.
Entre los literatos que han recibido el calificativo de malditos estarían también, aparte de Verlaine y de su grupo, escritores como Charles BaudelaireFrançois VillonThomas ChattertonAloysius BertrandGérard de Nerval, el conde de LautréamontPetrus BorelCharles CrosGermain NouveauAntonin ArtaudÉmile NelliganArmand RobinOlivier LarrondeInnokienti ÁnnienskiJohn Keats y Edgar Allan Poe.
En Córdoba, Barón Biza, hombre de acomodada posición, hijo de los millonarios Wilfrid Barón y Catalina Biza, poseedores de grandes latifundios en la provincia de Córdoba encarna por excelencia este prototipo.  Desde su juventud incursionó en política, apoyando al líder radical Hipólito Yrigoyen, una posición extremadamente inusual en las clases más acomodadas; se abocó también a la literatura, publicando en 1924 el polémico Risas, lágrimas y sedas, y a los negocios. 
Mientras tanto, la situación política de Barón Biza peligraba; había apoyado a José Félix Uriburu cuando este derrocó a Yrigoyen, pese a su antigua simpatía por el político radical, pero poco después comenzó a combatir al régimen de la Década Infame
En realidad, era él un admirador del anarquismo individualista de Max Stirner y tal vez ello causara sus vaivenes políticos, pero siempre conservando su interés hedonista y su grán descrédito hacia el destino del hombro, una actitud misógina que llevó a la perdición a su familia como lo señala su hijo -y quien también se suicidara-  en "El desierto y su semilla". 
Otros, como Lugones y Borges, habían leído a Stirner -un filósofo desacreditado por sus compañeros de estudio -Marx y Engels-. Se señalaba que su afán desmesurado por el "hombre superior" -con ecos nitzscheanos- podía ser peligroso para el ideal de la revolución proletaria (sobre esto ver el libro: Filosofía, Misantropía, Apatía, dirigido por la revista NOMBRES de la UNC) 

La publicación de un periódico opositor lo llevó a la persecución y al exilio en Uruguay, pero tampoco allí pudo actuar libremente. La convocatoria de una huelga de protesta contra los gobiernos argentino, uruguayo y brasileño lo llevó a prisión en el país transplatino. Esta gesta se ve reflejada en su libro periodístico Por qué me hice revolucionario (1932) publicado en Montevideo por Editorial Campo. Una segunda edición saldría en la Argentina un año después, con varios párrafos censurados.
Es en la cárcel cuando finaliza los trámites de publicación de la más célebre y controvertida de sus obras, El derecho de matar, una novela pornográfico-filosófica en la tradición del Marqués de Sade. El libro estaba revestido en plata y en su portada aparecían una calavera y una guadaña ensangrentada. En su interior tenía ilustraciones art-decó del dibujante Teodoro Piotti. 

Barón Biza hizo enviar uno de los ejemplares al Vaticano, mofándose del Papa con estas palabras: 

"para que tus porteros lo dejen pasar, para poder atraer tu atención, para que él sea una nota relevante de brillo en el salón entristecido de tu biblioteca oscura; he revestido de plata su portada". En su prefacio anuncia: 
"Lector, no quiero ni debo engañarte. No necesito tu aplauso

 ni me hace falta tu dinero. Estoy mas allá del oro y la fama 

(...) No tengo trazas de Cristo ni vehemencias de profeta (...)

 Mi libro, dejará en tu alma un acre sabor de inmoralidad. 

Será libro inmoral porque mostrará su pubis y sus senos y

habrá de hablarte desde el fondo oscuro del protoplasma. Él 

te hará dudar de tu Dios. Él te enseñará a escupir sobre el 

Código de la sociedad y de la Ley, de esa ley dictada por 

sicalípticos, seniles, decrépitos y repletos. Si no tienes 

coraje para leerlo, déjalo. Hay en él cátedra de muerte, 

tribuna de revolución, escuela de crimen, remansos de odio

y sadismo fruto sólo de la simiente de los hombres (BIZA, 1933:18)

El Derecho de Matar cuenta la historia de Jorge Morganti, su hermana Irma y su amante Cleo. El relato es intencionalmente desparejo. En él, la artificialidad y el exotismo van tejiendo una narración sesgada por reflexiones filosófico-morales que oscilan entre el erotismo tradicional y una nueva forma creada por la aguda sensibilidad de Barón Biza.
Pese a no ser su mejor trabajo, El Derecho de Matar se convirtió en el libro más famoso de Barón Biza y en la "obra maldita" por excelencia de las letras latinoamericanas.
Sin embargo, el gobierno de Agustín Justo (a quien Barón Biza había llamado "grotesco y fofo tiranuelo"confiscó en la imprenta la primera tirada completa de cinco mil ejemplares, e inició contra Barón Biza un proceso por obscenidad. Defendido por Néstor Aparicio, logró con dificultad una absolución, aunque permanecería en la cárcel por razones políticas. No había sido liberado aun cuando, ante la noticia de la muerte de Yrigoyen, alquiló un tren, al que vistió de luto, para transportar desde Córdoba a los radicales que deseasen participar del cortejo fúnebre.Posteriormente publicó una segunda versión de "El Derecho de Matar", en edición rústica ya que deseaba que la obra fuera accesible para el bolsillo de los obreros.
El 16 de agosto de 1964, Clotilde Sabattini había fijado una visita con sus abogados para dar fin a los trámites de separación legal. En el curso de una discusión, a poco de recibirlos, Barón Biza —que había ofrecido un vaso de whisky a los letrados— repentinamente arrojó el contenido de otro al rostro de su esposa. Contenía ácido sulfúrico, que le produjo gravísimas quemaduras; Barón Biza huyó del lugar mientras los abogados trasladaban a la mujer al Hospital del Quemado, donde fue intervenida en la cara, el pecho y las manos. Tras la denuncia, la policía allanó su residencia al día siguiente; en el dormitorio hallaron el cadáver de Raúl, que se había disparado a la sien. Su cuerpo reposa debajo de un olivo, a pocos metros del obelisco que erigiera en honor de Myriam Stefford.
Legó a la municipalidad de Lomas de Zamora una fastuosa propiedad que poseía en la zona, el hoy llamado Parque Barón.

Tanto su ex mujer como su hija María Cristina y su hijo Jorge se suicidarían en años posteriores.





Horacio Sotelo, nuestro segundo "escritor maldito", se inició como escritor en la cárcel (su trayecto carcelario abarcó las cárceles de La Plata, Villa Devoto, Caseros, Olmos y La Pampa) y, una vez obtenida la libertad, su vocación literaria se perpetuó a la par de su oficio de vendedor ambulante (de cubanitos) en las calles de Córdoba.
Según sus palabras, entrevistado por una periodista del diario Clarín:
 “En las celdas individuales de Olmos, cuando me acostumbré a la soledad, empecé a leer otra vez. Leí a Cortázar, a Roberto Arlt y hasta el Corán y otros libros orientales. Y empecé a escribir. Poemas malos, de esos "en el cielo las estrellas. Después vinieron otros, llenos de resentimiento, de odio, con hedor a cárcel, a encierro. Muchos años después, este que soy ahora los reescribió. Sin resentimientos. Pero con la memoria de los que fui y de los que soy". (Plattia, 2000: s/d).
Sotelo ha experimentado “en carne propia” un recorrido de vida marginal, por eso el valor de su experiencia como una estrategia discursiva  para legitimar su comprensión del entorno al cual se refiere.
Para Elías Castelnuovo, es necesario distinguir entre aquél “escritor de la pobreza que escribe desde su lugar de élite o de pequeño burgués ilustrado” y el del verdadero “escritor del hambre”, podríamos decir, que sufre el mismo contexto al cual se refiere, deducción que extraemos de sus siguientes palabras:
“Los campesinos que pinta el escritor ruso (se refiere a Tolstoi) en sus novelas no son realmente lo que fueron en la realidad, sino como él los elaboró con sus ideas señoriales en la mesa de redacción de su escrutinio. Si un artista campesino hubiese pintado a su clase, seguramente que habría procedido de modo contrapuesto. O hubiera arribado de fijo a conclusiones diametralmente antagónicas (…) Una cosa es derramar sudor y sangre sobre un surco y otra cosa muy distinta es hacer anotaciones en una libreta alrededor de la poesía que entraña semejante hemorragia (…) Por manera que si no cumple con su cometido, la posteridad se lo echará en cara, siempre que no lo borre del mapa” (Castelnuovo, 1977:20).
Según Castelnuovo:
”La imaginación de un artista hambriento es totalmente opuesta a la imaginación de un artista satisfecho, merced a que el pensamiento sigue las fluctuaciones del cuerpo como la llama de una lámpara sigue las alternativas del combustible que la alimenta” (Castelnuovo: 1977: 85).
Más allá de las elucubraciones polémicas del autor de Boedo, recuperamos de sus ideas aquella escisión entre los escritores de la pobreza, la cual nos sirve para reflexionar sobre los modos por los que circula la literatura en un medio marginal: cual Silvio Astier que hurta los libros[i], es esto lo que hacen los “escritores del hambre” como Sotelo, quien accede a éstos a hurtadillas buscando entre los únicos ejemplares de una biblioteca muy poco selectiva armada por lo que el resto de los presidiarios abandonó, según nos cuenta:
“Creo que las bibliotecas de las cárceles son las mejores del país. Porque los presos que salen dejan los libros, hay una cantidad de libros impresionantes, ¡hay cada libro ahí! Mirá que hasta el Corán leí ahí y otros libros sagrados de la India, porque hay muchos libros” (Sotelo, 2005: 61)[ii].
ostenemos, en nuestra línea de lectura, que Sotelo prefigura un público burgués o pequeño burgués  en su obra al cual se dirige mediante la segunda persona. Para confirmar nuestra hipótesis analizaremos algunos de sus poemas. 
En los “Habitantes del abismo”, describe el siguiente cuadro:

Semáforo rojo/ Detenés el coche/Y no notás/Lo que el asfalto salpica/ Cuando las ruedas frenan./Criaturas irreales/Saltan de la vereda,/En sus manos/Un secador, golosinas,/La “Luciérnaga”,/Lo que tienen en la mano,/Es el último eslabón,/La única posibilidad de no caer/Y a ella se aferran (…)/No, no te culpo/ Defendé tu realidad,/Tenés derecho a ella,/Trabajaste toda tu vida,/Formaste una familia,/ Pagás impuestos, votás,/No sos culpable de la pobreza,/La corrupción, la delincuencia/Las culpas siempre son ajenas/Y qué distantes/ y seguros nos sentimos/Protegidos por la coraza de la indiferencia (Sotelo, 2004: 136-137).
El “tú” al que se dirige, claramente no es quien sufre la exclusión sino quien está integrado al sistema y se siente protegido por “la coraza de la indiferencia”, incluso parece hablarle directamente a quienes compran la revista La Luciérnaga[i].
En “El viaje” el poeta se dirige a un “tú” a quien invita a una aventura sin igual a través del peligro, tal como él la experimentó. Podemos asociar esta segunda persona también con el lector:
 “Viajá conmigo, /te invito/ a dar una vuelta por el pasado/ ponete el cinturón/ se anda muy rápido/por esos caminos/ te llevaré a la vieja cancha de Quilmes/ con sus tablones semipodridos/ y en medio de la hinchada/ agitando banderas azules y blancas/ saltarás y gritarás conmigo (…)/ Viajá conmigo./ Caeremos presos/ y conocerás Devoto, Caseros/ y en La Pampa (…)/ Caminarás en los recreos/ del brazo de los carteles (….)/ Saldremos en libertad/ y volveremos a robar/porque nos gusta la noche/las minas platinadas/los caballos, los garitos (…) Pero sobre todo porque probamos la peor de las drogas/ el peligro/ y queremos seguir probando (…)/ y en una celda gastarás tu juventud/ y te romperás día a día/ hasta quedar hecho añicos/ Yo me bajo/ para mí/ hasta aquí llegó el viaje, amigo./ No, no te he traicionado/ ni mentido/ sólo hice con vos/ Lo que hicieron conmigo” (Sotelo, 2003: 33-36).
El viaje, sería –siguiendo con nuestra hipótesis de sentido- el mismo proceso de lectura
y lograría su efecto catártico al final del poema, pues el héroe aventurero arrastraría consigo al receptor a un mundo que ,en principio, se propone desafiante, pero al final es objeto de desdicha para el protagonista quien “gastó su juventud” en la cárcel por probar de esas tentaciones: “la peor de las drogas”. El peligro se configura aquí como el espacio del deseo, pero también de lo prohibido.
Este fenómeno que articula el deseo al interior del pacto de lectura con las estrategias de persuasión del texto orientadas al destinatario se llama “proyección”. En sentido propiamente psicoanalítico entendemos por proyección: “la operación por medio de la cual el sujeto expulsa de sí y localiza en el otro (persona o cosa) cualidades, sentimientos, deseos, incluso `objetos´ que no reconoce o rechaza en sí mismo -según Freud-, el organismo se halla sometido a dos tipos de excitaciones generadoras de placer, unas de las que puede huir y protegerse y otras de las que no, la proyección aparece entonces como el medio de defensa originaria frente a las excitaciones internas que por su intensidad se convierten en excesivamente displacenteras: el sujeto las proyecta en el exterior lo que les permite huir” (Laplanché y Pontalis, 1993: 306 -309).
Creemos, en este caso, que lo que se le propone al lector prefigurado como operación discursiva subyacente, es precisamente la búsqueda de la liberación del contenido reprimido o rechazado por la cultura burguesa[ii].
    En el poema “Los que van a morir te saludan”, del cual extraemos un fragmento, la segunda persona es asociable tanto a la figura del lector como al propio poeta en coloquio consigo mismo. La “domesticación” o “subordinación” al estilo de vida burgués tipo de quien se alía con el sistema de poder en el que vive, surge como un efecto irrevocable de una vida “recuperada” o “en vías de recuperación” de un pasado reaccionario e intransigente con el régimen capitalista, como el de todo ladrón, que atenta contra su valor máximo “la propiedad privada”:
“Cuando las rejas ya no importen/ Y digas sí, señor/ y hasta le sonrías/ Como cuando te tiran un hueso (…)/ Ese día hombre, estarás muerto. / Y te habrás olvidado para siempre/ que alguna vez fuiste/ fuerza/libertad/movimiento.” (Sotelo, 2003: 5-6)
En el poema “Tres ladrones”, en cambio, el poeta se dirige a un “tú” femenino de este modo:
“Desnuda/ en la cama/ como colgada del abismo/ y yo parado al borde/ doy el salto y/ tus labios blandos y tibios/ tu piel tan tersa/ que la toco/ y casi no me doy cuenta/ Decido hacer el camino al revés,/ como me gusta a mí/ mis manos/mis labios/ mi lengua/ tres ladrones/ en busca del tesoro/ que guardás entre tus piernas/ Es un asalto/ quedate quieta/ vamos a robarte/ hasta la última gota/ del néctar de los Dioses/ las lágrimas agrias/ que sólo un macho/ puede hacerle llorar a una hembra” (Sotelo, 2004: 11).
     A igual que en “Dejá entrar al ladrón”, el “escritor-ladrón” propone despojar a la mujer de los pudores que le impiden  experimentar el placer “cerrando los ojos y abriendo los cerrojos del alma”:
“Y que, a hurtadillas, / te robe lo mejor de vos/ y lo esconda en lugar más seguro/ de tus sueños/ Dejá entrar al ladrón/ dale la llave de tus labios/ Que trepe el muro caliente de tu cuello/Que te diga/Una locura al oído (…)/Un trato:/Si cerrás los ojos/Y abrís los cerrojos de tu alma/El ladrón se entrega/Y termina estos versos” (Sotelo, 2003: 8-9).
El estudio de la retórica particular del escritor aunado con el análisis de las operaciones discursivas subyacentes sirve para connotar la marginalidad, como un espacio selecto al cual puede hacernos llegar el escritor si nos dejamos “robar” nuestros prejuicios en las lecturas o si vivimos la instancia de la proyección en las historias.
“Marginalidad” no es sólo un término con una definición negativa (la carencia de la riqueza que es la pobreza, o la exclusión del sistema) sino también un término definido positivamente donde descansar de las prerrogativas de la moral burguesa, donde aventurarse a los peligros de la vida o a donde reencontrarse con un Eros perdido[iii].
Entendemos la cultura “marginal” en aproximación con el significado de “cultura popular “que definió De Certeau en “La Belleza del Muerto”:
“Fue principalmente el contenido erótico, procaz, obsceno lo que llamó la atención de los lectores sobre “libros de cordel” en el siglo XIX en Francia. Para reprimir este contenido pernicioso de “las buenas gentes”, un agente de la policía –Nisard- se abocó esmeradamente a su recopilación y estudio, por eso  De Certeau afirma que en los orígenes de los estudios de la cultura popular hay “un muerto”, o en otras palabras, un interés y una verdad  silenciadas”. (De Certeau, 2004: 57 a 70).
La representación de la marginalidad en la obra de Sotelo representa el eros o incluso, el falo, en términos freudianos. En Cavernas, por ejemplo, una mujer de clase media busca la satisfacción sexual –que su marido impotente no le puede provocar-mediante encuentros furtivos con vagabundos.
El humor igualmente circula en estos simpáticos “marginales” con “dialecto cordobés” como podemos ver en este cándido episodio de Cavernas en que, una vez dispuestos a comer el asado, un can arruina el almuerzo de “El Perro”, “Pancita”, “Matate” y “Cachumba”:
“Seis perros atacaban la parrilla -¡Fuira perro culeado! Uno corrió hacia el monte con una ristra de chorizos, otro con las morcillas, los demás arrasaron con las costillas y el matambre y escaparon (…) –Qué pasa, che, es el primer día que no comen!, ¡vamos, pongan música, pongan La Mona, vamos! La Mona Jiménez. El quitapenas de los cordobeses pobres. Pero eligieron mal el tema: “mis padres eran tan pobres, que no había pa’ comer” (…) Matute abrió una heladerita. Menos mal que los perros no chupan” (Sotelo, 2005: 36-37).
   El Cabezón, por otro lado, propone en su obra hasta una estética de la marginalidad:
“Escribir en el límite, o mejor, en y desde el límite (…) Al límite del idioma, de la moral, de la razón, al límite del terrenito que te compraron y te escrituraron en tu mente (…) Escribir al límite para poder vivir ídem…” (Sotelo, 2005: 12).
En cuanto a la sintaxis, Sotelo también funda una nueva estrategia de lectura para llevar su escritura “al margen” del discurso cotidiano. A estos fines, emplea un lenguaje “violento”, con: a) metáforas “inesperadas”, b) uso de verbos y sustantivos “escatológicos” y c) ausencia de los signos lógicos de puntuación, de nexos y de entrecomillados,  que transmiten una sensación de “escritura vertiginosa”- como el mismo peligro que denota- donde las ideas se superponen unas tras otras sin pausa para recuperar el aliento en la lectura.
Veamos algunos ejemplos:
a) “Tus movimientos/De hoja seca en el agua/Tu lengua/Babosa filosa/Buscando la mía/Dando pelea/Gusanos dados vueltas/Panzas húmedas y blancas” (Sotelo, 2003: 17 a 19)
b) “Levantó un brazo, la miró. Dormía fea y fantástica. Su vientre latía como el de una araña después de haber almorzado, reposando en la telaraña” (Sotelo, 2005: 7).

Las escenas de sexo explícito violento, sadomasoquismo y heridas descriptas minuciosamente por el narrador son algunos ejemplos de su “estilo agresivo” que se encuentran en la autobiografía Alias Árbol.  En un pasaje, Árbol, advertido de que La Gorda y su pareja le han robado su motín, le prende fuego a ésta:
“Abrió bien las piernas de la mujer y, con los dedos, abrió su vagina; arrimó el pico de la botella de alcohol y le echó el líquido adentro (…) Enrolló el papel haciendo un canuto. Lo impregnó en alcohol. Se agachó sobre ella y se lo introdujo hasta la mitad. Rebuscó en sus bolsillos. Fósforos. Encendió uno:-vas a coger con el diablo hija de puta…” (Sotelo, 2005:10).
En otro momento, Árbol  pretende zafarse del sistema penitencial provocándose una herida cortante: “Abrió de un tirón la planta de la zapatilla. El feite. Media hojita de afeitar. Se paró. La tomó firme con los dedos. Respiró. Se abrió de piernas…Apoyó la punta de su hoja en su brazo izquierdo, un poco más arriba de la muñeca, escarbó como jugando. Cortaba. ´Los cortes siempre p’arriba, pibe, las venas grandes escapan cuando entra el feite, corta las secundarias, sangran mucho, corte bien al fondo y largo después abra la carne  y se forman unas conchas así que impresionan. Si corta a través y emboca una vena o una arteria, si no lo atienden rápido allá va. Siempre p’arriba, hondo y largo el tajo” (Sotelo, 2005: 18).
Podemos entender su estilo “agresivo”, en el sentido que le da De Certeau:
Esta agresión tiene por característica ser una manera de tratar el lenguaje, y no la mera adición de algunos giros, funciones o enunciados de más. Político, erótico o gratuito, el ultraje maltrata la lengua. No funda, golpea (…) Por eso mismo revela la violencia encerrada en un orden. Desencadena el furor. Hace brotar la cólera entre los que habitan en un sistema de producción (…) El manifestante que golpea una computadora IBM o la puerta de un auto procede –pero fuera del texto- como el escritor que trabaja en la deconstrucción del lenguaje.” (De Certeau, 2004: 77).
A nivel simbólico, la estética de “El Cabezón” marca una manera de significar la violencia encerrada en un orden presuntamente “tranquilo”, por el cual se transita diariamente y es una forma de impactar y de protestar frente al público receptor desde su lugar de marginado.

El tercero de nuestros "escritores malditos" es Roberto Panko, autor de Sexilia. " El 40 de Marzo de 2694, en la ciudad de Sexópolis, del planeta conocido como el Plano terráqueo, una litera avanza conduciendo a la bella, seductora y cruel Sexilia rumbo a "Esclavirtud 94", feria anual donde se ponen en venta los mejores esclavos sexuales. El libro puede encasillarse, al igual que Alias Árbol de Sotelo, al género pornográfico por las escenas de vejaciones, sadomasoquismos y sexo explícito que se producen en él. Una vez más, el sexo constituye una  estrategia discursiva para reclamar la alienación del mundo burgués y, en este caso novedoso, para enfatizar el rol de la mujer discriminada a raíz de su género y su condición sexual. Recordemos que la figura de la prostituta, tiene el poder sobre el hombre, al conocer el gran secreto de su podredumbre, el desvanecimiento de la pulcritud aséptica del mundo burgués que se revuelve entre los deshechos (los deshechos que ellos producen) de la ciudad maldita en la "zona roja" buscando el placer que su vida confortable no le puede proporcionar: "Se trata de una fantasía futurista que podría haber imaginado el Marqués de Sade: una sociedad de amos perversos y esclavos sexuales en persecución de un mejor orgasmo para la clase explotadora" (Blanco, 79). Para sorpresa del lector, sin embargo, el poder cambia de manos imprevista y arbitrariamente, en una especie de versión extrema de la fortuna medieval que permitía que el señor de hoy fuese el siervo de mañana (...) Los portadores de la litera de Sexilia, antes han sido amos y ahora son esclavos (REATI, 2008:8). Es, en primer lugar,  una crítica al capitalismo que pone precio al placer y  exhibe la ficción de que todo puede comprarse con dinero, sin importar la dignidad humana mientras condena a los humildes, 2)al Estado indiferente de la condición de los excluidos y 3)a la discriminación por la condición de género.




[i] Los libros de Sotelo fueron reproducidos, por capítulos, en varios números de La Luciérnaga, revista cultural de los chicos “trabajadores de la calle”.

[ii] “En su célebre estudio sobre las de seriales radiofónicas, Herta Hertzog cita el ejemplo de una mujer que tuvo grandes dificultades para educar a sus hijos tras la muerte de su marido, y  manifestó el más vivo interés por una emisión en la que la heroína se consagraba a los niños de un orfanato y donde se indicaba expresamente la idea de que la heroína no debería casarse, a fin de proseguir su obra. A primera vista no hay más que un ejemplo de identificación: una dificultad que ha conocido la oyente y no la heroína debe ser asumida por la heroína como lo ha sido por la oyente: estar sola para educar a los niños. La heroína entonces se convierte en una especie de chivo expiatorio, debe asumir lo que hay de malo o de mal (desgracias si las hubiere) en la vida del oyente y, de esta forma, procurarle un cierto alivio. Es éste el mecanismo que Aristóteles llamaba catarsis y que se ha podido, utilizando un término propio del psicoanálisis proyección” (Burgelin, 1974: 109)

[iii] Según la leyenda, Psique se enamora de Eros. Pero no podían amarse más que con los ojos cerrados:
“Psique podía conservar a Eros, su amante, siempre y cuando permaneciera ciega, ciega a sus secretos e imaginarios deseos de completud que Eros realizaría por ella (…) Psique se atreve a mirar el rostro de su amado bajo la luz de una lámpara de aceite (…) quien se despierta y la abandona (…) Una vez infringida la prohibición, el encanto se rompe: en el momento en que Psique decide dejar atrás su ceguera se enfrenta a Thanatos, la noche oscura del alma, la destrucción y la muerte de los propios deseos ilusorios. La depresión, la soledad emocional y diversas experiencias de muerte forman parte del viaje que Psique realiza como consecuencia de esta violación al Hades, o a las profundidades del inconsciente, lugar donde finalmente encuentra la verdad que la libera de su ilusión y le permite recuperar a su amado Eros” (Poch Kade, 2004: 23) 


 Fuentes:
"BARON BIZA" Biografía disponible en WIKIPEDIA online
____________ (1933). El derecho de matar. Ed. del Autor. Bs. As.
CASTELNUOVO, Elías (1977). El arte y las masas. Editorial Rescate. Bs. As.
BURGEIN, Olivier (1974): “La identificación y la proyección” en La comunicación de las masas. Ed. Planeta, Barcelona. Pp. 105 a 118.
DE CERTEAU, Michael (2004): La cultura en plural. Ed. Nueva Visión. Bs. As.Ferrero, FERRERO, Roberto (1993): La mala vida en Córdoba. Alción Editora. Córdoba.
PANKO, Roberto 81998). Sexilia. Ed. del Autor. Cba. 
Poch Kade, Adriana (2004) La casa ocho. Una dimensión psicológica de la humanidad. Editorial Kier. Buenos Aires.
REATI, Fernanado (2008). Sexilia: una barbarellla argentina en los crueles 90. VII Coloquio Internacional de Literatura Fantástica" Desde los orígenes de lo fantástico". 3 al 6 de septiembre de 2008. Universitat Bamberg. Alemania. 
Sarlo, Beatriz. (1988) “Marginales: La construcción de un escenario” en  Una modernidad periférica. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires. Pp. 179 a 205.
Sotelo, Horacio: (2000) Los versos del ladrón. Fundación Refundar Argentina. Cba
____________: (2001) Corazón de pájaro Fundación Refundar Argentina. Cba.
____________: (2004) Los habitantes del abismo Fundación Refundar Argentina. Cba.
____________: (2005) Cavernas. Fundación Refundar Argentina. Cba.
____________: (2005) Alias árbol. Fundación Refundar Argentina. Cba.
Verdugo, Iber H. (1994) Las estrategias de discurso. Universidad Nacional de Córdoba.VALLE, Mariana.  II Jornadas de Historia de Córdoba. Ponencia: “Los escritores del hambre: El caso Horacio Sotelo” (2011). Cba.






[i] El personaje de El juguete rabioso de Roberto Arlt, quien roba con sus amigos una biblioteca para después repartirse las ganancias de la venta de ejemplares.

[ii] Para Rosa, es preciso recordar que:
“El libro es un objeto que fue conquistado con lentitud y paciencia, como el fuego paleolítico y no sin esfuerzo: la serenidad escolar de las bibliotecas oculta un enigma: Los libros fueron siempre objeto de rescate de la voracidad de las llamas (…) La biblioteca reafirma la propiedad inmueble: la biblioteca como el reservorio de la reproducción, de la función transcriptora de la cultura burguesa” (Rosa, 1998: 125-126)