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jueves, 9 de enero de 2014

Variaciones sobre el Flautista de Hamelìn o ¿puede la mùsica popular ser revolucionaria?

Valle, Mariana Celeste.
Universidad Nacional de Córdoba- Conicet.
mariana_valle17@hotmail.com 
Lic. en Letras Modernas (UNC), Doctoranda en Letras (UNC).
Trabajo Publicado en las XI Jornadas Regionales de Investigaciòn en Humanidades, Jujuy, 2013. http://www.flipsnack.com/7FC58F58B7A/ft9axywe

Variaciones sobre El flautista de Hamelín o, ¿puede la música popular ser revolucionaria?




El rapto de los niños:

Antes de juzgar críticamente a la industria musical, comenzaremos por analizar minuciosamente sus alegatos en contra, ¿de qué se le acusa? 
El concepto mismo de “cultura de masas” o “sociedad de masas” guarda en una crítica profunda –y por supuesto negativa- hacia la industria como instrumento de opresión, de alienación y vinculado no sólo a los intereses capitalistas -que prevén el consumo desaforado y “pasivo” de los productos “de masas” para inculcar sus propios intereses económicos hacia poblaciones segregadas- sino también asociado a los totalitarismos políticos que se sucedieron promediando la segunda guerra mundial: el franquismo en España, el musolinismo en Italia, el nazismo en Alemania, el stalinismo en Rusia. Para la escuela de Frankfurt es el funcionamiento paradigmático de toda cultura burguesa desde el siglo XX.
Para Adorno y Horkheimer, los productos masivos como los films y la radio  “no tienen más necesidad de hacerse pasar por arte” pues “la verdad que no son más que negocios sirve de ideología (Adorno y Horkheimer, 1969: 147). El trasfondo de esta concepción se detecta en la siguiente frase de Adorno: “Con la accesibilidad de los productos de lujo en serie y su complemento, la confusión universal, se prepara para una transformación en el carácter de mercancía del arte mismo. Este carácter no tiene nada de nuevo: sólo el hecho de que se lo reconozca expresamente y de que el arte reniegue de su propia autonomía colocándose con orgullo entre los bienes de consumo tiene la fascinación de la novedad. El arte, como dominio separado ha sido posible, desde el comienzo, sólo en la medida en que era burgués” (Ídem., 188). Con lo cual revelan, por otro lado, cierta contradicción de su lógica por la cual critican a la industria de “masas” por su postura filosófica marxista y, por el otro, reconocen que el problema ha sido haber quitado al arte burgués de su condición de autonomía, concepto que encierra cierto elitismo paradójicamente en boca de pensadores que pretenden precisamente revocar esa tendencia.
Pero volviendo a su planteo inicial, la condición de la industria de masas como maquinaria totalizante y alienante sería difundir, entonces, una “falsa conciencia” al público receptor. Para Marx, la verdadera conciencia, la que llevará al proletariado a unirse por la defensa de sus derechos, trata de ser anulada por medio de una “falsa conciencia”  que no surge de sus intereses inherentes a las condiciones materiales de producción que oprimen a los trabajadores sino que por medio de una ideología dominante (la de una clase dominante)  se pretende anular la “conciencia de clase” proletaria y encubrir las condiciones de explotación que se yerguen en el esquema social capitalista.
Otro de los planteos “en contra” de la industria cultural es el de Benjamin, quien con su concepto de “aura”  señala el distanciamiento entre la obra de arte genuina, el original y no la copia, y los duplicados ad infinitum por medio de los mecanismos propios de la “cultura de masas”. El distanciamiento de la obra de arte con su historicidad concreta al multiplicarlos mecánicamente afecta, para él, una dimensión fundamental de la recepción que es su dimensión “cultual”. La proximidad del hecho artístico por medio de la reproducción nos impide “ver” realmente la obra de arte, algo que para el formalista ruso Shklovski debe recuperar el arte por medio del “extrañamiento” de los objetos y lugares que de tanto mirarlos –los receptores-   ya no los “vemos” realmente en su singularidad. 
Ahora bien, este planteo guarda sus contradicciones también ya que la posición de este crítico que se valió en buena medida del marxismo (para discutirlo, replantearlo, superarlo) encierra también cierta postura elitista del arte, ya que el original nunca puede llegar a las clases bajas sino es por medio de la reproducción, ¿quién podría ir al Louvre a ver el original de La Mona Lisa y quién podría comprar una lata de sopa y observarlo en su empaque?
De Certeau, reniega de la cualidad aurática de la obra de arte que lo convierte en “pieza de museo”  y postula que el arte para los oprimidos tiene un “uso”, valor más importante que su mera contemplación y dimensión “espiritual” prolongable en su posteridad, concepto que también es visible en las explicaciones que Kusch –filósofo y antropólogo argentino- elabora en torno al “arte popular”. 
A diferencia de la concepción clasista del arte burgués los objetos de arte “no burgués” operan con un “uso” no sólo en el plano del mercado sino también en el de la vivencia diaria: "están siendo" (ver Kusch,2007:129): por un lado aspiran, sí,  a la trascendencia, incluso son ya estudiados, pero a la vez “están” y tienen un valor inmediato, se los consume o, antropológicamente hablando, se los come y en tal sentido revierten la noción de que "donde se come no se habla”, propia de la cultura del “ser” y adhieren a la cultura del “estar” (verbo que en la dialéctica de Kusch define a lo “popular”)  donde el alimento incluye el elemento simbólico-espiritual que define al hombre (Ídem., 259).
Hasta aquí, hemos visto lo que metafóricamente representaría una dimensión de la leyenda “El flautista de Hamelín” , el encantador músico que en venganza contra el pueblo que no supo premiar su salvación de las ratas que lo infectaban, se llevó a los niños consigo hacia vaya a saber qué destino funesto. 
La música industrial, en boca de críticos como Adorno, Horkheimer, Benjamin y hasta el propio Marx no sería sino un engaño, una “falsa conciencia”, un producto más al servicio de la clase explotadora, un duplicado  y no arte “genuino”.

La salvación de las ratas:

¿En qué medida puede, por el contrario la música popular presentar un contenido “revolucionario” y hasta resistente a los métodos de explotación y expropiación capitalista sin que ello represente una contradicción con respecto a sus propias cualidades y sus propios fines?
Partamos de que la base de todo producto inserto en la industria cultural “de masas” busca ser consumido: desde la novela que busca aumentar el rating de sus televidentes para no ser reemplazada por un noticiero, pasando por la novela policial que busca aumentar sus lectores para que el autor se siga sosteniendo en el mercado editorial hasta el cantante que debe “vender” su música para que pueda subsistir de su negocio y no terminar cantando en un karaoke en una fiesta privada.
Casos muy puntuales que ilustran, entonces, que todo discurso u objeto industrial va a presentar una finalidad persuasiva de mantener el interés por lo dicho o presentado para que el producto se consuma. 
Si bien esta cualidad, apresuradamente, nos llevaría a recuperar sólo la dimensión “negativa” de la historia de Hamelín, metafóricamente hablando, es preciso ser más cautos y recoger las herramientas de los teóricos de los actos de habla y los estudiosos de la cultura industrial, como Barbero, De Certeau, entre otros, para captar la dimensión “crítica” de la música popular. Como ejemplo sirve el tema del reggueatonero Calle 13: 
Nací mirando para arriba el 23 de febrero/ Después de estudiar tanto termine siendo rapero/ Mi familia es grande en mi casa somos ocho/ Y la clase media baja no recibe plan ocho/ Es normal que mi comportamiento no les cuadre/Y más cuando el gobernador desempleo a mi madre / Me desahogo cuando escribo mi letra es franca/Pa' no terminar explotando en la Casa Blanca/ Mis rimas te ponen tenso y te dan calambre /Yo soy el que hago que coman sin que tengan hambre /Mezclo lo que veo con lo melódico/ Yo estoy aquí para contarte lo que no cuentan los periódicos/  Es el momento de la música independiente / Mi disquera no es Sony, mi disquera es la gente /Las personas que me siguen y escuchan el mensaje/ Por eso me defienden a los puños y sin vendaje /Calma pueblo que aquí estoy yo //Lo que no dicen lo digo yo/  Lo que sientes tú lo siento yo// A ti te ofende lo que escribo /A mí me ofende tu playback, que estés doblando en vivo /A mí me ofende cuando tu sobornas a la radio/  Con plata con dinero pa' que te suenen a diario / Ni siquiera los Beatles tenían cuatro canciones /Sonando el mismo tiempo en las radio estaciones //Esto lo puede ver hasta un bizco /Tú vendes porque tú mismo te compras tus propios discos// No me digas que no, si a mí me han ofrecido hacer eso //La mitad de los artistas deberían estar presos(…) //Yo uso al enemigo a mí nadie me controla /Le tiro duro a los gringos y me auspicia Coca Cola/ De la canasta de frutas soy la única podrida /Adidas no me usa, yo estoy usando Adidas (…) Todo lo que les digo es como el Aikido/  Uso a mi favor la fuerza del enemigo /Ahora quítate el traje falda y camiseta /Despójate de prendas marcas etiquetas /Pa' cambiar el mundo desnuda tu coraje /La honestidad no tiene ropa ni maquillaje… (“Calma Pueblo”, Calle 13). 
En primer lugar, podemos leer esta canción desde las múltiples estrategias discursivas que utiliza el cantautor (René de Calle 13) para legitimarse como un “representante” del pueblo portorriqueño y de los latinoamericanos en general lo que puede comprenderse desde la finalidad de “vender” él mismo su producto como un objeto de consumo privilegiado por su “autenticidad” y su “fervor americanista”. Con lo cual, no estaría sino sirviendo al mismo sistema capitalista que desprecia y a toda su maquinaria cultural. Pero, sin embargo, es preciso adentrarnos en el fenómeno de la contextualización discursiva para verificar que el cantautor ha elegido una disquera “independiente” para hacer circular sus canciones, gesto que –de alguna manera- está señalando su autonomía relativa con respecto a las mega-industrias disqueras que buscan homogeneizar los productos para captar público más y más diversos bajo los mismas conductas de “consumidores” tipificados por ellos, lo que alienta, sí,  la alienación, el consumo “pasivo” del público y funciona en detrimento de la potencia reivindicativa de los oprimidos en el hecho artístico. 
En realidad, Calle 13, no reniega de hacer uso de la industria para posicionarse como artista, dice por ejemplo que “lo auspicia Coca Cola”, pero hace un uso táctico del mercado que sintetiza en la frase “Adidas no me usa, yo estoy usando Adidas” y cuya finalidad es –al menos para él- claramente un caso de antropofagia cultural, lo que él define como “servirse del enemigo” para “tirarle duro a los gringos”. 
Calle 13 puede servirse del “opresor”  (comérselo) que, para ellos, es el “yanqui”, usando su ropa, sus raíces musicales (el reggaetón es un derivado del rap norteamericano) y hasta su lenguaje (como muchos otros grupos, usa palabras en inglés en sus temas, lo que es bastante frecuente en la jerga popular, debido a que el país políticamente es prácticamente una colonia norteamericana), pero siempre con el objeto de criticar y resistirse a la explotación y expropiación de los “países del primer mundo” sobre los “países del tercer mundo” lo que marca su “táctica” de resistencia usando para su conveniencia un par de Adidas sin que la empresa Adidas lo use a él para vender. 
Para De Certeau, existen “mil maneras de hacer/deshacer el juego del otro, es decir, el espacio instituido por otros que caracteriza la actividad, sutil, tenaz, resistente, de grupos que, por no tener uno propio (se refiere a un lugar de legitimación), deben arreglárselas en una red de fuerzas y de representaciones establecidas (De Certeau, 2007: 22). Hace falta “valerse de”. En estas estratagemas de combatientes, hay un arte de las buenas pasadas, un placer de eludir las reglas de un espacio limitante. Destreza táctica y regocijante de una tecnicidad de una tecnicidad (Ídem). 
Las “masas” también incluyen a los sectores oprimidos socialmente que pueden localizar “tácticas” de resistencia y rebelión incluso al interior de los discursos comerciales. 
Calle 13 refiere a los “opresores” de este modo:
 “Soy la pesadilla del 'sueño americano'; Soy América, soy lo que dejaron;/ toda la sobra de lo que se robaron; /una fábrica de humo, /mano de obra campesina para tu consumo; /todo lo comparto con mis hermanos;/ soy la pesadilla del 'sueño americano' (“América”, Calle 13)
El grupo, además, ha intervenido en actos políticos proclamando esta defensa del patrimonio “americano” y en concreto la campaña política de algunos mandatarios americanos como Hugo Chávez y Evo Morales.
Ahora bien, debemos reconocer que el “juego” táctico de la música como “revolucionaria” o al menos “crítica” no es tan sencillo. 
Pero veamos, ahora, qué otros discursos de la música popular se rebelan al orden social y/o a los discursos hegemónicos, antes de firmar una sentencia sobre la música que aún está sentada sobre el banquillo de los acusados. 
El 24 de marzo de 1976 el Golpe de Estado dio inicio al período más oscuro y sangriento de la historia argentina. Todo, irremediablemente, se fue cayendo, menos la sangrienta maquinaria de las Fuerzas Armadas para matar, torturar y hacer desaparecer personas, y la fabulosa capacidad de los grupos económicos concentrados para hacer negocios en su provecho y sumir en la pobreza a la mayoría del pueblo argentino. En medio de esa noche oscura y penosa, el rock nacional dio una batalla que no fue casual. Los músicos de rock, considerados subversivos por el "orden" militar, sufrieron los embates de la dictadura y muchos se vieron obligados a irse del país. Otros buscaron resistir con su arte. Como se podía. Como los dejaban. Con la fuerza de su poesía. Por entonces, ser joven era ser "sospechoso", estar asociado a "cosas raras". Y cuando a la juventud se le anexaba una guitarra, un par de bafles o el pelo largo, la cosa se complicaba mucho más. Para muestra basta un botón: en noviembre de 1977, el almirante Emilio Massera dio un discurso en la Universidad del Salvador, e instó a no seguir el ejemplo de los jóvenes "que se inician en el rock y derivan en la guerrilla". 
Ahora bien, el rock “como pudo” dio batalla ideológica y, si bien prácticamente todos los grupos de rock debieron exiliarse simbólica o realmente de nuestro país -las alternativas eran partir o acallarse- el rock tuvo un impacto profundo de “resistencia”  a través de temas que fueron reinterpretados a la luz del contexto histórico o que, posteriormente al retorno de la democracia, instauraron la contracultura de la libertad política. 
Sin embargo, antes de declarar a la música popular “victoriosa” sobre las acusaciones que le pesan, es necesario ser cautos en torno a la noción de “resistencia” de Certeau. Para De Certeau, el concepto de  la “resistencia”, retomado por Semán y Míguez, “describe la posibilidad de que sectores en posición subalterna desarrollen acciones que puedan ser interpretadas por el analista o por los actores involucrados, como destinadas a señalar la relación de dominación o a modificarla” (Semán y Míguez, 2008: 33)
Ahora, si Certeau insiste en enfatizar las “distintas maneras de hacer” de los  consumidores y sus posibles “resistencias” frente a la dominación social, supone también una operación de captura de aquellas “maneras de hacer” que implican usos “inesperados, inadecuados y/o sorpresivos” por parte de los sectores dominantes (como refiere Kairos):
A efectos meramente ilustrativos basta revisar las  páginas de “No-Logo” y las descripciones sobre “los cazadores de lo cool” que contratan las empresas. La estrategia incorpora las “disidencias”, las apropia, las resignifica y si ello supone una reinvención, una actualización permanente de su ejercicio, también es cierto que no pone en riesgo la reproducción de la asimetría de la relación de fuerzas.
Volviendo al ejemplo del reggaetón, los efectos de la “neutralización” de las amenazas  de las letras frente a las grandes potencias (en especial el gobierno norteamericano) y frente a los comportamientos del gobierno portorriqueño  que buscan aplacar las disidencias, ya son visibles en  el género musical. 
Algunas muchachas “perreando” desenfrenadamente (exhibiendo en sus bailes los comportamientos “nocivos” que este estilo musical imparte sobre el género femenino como mero “servidor” sexual de los hombres)  y otros tantos varones en torno a ella bebiendo desaforadamente y consumiendo drogas ilegales no  parece ser el mejor ejemplo de “resistencia” frente a un poder hegemónico. 
La historia del reggaetón se asoció desde siempre con  los ciudadanos más pobres y negros del país (Puerto Rico) y su supuesta predisposición  hacia la violencia y la depravación sexual, por lo tanto fue hostigado oficialmente  como un vehículo criminal. De género “marginal” y “temido” por sus conductas “nocivas” el reggaetón pasó a ser casi un género “oficial” de la cultura portorriqueña cuando, en un acto simbólico la senadora Ana Lydia Vega, meneaba sus caderas al son de estas canciones, dándole al reggaetón una calurosa bienvenida. 
Se olvidaban, parece, los estadistas portorriqueños, como así también lo hacían los norteamericanos dueños de la industria musical más masiva del planeta cuando elogiaban al género y le daban a Calle 13 en 2006 tres grammys de aquéllas quejas al sistema y a la política global de Occidente en la política convencional con temas hip-hop como «Querido FBI», que  denunciaba el asesinato del líder independentista Filiberto Ojeda Ríos,  como así también la crítica de su vocalista, Residente, que  también se autodesignó como el «sistema  digestivo de la nación», transformando la basura del deseo y la política en  un nuevo lenguaje para criticar el statu quo. 
Otra rueda demoledora de resistencias subalternas, la del mercado y todo su aparataje a su servicio, parecía apagar todas aquellas quejas de los “morenitos” que reclamaban por sus derechos en la isla mediante el ingreso por la puerta grande del grupo Calle 13 a las salas de la fama internacional…. ¿o no?
Tomándonos un vuelo de prisa a Argentina, veamos que ocurre con dos géneros locales: la cumbia y el cuarteto, caracterizados por ser objeto de consumo de las clases más humildes de nuestro país.
La denominada “cumbia villera” representó en su dimensión simbólica los reclamos de nuevos sujetos denominados “pibes chorros”. El grupo Pibes Chorros surgió en 2001,  durante plena crisis del gobierno de Fernando De La Rúa. Los conjuntos precursores de la cumbia villera, si bien habían retratado la condición del “preso”, lo hacían desde la ética del  arrepentimiento o del acuso al estado o la “corrupción mayor”. En este caso, “Pibes Chorros”, establece muchos de los códigos del prototipo de “ladrón noble”  (roba al rico para dar al pobre) elaborados por Hobsbawm, “resistencia” del poder que se representa como opresivo re significacióndo “peligrosamente” al delincuente como víctima y no victimario, pero sin dejar de mencionar la violencia de estos sujetos excluidos, como podemos ver en la siguiente canción:
“Somos cinco amigos/chorros de profesión/no robamos a los pobres/porque no somos ratones/Buscamos la fija, entramos a un banco/pelamos los fierros/ y todos abajo” (Pibes chorros)
Otro género contestatario frente a la discriminación social es el cuarteto cordobés. El “héroe marginal” del cuarteto tiene un recorrido penoso y plagado de obstáculos de la miseria hacia la fama:
"Si, mi viejo era muy pobre/y no tenía pa´ darme de comer, /Dejé segundo grado /y tuve que salir a trabajar.../Sí, a veces yo hago changas /Y otras soy peón de albañil, /Pues no me dan trabajo /si no soy perito mercantil /La sociedad dice que soy un marginado más, / la misma que me usa, para poder escalar" (El Marginal, La Mona). 
En general cumple el rol de héroe romántico: "El héroe romántico por excelencia es el artista (…) Su propia naturaleza de genio le convierte ya en un rebelde: no sigue las normas de los otros, son los otros los que deben seguirle a él" (Aguirre, 1996: s/d). 
Esta cualidad sobre todo es visible en temas como "El renegado": 
"Me llaman el renegado/porque yo tengo mi propia ley /soy defensor de los pobres /abandonados sin un porque. /Me llaman el renegado/contra corriente yo viviré /luchar contra la injusticia /es mi destino y lo cumpliré /Renegado, renegado dicen que soy /porque lucho, contra el odio /el racismo y la explotación" (Renegado, La Mona). 
El héroe marginal siempre es un incomprendido por la sociedad y refuerza la posición del artista por sus cualidades idealistas y siempre entregadas altruistamente a defender sus valores morales, lo que lo hace incorruptible a las triquiñuelas del poder político o a las hipocresías del "ciudadano común".
En nuestro relevamiento sobre el cuarteto tomamos entrevistas a consumidores del género y en especial seguidores de “La Mona” quienes destacaron de él su “no caretaje” (autenticidad), “no venderse”, es decir seguir proclamándose un “muchacho de barrio” preocupado por la gente humilde, rescatando sus valores y recuperando de los entornos marginales las historias que canta-cuenta en sus letras. Incluso, hay un mito popular muy arraigado en la gente que dice que el cantante recoge esas historias marginales de sus letras de los mismos pobres: los presos, las prostitutas, la gente de la villa siendo en realidad estos personajes humildes los verdaderos “creadores” de los temas. 
Es cierto que los compositores  se inspiran en sucesos cotidianos y hasta en crónicas policiales para escribir sus canciones, por lo tanto es difícil negar la creencia popular de que son los mismos pobres los autores de los temas. ¿Quién puede renegar de la autoría de estos humildes cordobeses que dieron origen a las canciones?, ¿acaso su participación vital del hecho artístico no lo hace también parte central de esa literatura?, ¿y quién dijo que el pobre que escucha  a todo volumen a La Mona en el colectivo –sin auriculares “para afuera”-no está hablando y no sólo oyendo?
¿Puede la música popular ser revolucionaria?
Tal vez, si pensamos en revoluciones más lentas, silenciosas y dolorosas. El poder “revolucionario” de la música es un hecho atestiguado por la historia, pensemos si no en las implicancias políticas que tuvo el discurso hippie de los 60  y la beetlemanía en Europa y Norteamérica, inspirando a tantos jóvenes y creando conciencia ecológica, respeto por la diversidad social y cultural, enfrentándolos a los ataques políticos de los países en relación de dependencia y que además tuvo un legado importante en el auge feminista que promovió el uso de la píldora anticonceptiva. También así, el punk refundó los principios anarquistas y el rock tuvo su zona de influencia tanto en la etapa más atroz de la represión militar argentina como en el posterior retorno a la democracia, creando una contra-cultura opuesta a la opresión de los jóvenes. 
¿Puede la música popular como elemento de la tan renegada “cultura de masas” ser revolucionario o al menos contestatario a los regímenes de opresión, pese a estar en un permanente tironeo discursivo contra sus mismas condiciones de producción que fomentan el consumo pasivo, alienado y estereotipado para perpetuar sus ganancias?
La última palabra la tiene el receptor. Si los jóvenes comprenden  y reproducen los efectos reivindicativos de los géneros musicales hacia sus “raíces”, la protección de sus derechos, el cuestionamiento hacia las injusticias, los actos discriminatorios, y los “traducen” en actos socialmente significativos para ellos y su entorno o si se dejan “seducir” por los clichés de la maquinaria cultural que ahoga todo tipo de resistencia bajo la homogeneización de sus adeptos, ello depende mucho de nosotros, los comunicadores sociales, los educadores. 
Si la música puede salvar al pueblo de las ratas sin arrastrar a los niños hacia los profundos mares de la ignorancia y la alienación es un interrogante siempre abierto en nuestra sociedad de consumo cuyas batallas ganadas se cuentan con los dedos de una mano y las perdidas con cifras astronómicas. 

Bibliografía:

a Corpus:
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CARLOS “LA MONA”JIMÉNEZ (1995), TAPI y BRITO. “El marginal” en Cantor de Pueblo. Sony Music. Argentina.
CARLOS “LA MONA” JIMÉNEZ-TAPIA MANUEL LUIS-VILLARREAL JORGE RAMON (1996). “El renegado” en 15 GRANDES EXITOS. Sony Music. ARGENTINA.
CHARLY GARCÍA (1998). “Los Dinosaurios”. En 12 años. EMI. Argentina.
PIBES CHORROS. CABALLERO PAEZ RICHAR CESAR ANAGUSTINE ORLANDO DAVID. (2001) “Hay pibes chorros” en Los pibes chorros BGM Industria.
b- Teórica:
AGUIRRE, Joaquín M.A. (1996)  "Héroe y Sociedad: El tema del individuo superior en la literatura decimonónica. En Espéculo, Número 3. Ver: http://www.ucm.es/info/especulo/numero3/heroe.htm
BARBERO, Jesús Martín (2003) De los medios a las mediaciones. Editorial Andrés Bello. Colombia.
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CALLIGARIGO, Eugenia (2005) “Se dice de mí… apunte sobre los procesos de legitimación del tango-danza como expresión artística” en Vivir en la ciudad, espacios urbanos en disputa. Laborde Editor. Santa Fe.
DE CERTEAU, Michael (2007): La invención de lo cotidiano, tomo I. Ed. Nueva Visión. Bs. As.
HOBSBAWM, Eric (2003). Bandidos. Editorial Crítica. Barcelona.
HORKHEIMER, M. y ADORNO, T W (1969): Dialéctica del iluminismo. Editorial Sur. Bs. As. 1969. pp. 147
KUSCH, Rodolfo (2007): Indios porteños y dioses en Obras Completas, tomo I. Editorial Fundación Ross. Rosario.
MEDINA, Abal. (2007) “Notas sobre la noción de resistencia en Michel de Certeau” en KAIROS. Revista de Temas Sociales. Publicación de la Universidad Nacional de San Luis Año 11. Nº 20.
MÍGUEZ, Daniel (2010) Los pibes chorros. Estigma y marginación. Editorial Capital Intelectual. Bs. As.
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NEGRÓN, Frances Negrón, MUNTANER y RIVERA, Raquel. “Nación reggaetón” Este artículo fue publicado en la revista Nueva Sociedad No 223, septiembre-octubre de 2009. Disponible en http://www.nuso.org/upload/articulos/3630_1.pdf
SHKLOVSKI. V. (1991) “El arte como artificio” en Teoría de la literatura de los formalistas rusos. (Antología preparada y presentada por Tzvetan Todorov); Siglo XXI, México,(pp. 55-70)
SEMÁN, Pablo y MÍGUEZ, Daniel (2008).  “Música Popular y Resistencia: Los significados del Rock y de la Cumbia” en Resistencias y mediaciones: Estudios sobre la cultura popular. Ed. Paidós. Bs. As.

lunes, 6 de enero de 2014

Para Thelma y Nancy, que lo miran por TV. Córdoba y los abismos de la desigualdad: Por Pablo Semàn (Docente de la UBA, Doctor en Culturas Populares)

Córdoba y los abismos de la desigualdad

Tomado del sitio www.pabloseman.wordpress.com

 
 
 
 



Desde hace seis años viajo a córdoba varias veces por año y recorro algunos barrios, especialmente el barrio en que vivi cuando tenía entre 6 y 12 años. La ciudad no deja de asombrarme por las transformaciones que, me llama la atención, no estén más en primer plano en la crónica de los hechos de hoy. Seguramente el cuadro es incompleto y superficial, pero en algún grado todo lo que decimos de aquí en más, es parte de la ecuación del estallido.
Una de las grandes transformaciones de Córdoba capital son las ciudades dormitorios, satélites o como quiera llamárselas. Son el resultado de la erradicación de villas que ocupaban terrenos caros a la especulación inmobiliaria y al boom inmobiliario que trajo la recuperación económica de la provincia de la mano de la soja y la consolidación de la industria automotriz. Pero también son una herida en la
sociedad (y de esta herida difícilmente alguien se hace cargo). Las ciudades dormitorio eran la promesa de relocalización “justa” y con servicios suficientes para las nuevas unidades habitacionales. Resulto en unidades inmobiliariamente miserables y segregadas por un celoso cerco policial que retiene en esas ciudades a miles de ciudadanos que, por portación de edad, cara, zapatillas inconsistentes con el prejuicio del observador, etc son objeto de retenes policiales sistemáticos. Los retenes demoran, aíslan y ofenden. Este orden que se aceitaba con los recursos que el narcotráfico le derivaba a la policía ha perdido transitoriamente su lubricante. Las denuncias sobre el narcoescandalo traen penuria a los guardianes del orden, mientras la
inflación atiza el ánimo humillado de los excluidos de siempre en un contexto en que cierto estancamiento da lugar a más motivos de queja.
Me asombra, cada vez que voy, la ausencia, la debilidad relativa de la presencia numérica de aquellos sujetos que el racismo impiadoso de Córdoba podía llamar “negrazones”. Viví en Córdoba y la convivencia de descendientes de europeos, de sujetos que se reconocen como “blancos” y población hija del crisol de conquistadores, pueblos originarios, era una realidad problemática. El grado en que lo era esta grabado en la piedra aparentemente leve, pero ominosa, de un humor que por muy gracioso que sea “pone las cosas y los hombres en su lugar”. El famoso humor cordobés ordena y ordenaba las diferencias de clase y expresaba, muchas veces, no siempre, en la perspectiva blanca, el ridículo del “negro” en el salón. Las ciudades dormitorio segregaron geográficamente una población marcada por su pobreza y por su “biotipo”. Justamente: su circulación en la ciudad, en horarios y lugares rigurosamente vigilados, es la función de una policía que desde su sola presencia física es también temible. En tiempos normales en Córdoba hay mucha policía en la calle, en todos lados, especialmente en el centro y en donde “los negros no deben estar”. Mucha en serio. Policías que ademas de ostentar uniformes llamativos, armas, y patrulleros que van y vienen, son curiosamente grandotes. La policía en Córdoba me daba la impresión de ser una gendarmería permanente, beligerante y numerosa. Son un factor vital del orden social imperante. Ese orden social que aisló a “los negros” en las ciudades dormitorio. Y es de esperar que si se ausenta ese orden no funcione en automático.
Y no hay que dejar de observar la contraparte. Nueva Córdoba, barrio emblemático de los beneficios del boom de la soja, tiene verdulerías decoradas al modo de New York, vinerias finas, panaderías francesas, fotocopiadoras de lujo. Tiene de ese tipo de negocios en cantidades increíbles: uno de cada uno en cada cuadra en la que ademas siempre hay una casa de ropas de marcas personalizadas y locales nocturnos para la diversión de miles de estudiantes que vienen a estudiar desde las prósperas localidades vinculadas a la expansión del agronegocio. Todo para una población de estudiantes que no gasta menos de 20000 pesos mensuales y viaja habitualmente a EEUU, Europa y el caribe. No todos los habitantes de Nueva Córdoba viven así, pero hay mucha gente que en nueva Córdoba vive así. En la Nueva Córdoba los “negros” casi no tienen lugar: ni como dependientes de almacén, ni repositores o asistentes de limpieza. Hasta para esos “puestos viles” se ve la presencia dominante de hijos de colonos gringos más pobres, pero “blancos”. La de los “negros” es una presencia rara, que no amenaza por que, se sabe, está la policía que mira, para, expulsa al “invasor”. La policía garantizaba ese orden y en gran medida parasitaba de otro prospero negocio: el del tráfico de drogas.
Amigos míos, progres, mentan los peligros de la bajada de San Vicente, un barrio pobre, como si se tratase de Harlem retratado por los progres blancos de NY. Es obvio que con ese progresismo combatiente y colonial que habilitó la vulgata sociológica no se evita, en las expresiones cotidianas, la posibilidad de redoblar algo que no es más racista porque, además de todo, es muy clasista. Viajé a la bajada San Vicente y comprobé que la distancia entre el relato y la realidad que intuía iba a comprobar: era exactamente la misma que pude palpar cuarenta años antes cuando, violando la prohibición familiar, fuimos en bicicleta con los chicos del barrio a la “temible” bajada de San Vicente. Y descubrimos nada: sí, un barrio pobre más, unos peligros más, nada del otro mundo. Hasta los críticos han caido en las trampas del orden. Se lo entiende, entonces, a Andrés Rivera viviendo, obrando en Córdoba según la máxima “no ser un burgués es una teoría y una práctica” .
Volvamos al lenguaje “antiguo” que tal vez tenga algo para decirnos: es preciso trascender la posición de “fracción subordinada de la burguesía” y de “minoría blanca” para ver Córdoba con los ojos bien abiertos. Córdoba es entre otras cosas un cruce explosivo de lógicas de exclusión que dejaron en la desigualdad abisal, “gritante” y congelada, un “pueblo” entero. No reivindico el saqueo, no lo miro románticamente. Tampoco creo que sea sólo espontáneo, pero entiendo el carácter masivo del horror que emerge para todos lados cuando uno de los principales reaseguros de ese orden era la presencia constante, masiva, pedagógica, correctiva de una policía que desapareció de la ciudad. La córdoba dividida y desigualada a la fuerzan ha mostrado por un segundo la arquitectura y el dolor generalmente enmudecidos de su constitución social.

PD: el año pasado habíamos escrito, aquí mismo, algo sobre la exclusión en Córdoba. <http://wp.me/p2SPeH-1O >(cordobesismo y bantustanes).

lunes, 30 de diciembre de 2013

Cuando me muera quiero que me toquen.... Cuarteto! Historia de pibes cuarteteros





Denominación:

En 1943, las orquestas "características" (las que tocaban "de todo") tenían muchos integrantes encargados de tocar diversos instrumentos, pero ello encarecía el costo de las mismas, no sólo porque eran más para la repartija sino también porque ello hacía más difícil el traslado.

Cuando surge "La Leo", el primer grupo de "cuarteto" soló cuatro integrantes la conforman con sus cuatro instrumentos: Leonor Marzano (piano); Miguel Guelfo (acordeón) y Luis Cabrero (Violín) y también un cantante que hacía las veces de anunciante, Fernando Achával (voz).

Allí surge el término "cuarteto" como el más propicio para designar a ese nuevo género musical que surgiría casi por azar.

En la zona de inmigrantes rurales nace el género con reminiscencias de "paso doble"y "tarantela", que se hace único debido al compás del piano dado por Leonor Marzano (el tunga-tunga) a esos ritmos y el timbre del acordeón que le da su color o timbre especial. Tal es así que Jean Florine, -etnomusicóloga-, en su libro " Cuarteto Music and Dancing: In search of Tunga Tunga, certifica que realmente el gènero es único en el mundo por sus acordes.

La melodía "tipo" es lineal, repetida y sòlo conmocionada brevemente por ese piano de Leonor dándole acabado a cada segmento de notas con su "tunga tunga".
Los temas en un comienzo eran muy rudimentarios, facilitando el "tarareo" de los mismos con recursos onomatopéyicos.

Historia:

En la historia del cuarteto, podemos reconocer seis etapas:

1943-1955 Etapa fundacional y campesina, que luego tiene incidencia en provincias cercanas como Santa Fe, La Pampa y zona norte de Buenos Aires.

1956-1968 Etapa "suburbana" que liga su desarrollo a la ciudad con la pista de baile "El Negrito", lo que le da aún mayor popularidad y arraigo, sobre todo, en las clases populares sin poder adquisitivo para ir a bailes más caros.

1969-1973 Época de arraigo total, por medio de los carnavales en "Rieles Argentinos". El cuarteto es objeto de consumo de todas las clases sociales en Córdoba y tiene valor como "espectáculo familiar" que reúne a las diversas generaciones en su seno.
El "cuartetazo" coincide con el "Cordobazo" y muchos obreros y estudiantes toman al cuarteto como hecho social que vislumbra sus propios reclamos de equidad y justicia. El cuarteto, así, pasa a ser una bandera para muchos.

1974-1975 Difusión masiva a través de las radios y la televisión y hasta con programas propios. Carlos "La Mona" se hace conocido con el Cuarteto de Oro -antes era menos renombrado cuando estaba en el cuarteto Berna-.

1976-1981 Etapa oficialmente "anti-cuartetera", con temas censurados por La Dictadura y que acaso incidió en la "criminalización" de sus adeptos ya que se lo consideraba un baile "procaz y obsceno" (aún cuando antes había sido "familiar") e "incitador del delito", lo que también minó a otras formas populares como la cumbia en ascenso. (para màs información sobre la música cordobesa y la dictadura ver el CD de Mariano Medina para Abuelas de Plaza de Mayo en Córdoba). Los "cuarteteros de catacumbas" siguieron bailando a "escondidas" de la proscripción y acaso de sus mismos padres. Tal vez este período también sea incidente en el arraigo del cuarteto hacia sus adeptos jóvenes.

1982 hasta la fecha:  El "regreso" de los cuartetos a la escena masiva, sin censuras, no estuvo exento de problemas. En 1982, el director de Industria y Comercio de la Provincia de Córdoba encarnó la defensa institucional por el cuarteto hacia las radios que cometían "deseltad al público" al negarse a transmitir los cuartetos en sus frecuencias (Ver. Hepp, 1998: 82).
En 1988, Carlos Jiménez alza la voz en Cosquìn. Es el retorno de los cuartetos a la escena de los festivales populares. Alrededor de 20 mil personas pueblan los escasos asientos que que quedan ampliamente desbordados. El lema de aquél regreso fue "vuelve la alegría". En Córdoba, algunos comerciantes directamente cerraron sus negocios con el cartel "Me fui a Cosquìn".
Lamentablemente un episodio de violencia entre bandas de jóvenes opacó la fiesta y eso exacerbó más los ánimos de los que repudiaban al cuarteto.
A tal punto que La Mona interrumpió el recital ante el desmadre de los propios policías que amenazaban a jóvenes, ancianos y niños. "Vamos, ¿no ven que nos creen unos bárbaros?".

Para Hepp, las consignas "Civilización o Barbarie" ubicaban al rock inglés y al remixado  en la primera designación y al cuarteto en la segunda.`

Se apagaba así el telón de la tolerancia. Con los años del período menemista este hecho se afianzaría aún más.  Fomentado por la construcción de "barrios-ciudades" como "ghetos" de pobres. Con una disminución de la propuesta "cuartetera" en las radios y con canciones que se hicieron cada vez más  sociales. El término "cuartetero" vino a ser un sinónimo de "delincuente" para algunos.

Sin embargo, esto provocó alianzas con otros sectores musicales "criminalizados" por la dictadura, como el rock local o el folclore y ubicó al cuarteto en la lucha por la memoria y la dignidad de los oprimidos por razones políticas y sociales.  

El nuevo siglo encuentra al cuarteto en una zona de progresiva "institucionalización", los gobiernos locales lo legitiman permanentemente como hecho popular y hasta se valen de sus figuras para candidatearse. Sin embargo, poco se hace por mejorar realmente las condiciones de vida de esos "pobres" que escuchan cuartetos.
Algunas pautas legales como el Nuevo Código de Faltas y en especial "la ley de Merodeo" (que permite detenciones por pre-suntos rasgos sospechosos) vuelven a provocar la división social y el sufrimiento de las clases populares, en especial los jóvenes.

Ante la inusitada situación de "legitimación pública" y "discriminación interna", el cuarteto crece y forma alianzas e intercambios musicales con otros géneros como el reggaetón, la cumbia, el merengue, la salsa.

El "Rodrigazo" (pero musical) selló la emergencia del cuarteto en Buenos Aires. Tal vez era Rodrigo la figura más propicia para lograrlo: carilindo y rubio, era sin duda una figura más asimilable para algunos que cantantes como La Mona o Pelusa. Eso lo dicen los propios "moneros" que también tienen sus reservas para grupos como La Barra.

Todavía hay mucha tela para cortar con el cuarteto y esto es el primer vistazo nada más a un fenómeno cordobés y popular... único en el mundo.

Próximamente: Escaneado del libro "La Mona"...

Ver:

Hepp. Osvaldo. T. La soledad de los cuartetos. 1988. Editorial Letra. Córdoba.





miércoles, 25 de diciembre de 2013

Consideraciones sobre la representaciòn de lo marginal en las literaturas de Còrdoba

"El Marginal me llaman": Tensiones en torno a las posibilidades de representación de la marginalidad, sus estrategias y retóricas discursivas en las "literaturas" de Córdoba.


Proyecto de Doctorado en Letras, aprobado en diciembre de 2010, financiado por CONICET. Universidad Nacional de Córdoba.  Director: Pablo Heredia.






Marginalidad:
El término "marginal" es cercano al de otros como, "pobreza", "subalternidad" u "otredad", por eso retomaremos los aspectos que de éstos últimos conceptos nos permitan comprender el corpus seleccionado.

Sin embargo, cabe aclarar que por "marginal" no entendemos un equivalente a "subalterno" sino, retomando la doctrina marxista, al de "lumpen proletariado", término  de origen alemán  con el que se designa a la población situada socialmente "al margen" o debajo del proletariado , desde el punto de vista de sus condiciones de trabajo y de vida, formado por las poblaciones no incorporadas al sistema formal de la economìa


Representaciones:
 

Ángel Rama escribe en un ensayo de 1974, que en "estos momentos se ha formado un proletariado que conforma una baja clase media y hay un sector marginalizado, en su mayoría de procedencia rural, pero de reciente urbanización gracias al proceso de industralización y de ampliación de las ciudades en este siglo".

Ésta forma una subcultura dominada y religada subterráneamente a una herencia criolla premoderna y precapitalista, depositaria de antiguas tradiciones rurales aún supervivientes bajo la cáscara industrial modernizada (250). Son los exponentes que Lewis describe en Los Hijos de Sanchez (1959)

La literatura ha revelado el nivel expresivo de ésta a través de productos como el sainete grotesco de los años 20 o los músicos y letristas del mismo período (250).
La cultura dominada –dice- nos es un "producto químicamente puro" , por lo cual "es frecuente que acarree y defienda formas tradicionales que pueden estimarse espurias por ser contradictorias a sus propios intereses, pero que son conservadas por las por la persistencia propia de las adquisiciones hechas en el pasado aunque haya sido por imposición de los sectores dirigentes de la vieja sociedad" (252), pero hay momentos en que se tornan notorias y perfiladas las culturas cuando se produce la irrupción de las masas marginadas, como sucedió en Argentina en 1943- período de emergencia social retratado en el "Poema Conjetural" de Borges (252), allí entran las "fuerzas en pugna" entre las culturas. Cabe aclarar que Argentina y Uruguay son singulares, pues son "sociedades transplantadas", marcadas por su filiación europea mayoritaria y dominante que comparten las culturas en pugna, a diferencia de aquéllos países donde la tensión radica entre la cultura autóctona y la española, que no supo destruir ni asimilarla, limitándose a congelarla (253). Ribeiro, sin embargo, anota la "pervivencia de las etnias originarias en los "cabecitas negras que comienzan a ascender a la condición de obreros de la industria" y se encuentran a medio camino entre comportamientos rurales y urbanos (254).


"Una de las sabidurías de l proyecto oficial de la cultura dominante consistió en no negar e ignorar (como hicieron las culturas andinas de dominación) a los productos de las subculturas, sino que se los integró al plan de encuadre ideológico, claro está, neutralizándolos y despojándolos de sus violencias reivindicativas" (255). De José Hernández a Gabino Eseiza, del pericón al tango, del gaucho al compadrito, de Florencio Sánchez a los saineteros, todo producto de las subculturas fue molido en la rueda del plan de dominación (255).

Autores como Marechal ubican arquetipos en las culturas dominadas.

Walsh desemboca, sin embargo, en un género que pertenece muy ahincamente al imaginario de las clases populares (…) y en la tradición nacional de la misma subcultura popular. Se trata de los "dramas policiales", como tituló a una parte de su abundante producción folletinesca el primer novelista popular que tuvo América Latina, el argentino Eduardo Gutiérrez (1851-1889) quien espigó historias reales de "gauchos malos" en los archivos de la policía (278).

En los libros de Walsh, "el resorte de la obra no es meramente la investigación de un hecho de sangre hasta descubrir al asesino (como en los modelos del género que descansan sin decirlo sobre la confianza en la imparcialidad y eficacia de la justicia) sino que buena parte trata de la lucha contra la venalidad judicial, las triquiñuelas abogadiles que enredan la verdad, las palancas que maneja el poder político para deformar la acción de la justicia. Si estos volúmenes reestablecen una verdad, es en oposición a los tribunales que instauran silencio o injusticia. Estábamos, como pensaba Gramsci, ante una de las aspiraciones vehementes de las culturas sometidas, para las cuales el aparato judicial fue un instrumento para aplastarlas y para justificar a los grupos sociales superiores" (278)


Contextos:

Desde su surgimiento en 1943, con respecto al cuarteto algunos sismos se ven representados en sus letras: el ascenso del peronismo, el cordobazo y las luchas obreras (que coinciden con el fenòmeno del "cuartetazo" y su valor en la clases populares, los estudiantes y los obreros), el menemismo o neoliberalismo, la dictadura (recordemos que sistemàticamente los temas de cuarteto fueron censurados en dicha època) y hasta el kirchnerismo hasta esta parte.

En Còrdoba, el cuarteto tambièn ha acompañado muchas luchas concretas y tal vez la màs relevante desde hace un tiempo haya sido su rechazo al Còdigo de Faltas vigente y en especial al punto sobre "merodeo" como causal de retenciòn legìtima de la libertad en nuestra provincia.

Sin embargo, los testimonios de excluidos que reflejan los cuartetos parecen ser, si no indiferentes, por lo menos independientes de los procesos sociales en los que surgen siendo reiterativos y practicamente invariables desde los inicios de la humanidad hasta esta parte y con figuras actanciales bien claras y delimitadas (el pobre como vìctima, el poderoso como torturador, etc.) e incluso con ciertos rasgos míticos.



Retóricas, estéticas.


En cuanto, a la representación de la marginalidad, podemos decir que algunos de los relatos de nuestro corpus (selección de letras de cuarteto y de obras de Horacio Sotelo) pueden incorporarse en las llamadas "ficciones de la exclusión" de Ludmer (retomando un segmento específico de su análisis sobre este término y dejando de lado otras características de éste que no se ajustan a nuestro objeto de estudio):

"las diferencias entre el corpus de ficciones de exclusión y otras series o géneros narrativos dependen, por lo tanto, del lugar de la construcción de subjetividades (aquí la del delincuente y no la de la víctima o del investigador), del nivel del registro verbal (medio, y no alto ni popular), y de la representación del Estado como ilegítimo" (Ludmer, 1992: s/d).

En nuestro trabajo sobre los textos de Sotelo y La Mona, referidos a los ladrones, hemos también retomado las nociones de Eric Hobsbawm sobre los "estereotipos" de "bandidos nobles", cuyas características se articulan en la superficie de los textos discursivos a los que hicimos mención.

Hemos analizado, además la singular condición de "escritor excluido" de Horacio Sotelo en la literatura argentina:

"Del subalterno, en cambio, aparece la voz, dado que su oposición con la cultura hegemónica se basa en poseer una forma de transmisión oral. Por eso, cuando ingresa a la representación literaria, puede ocurrir que el subalterno hable, cante o cuente (…). Recién cuando la rueda ha girado, cuando el subalterno ha dado a sí mismo la escritura, cuando cuenta su vida sin el marco de otra voz letrada que lo controle, es posible situarse en el narrador que, desde la impersonalidad del sujeto colectivo, cuente la vida de los hombres ordinarios y su relación con el poder represivo; la verdadera episteme del presente (Dómine, 119-213)

Miradas:

Por otro lado, siguiendo a Horacio González, podemos decir que "se pueden distinguir tres usos ideológicos del concepto de pobreza, según las atribuciones que se hagan al sujeto involucrado: así hay un "pobre" del cual se hacen cargo las ideologías evangélico revolucionarias surgidas del ciclo de la industrialización; un "pobre" construido por las tradiciones picaresco-románticas y otro vinculado a un legado de saberes más modernos, propio de las ciencias sociales contemporáneas" (287)

La segunda visión está articulada en torno a un lumpen que podría regenerar la sociedad a partir de un estado de desposesión radical, apta para la reconstrucción del tejido social. En el comunismo redentista de Wilting se encuentran similares elementos ideológicos, basados en el delincuente, en el "pobre" del nuevo cristianismo y en el ladrón justiciero y sagrado."

No son hombres asidos por la esclavitud del trabajo, por eso funcionan como trama vital, inasimilable por la cultura dominante.

La picaresca está ante el reverso de la visión evangélico- revolucionaria, pues se trata de percibir al pobre como dotado de una fuerte cultura de subsistencia, cultura sentada en recursos, estratagemas y sabidurías más o menos ilegales (290)
La visión sociológica entiende la sociedad "como un cruce de conceptos –entre las necesidades y la producción de bienes- que no afecta la comprensión de los procesos que tienen su centralidad en la estructura social. Al contrario, ésta es la tradición sociológica para la cual tiene un alto grado de visibilidad la realidad estratificada en clases, grupos u otras posiciones ligadas a la diversidad de identidades colectivas creadas por eventos productivos, culturales, normativos y otros" (Ibíd., 295). Esta perspectiva sociológica, entendida como un ángulo científico de las ciencias sociales, se inaugura a fines del XIX y principios del XX con posturas "pesimistamente realistas" como las de Hegel, Smith y Malthus entre otros.



En conclusión, según Horacio González, el concepto de pobreza puede ser usado desde tres visiones ideológicas: la visión sociológica, para la cual la miseria es irremediable y constituye una categoría propia de la economía en las sociedades modernas; la visión picaresco romántica para la que el pobre es un sujeto que ha generado con habilidad métodos de supervivencia, herramientas alternativas y no es caracterizado por la carencia; y, por último, la visión evangélico revolucionaria que percibe al pobre como un desposeído digno de la caridad del prójimo y símbolo del padecimiento de Cristo.

 
Podemos incluir dentro de la primera visión algunas canciones de La Mona Jiménez como "Abran la Reja" o "El Hijo de Nadie" donde se ofrece una visión marcadamente pesimista sobre las posibilidades de ascenso social de los marginados, condenados –al parecer- a una eterna postración dentro de sus carencias fundamentales.


En la segunda visión, podemos ubicar a la novela Un guacho apellidado Paz de José Luis Bigi, que narra las aventuras de un cartonero y vendedor ambulante involucrado por un azaroso encuentro con la "alta sociedad" de Córdoba o el libro de cuentos Los habitantes del abismo de Horacio Sotelo, que comenta los intrincados dilemas a los que se someten cada día los limpiavidrios cordobeses subsistiendo en penosas condiciones, en donde la narración, en ambos casos, si bien destaca la carencia de los sujetos, se centra además en sus posibilidades para establecer tácticas alternativas de subsistencia.

En último lugar, podemos hallar la visión "evangélico revolucionaria" en algunos de los poemas del Padre Mariani, con motivo de la última dictadura militar como "Mueren en las calles" o "La Palabra es Historia".

Lo "marginal" asociado al "hampa" y al "otro" como "peligroso" es motivo de los policiales: Cuesta Abajo de Fernando Stefanich, que narra la increíble confesión de un supuesto hijo de Carlos Gardel que involucra al mítico cantante con la historia de una secta que pretende destruir al tango por la incòmoda nostalgia que provoca en el pùblico.

Carolina Ramallo nos recuerda que, para Nicolás Rosa, la pobreza es inenarrabale, pero sí argumentable (por ejemplo en el discurso de la iglesia católica y del anarquismo- razón y pasión- respectivamente).

En este sentido hay, para el autor, tres retóricas posibles para estas escrituras: el populismo manierista (pop art, reciclaje de la escoria cultural); el populismo arcádico (idealización de la miseria) y el populismo fúnebre (vinculado ideológicamente con el anarquismo crístico a lo "Castelnuovo.

 

Para Forastelli: "Una segunda cuestión que se deriva es que el problema de la pobreza en la literatura se realiza en términos que, desde el punto de vista semiótico estructuralista, se ubican exclusivamente en el nivel de la enunciación como problema de verosimilitud y veridicción sin excluir las pasiones hacia los subalternos" con lo cual son determinados modos de comprender el fenòmeno que median entre las ideas de los agentes sociales y su particular inserciòn socio-cultural y en sus modos de reabsorber otros discursos que abordan el problema sin excluir incluso al "sentido comùn" de la poblaciòn en que se incriben (hecho que muchas veces es ironizado tambièn por algunos relatos, hemos hablado en otro caso de los relatos de Ventura, Massei-Aguirre y Llamosas).

 


Tácticas y resistencias:

Según De Certeau hay que preguntarse por los esquemas de operaciones discursivas que distinguen las "maneras de hacer" de los discursos, es decir, la capacidad performativa de éstos: mientras que "la estrategia radica en distinguir de un ´medio ambiente´ hechizado por los poderes invisibles del Otro lo que es ‘propio´, su lugar de poder y de voluntad", la táctica, en cambio "es el arte del débil que, sin un lugar propio, sin visión globalizadora, gobernada por los azares del tiempo, se encuentra determinada precisamente por la ausencia de un poder" (De Certeau, 2006: 44-45).

Michael De Certeau, advierte que los sectores marginales carecen de espacios propios de difusión y legitimación discursiva. He aquí que no se puede hablar, en su caso, de estrategias sino de tácticas. Para el investigador francés, debiéramos preocuparnos actualmente por revisar esas "tácticas" entre los intersticios de la industria de comunicación masiva, entender de qué manera, los "usos" o las maneras de consumir estos productos, permiten a estos sujetos subalternos ejercitar -en espacios que no le son propios, y a través de desplazamientos, resignificaciones y reforzamientos identitarios- prácticas de subsistencias discursivas y rebeliones ideológicas frente al poder hegemónico que los oprime en cada caso.

Autores como Míguez, Semán, Alabarces y Rodríguez, entre otros, han sentado un precedente sobre este tipo de análisis en torno a los productos consumidos por las clases bajas. Los dos últimos incorporan la noción de "resistencia" para abordar en su libro los cánticos de las hinchadas de fútbol, el "aguante" de los rockeros, y la devoción de las "bailanteras" de cumbia entre otros fenómenos urbanos vinculados a las zonas de pobreza en el conurbano bonaerense principalmente.

Para ellos, "la noción de resistencia describe la posibilidad de que sectores en posición subalterna desarrollen acciones que puedan ser interpretadas por el analista o por los actores involucrados, como destinadas a señalar la relación de dominación o a modificarla", lo que finalmente pretende "modificar la situación de dominación mediante el desarrollo de prácticas alternativas que tiendan a la producción de nueva hegemonía" (Alabarces y Rodríguez, 2008: 33).
Míguez y Semán introducen una nueva perspectiva al panorama de la relación compleja entre "pobreza y cultura" con su concepto de "fuerza", que persigue una posición jerárquica de los sectores populares conjugando una potencia que es, al mismo tiempo, física y moral: "La fortaleza –dice- es una actitud vital que se manifiesta de diversas formas en mujeres, niños y hombres, pero lo que tiene en común es que otorga prestigio por canales alternativos a los convencionales, haciendo uso de las formas de capital simbólico, físico o cultural accesibles a los sectores desfavorecidos y no tan presentes en los demás estamentos sociales y generando sus propias reglas de validación y reconocimiento" (Miguez y Semán, 2006: 17).


Hemos abordado el concepto de "fuerza" y su uso en los relatos de fùtbol de Maretto -El Zonda- y El Gringo Ramia -Devuelvan la pelota- donde, por ejemplo, los "pibes" retoman el ideal maradoniano y hacen despliegue de talento y gambeteada para revertir su subordinaciòn social de manera no convencional al relato formal de ascenso econòmico por vìa laboral o educativa.

Con el aporte de estas teorías, tambièn hemos analizado en nuestro corpus de cuarteto las posibles "tácticas", "resistencias" y "fortalezas" que pueden proveer estos discursos a los sectores humildes que los consumen mediante la representación de los marginales como sujetos de poder.

Desde la configuración de los bandidos, que desafían los imperativos de la sociedad capitalista y se erigen bajo el identikit del "ladrón noble" (categoría desarrollada por Hobsbawm en sus estudios sobre los bandidos rurales) que, cual Robin Hood, "roban al rico para dar al pobre", pasando por la descripción de las prostitutas como figuras fuertes que desafían los mandatos sociales de su comunidad al tomar "el control" en las relaciones amorosas (siguiendo los estudios de Simmel), hasta los "buscavidas" -o "vagabundos"- que se ufanan de resistirse a alienarse en los moldes de las estructuras formales de trabajo y pueden llamarse "artistas".

Para Silvia Barei, es imprescindible en el caso de los discursos populares ubicar los textos el polisistema de la cultura en la que dialogan, en este caso, la literatura cordobesa, pero esto siempre debe hacerse bajo una perspectiva (ya que lògicamente es una tarea utópica recoger todos los discursos que conforman esa unidad).

Por tal motivo, hemos decidido, trabajar con diversos fragmentos del discurso social y, en especial masivo, que abordan también lo marginal, en especial desde las formas "literarias": grafittis, cancioneros populares, historietas, canciones de otros gèneros musicales (tango, rock, cuarteto, cumbia, reggaetòn)

 

 


Pùblicos:

Esta tarea también nos permite ver cómo, en función de los posibles públicos receptores, la representación de la marginalidad se ve afectada por el contexto de la enunciación e incluso por las posibles estrategias persuasivas orientadas al pùblico que puede localizarse en ellas. Por otro lado, podemos percibir (siguiendo la línea de estudios centrales compilados por Zubieta acerca de los usos letrados de la cultura popular) que para los autores que recogen esta problemática social (la marginalidad), la representación de sujetos marginales, propicia estrategias de posicionamiento, reubicación, afirmación, y resistencia de estos agentes sociales frente a los otros textos que dialogan con ellos desde el "canon" literario.


Campo Literario:
Si abordamos a la "literatura cordobesa" como un "campo" desde la nociòn de Bourdieu, podrìamos ver de què manera el uso del referente "marginal" sirve para escalar posiciones en ese campo, para demostrar ciertas pautas de veridicciòn, de interès y hasta recepciones favorables de la crìtica (aùn sin ser conscientes estos "usos" en todos los casos.

No cabe duda de que la mera mención de la palabra canon arrastra de inmediato otra palabra, marginalidad, que parece serle no sólo complementaria sino también subordinada;  en ese sentido, ésta no termina de comprenderse sino en relación con aquella. El canon, lo canónico, sería lo regular, lo establecido, lo admitido como garantía de un sistema mientras que la marginalidad es lo que se aparta voluntariamente o lo que resulta apartado porque, precisamente, no admite o no entiende la exigencia canónica (Jitrick, 2003: 19).

En cuanto a algunas experiencias como "Libros Son", hemos destacado que las formas "al margen" (en lo externo y en lo poètico) constituyen cierto desprendimiento voluntario del mercado masivo que buscarìa legitimar esos discursos desde sus tendencias vanguardistas imbricadas con un posicionamiento "marginal" del arte que tiee gran interès por las representaciones de los "marginados" sociales y las formas en desuso o residuales del discurso literario (el còmic, el chiste vulgar, la superposiciòn de gèneros o el "pop art" del que hablaba Rosa).

 


Literaturas marginales:

 

Como resultado de mi investigación sobre la configuración de la "cultura popular" en torno a la producción, la reproducción y la recepción del género musical "cuarteto"; he creído conveniente utilizar el término "literatura marginal" para referirme a este objeto de estudio.

Básicamente entiendo este concepto como una literatura "otra" que está fuera del canon de "La Literatura" legitimada por el aval de la academia, y que, además, involucra códigos diferentes para interpretarla que merecen rever el campo de la crítica literaria para encontrar una metodología acorde al estudio de este tipo de producciones discursivas, bajo cuyo nombre bien podemos incluir a la cumbia, a un segmento del rock actual y a las primeras manifestaciones de tango en nuestro país, entre otras expresiones artístico literarias. Si fuera el rasgo de "poetización" de lo "mundano" la cualidad definitoria de la literatura o simplemente su "oscurecimiento" de la forma real (según Shlowsky) , esto perjudicarìa el
 "ingreso" de algunos temas, que son por demás "simples" y carentes de casi todo "adorno simbólico",  a tal definición. Si bien Mucarovsky coincide con el formalismo en el hecho de que lo que se precia de estético tiene que ver con una atracción del receptor hacia las formas;considera que ello no es exclusivo del "arte" sino que hasta una disposición de las carnes en las góndolas puede tener dicho valor para el público/consumidor. Como señala Boria, así también quienes denigran al cuarteto por sus formas están tomando criterios artísticos en sus argumentos (Boria, 1998, 149). No obstante, hemos tomado una doble mirada sobre la cuestión del cuarteto y sus letras. Por un lado, reconocer que es un producto marginado del concepto de "bellas letras" que define desde muchas escuelas a nuestro objeto de estudio. Además comprender que sus modos de circulación son también singulares.
Por el otro, poner en diálogo ese compendio de temas con la Historia de la Literatura Argentina
y los entrecrucamientos permanentes con obras de la Cultura Letrada que han influenciado a los
compositores sin duda.

Si bien no se puede calificar como "marginales" a quienes escriben estas letras de cuarteto, todos los estudios consultados sobre este ritmo subrayan (hecho que puede ser comprobado empíricamente) que sus principales receptores provienen de las clases bajas, tema que renueva en sus letras la tensión existente en la dicotomía sarmientina "civilización o barbarie", de la que se hace eco buena parte de la sociedad en nuestra provincia.

El proceso de "identificación" que se produce entre el emisor cantante (en este caso hemos, por el momento, acotado nuestro estudio a las canciones de Carlos La Mona Jiménez) y el público receptor de las características mencionadas, nos permite incorporar la definición de "mediación" propuesta inicialmente por Jesús Martín Barbero, como herramienta útil para su análisis.


Proyecciòn:

Otras retóricas de autores no "marginados" vuelven sobre la esfera de la marginación como rasgo de la "cultura popular" reprimida por el pensamiento "burgués" (idea retomada por autores como kusch y De Certeau entre otros).

Esto producirìa a su vez dos fenómenos: 1) La re-presentación de lo "popular" quedarìa circunspecta a un espacio reprimido por el pensamiento "racional" que irrumpe ante determinadas situaciones provistas por la trama narrativa y 2) con ello se duplicarìa el efecto que la "cultura popular" generarìa en el entorno "real" del receptor por un pensamiento "burgués/civilizado/occidental" que lo niega y le permite vivienciarlo -a modo de catarsis- a través de la ficción, en las historias y personajes marginales.

Hemos dividido estas retóricas en tres grupos:

1) Los imaginarios de la subalternidad que en los textos seleccionados funcionan sobre la base de distintos esquemas articulados con las poéticas de cada autor: a. La transposición mental de la angustia neurótica en el flaneur melancólico o narrador-vagabundo que capta la pobreza circundante en las autobiografías de Wiellikosielek y Ferreyra; b. La concepción estética de la poesía como atributo no burgués transfigurada en la reconstrucción del poeta-mendigo y en la representación "absurda" y "surrealista" de la vida moderna como gesto además subversivo del discurso de la locura (Foucault) en el verso de Pros. c. La construcción del escritor-marginal como posibilidad de concreción del relato en el "realismo sucio" de Pablo Giordano.
2) las diversas representaciones de los marginados acordes a los rasgos propios de los géneros discursivos en los que se insertan (el género policial -y dentro de él las llamadas "ficciones de la exclusión" –Ludmer-, el género fantástico, la viñeta humorística, el relato picaresco) y sus maneras de cuestionar el orden burgués y el régimen capitalista mediante esos mismos usos: La mirada "fantástica" del personaje subalterno que encierra con ironía y sarcasmo una crítica social al sistema capitalista donde la noción de "subalterno" equivale a "surreal" debido a los rasgos de "invisibilidad" de los marginales en el paisaje cordobés (Ventura, Massei y Aguirre), los efectos de temor que genera el "otro" social como amenazante del orden burgués cuando en los relatos no son sino los mismos burgueses los verdaderos seres "siniestros" que pueden- y lo hacen- herir a la sociedad (Ventura), el sobrecogimiento generado también por la irrupción de la "barbarie" en la "civilización" hasta tornarse fantástico en la sarcástica idea de una boda interrumpida por los desaforados y simiescos parientes "pobres" del novio (Llamosas); la presencia policial del pobre que es interpelado por el poder –en este caso por los agentes del orden- como querellante o victimario en los cuentos del comisario Víctor Retamoza y también los cuestionamientos al orden policial como mero agente de la propiedad y los intereses burgueses en la novela negra de Sotelo y en varias letras de cuarteto que siguen el ideario de los "bandidos nobles" en las "ficciones de la exclusión" descriptas arriba y, por último, los ejemplos de crítica social encarnados por personajes marginados que buscan subvertir o bien cuestionar el orden social y los discursos hegemónicos excluyentes mediante el humor (capacidad inherente a él, como señala Barriaga, entre otros), tal es el caso de las viñetas: "Calito" de Gómez, "Primer Mundo" de Peyro y "Jerónimo" de Salas, así como lo hacen Grimaut y Romanzini mediante el tono no sólo risueño sino también "picaresco" de sus relatos donde los marginados emplean diversas estrategias para subsistir en su pobreza.


, 3) la incorporación de algunos discursos sociales (político, religioso, amoroso) desde los cuales ingresa la "voz" del subalterno desde distintas miradas que abarcan desde el germen revolucionario de su subalternidad ("La puta patria", "Limones para una sangría"), pasando por la comprensión evangélico-revolucionaria surgida del ciclo de la industrialización que asume una visión "piadosa" sobre el "otro" y a menudo lo inserta en una comprensión más amplia del cristianismo como un hecho verdaderamente redentor (Poemas del Padre Mariani) y culminado en la reivindicación del dominado mediante su autonomía sexual, la libertad sobre su cuerpo y su derecho al placer en la novela erótica (Orgasmo, Sexilia).


CORPUS:

Por motivos de espacio no remitimos procedencias bibliográficas.

AAVV. (2011). Poemas desde el Neuro; AAVV. (2010). La puta patria; AAVV, Páginas del Arcoiris (2013, relatos del hogar Padre Hurtado) ALMEIDA, Eugenia (2012) La pieza del fondo; BIGI, José Luis (1990): Un guacho apellidado Paz; CALLEJÓN CON SALIDA. (2013) Selección de grafittis; AAVV. Los ambulantes de la verdad (relatos escogidos del hogar de día Sol de Noche); CHUMBI Y GÓMEZ. Calito (1998 a 2013) Selección de historietas en revista La Luciérnaga; FERREYRA, Iván. (2005). El resentimiento; GIORDANO, Pablo. (2011) Chozas; GRIMAUT, Azor, Ancua (2009) y Cordobeseando (1998); JIMENEZ, Carlos (1985 a 2013) Selección de temas; LÓPEZ, Manuel. (2013). Selección de canciones reproducidas en el transporte urbano; MARIANI, José Guillermo. (2003) Selección de poemas en MEDINA, Mariano. La pisada del unicornio. CD Room Publicado por Fundación Abuelas de Plaza de Mayo en Córdoba y Poemas desde la trinchera del ocaso (2009); LLAMOSAS, Esteban (2007). "La boda Melman-Gorosito" en Decamerón cordobés. Libro III: Crímenes; LUZ, Cristina (2006). Orgasmo; MARRETO, Adolfo. (2006). El zonda. Una historia a la cordobesa. MASSEI y AGUIRRE (2010) Nadie; PEYRÓ (2013) Primer Mundo; PROS, Ramiro (2009 a 2013) El Talonario, La tierra es glotona, Sombra Compacta; SALAS (2013) Jerónimo. Selección de viñetas, STEFANICH, Fernando (1999) Cuesta Abajo; SALZANO, Daniel (2013), Salzano y Córdoba, Salzano y el arte, Salzano y el deporte, Salzano y el mundo; SOTELO, Horacio (2005 a 2010) Selección de textos en revista La Luciérnaga, número 92 a 145 y Obras completas -2003 a 2005- (Alias Árbol, Los versos del ladrón, Cavernas; A vuelo de pájaro, Los habitantes del abismo); TOLEDO, Gonzalo. Limones para una sangría (2011)TEJERINA, Lucas (2001). Poemas Cuarteteros ; VENTURA, Luisa (2009). Cuentos cordobeses de terror; WIELLIKOSELIEK, Iván. Los ojos de Sharon Tate (2011) y Desarmadero de hombres (1997); RETAMOZA, Víctor (1996). Chanfles en acción. ROMANZINI, Arturo (1978). Córdoba y su anecdotario y PANKO, Roberto. (1998). Sexilia.


Bibliografía Básica:

Alabarces, Pablo y Rodríguez, María Graciela (compiladores), (2008). Resistencias y mediaciones, estudios sobre cultura popular. Editorial Paidós. Buenos Aires.


Barbero, Jesús Martín (2003). De los medios a las mediaciones: comunicación, cultura y hegemonía. Convenio Andrés Bello. Bogotá.


Barei, Silvia (1993). El sentido de la fiesta en la cultura popular: Los cuartetos de Córdoba. Alción Editoral. Córdoba.


Boria Adriana, la representación del discurso amoroso en las letras de La Mona en La Sociedad del Espectáculo en Córdoba.  (149)

De Certeau, Michael (2006). La invención de lo cotidiano (I) Universidad Iberoamericana. Departamento de Historia. Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente. 2006.

Hosbbawm, Eric (2003). Bandidos. Editorial Crítica, Barcelona
Jitrick, Noé (1998) "El devenir de una palabra" en Cella, Susana –compiladora- Dominios de la literatura: Acerca del canon. Editorial Losada. Buenos Aires. Págs. 19 a 41.


Semán, Pablo y Míguez, Daniel. (2006) Entre santos, cumbias y piquetes. Las culturas populares en la Argentina reciente, Buenos Aires, Editorial Biblos.

SIMMEL, George (2007). "La libertad y la dominación de la mujer" en De la esencia de la cultura, Prometeo Libros. Págs. 58 a 60.

ZUBIETA, Ana María (1999). Letrados iletrados: representaciones de lo popular en la literatura. Editorial Universitaria de Buenos Aires SEM.


Notas:

1. "Esta percepción se apoya, por ejemplo, en una diferencia de foco y posición de la enunciación. En los modos elegíacos y paternalistas, ya fueran revolucionarios, ya compensatorios ("la vida es demasiado pobre para no ser también inmortal" decía Borges), la posición enunciativa no sólo miraba desde arriba en un gesto omnisciente y constituyente, sino que buscaba una suerte de elevación por la belleza, el heroísmo o el trabajo honesto…" (Forastelli)

 

2. "Paradójicamente, el intercambio sexual y el pasajero contrato de retribución económica son el régimen de lo mismo, que excede aquello cuya repetición encarna, al reinscribir la legalidad del contrato económico, del intercambio y la retribución monetaria del placer (valores admitidos, pilares máximos del funcionamiento social) en una zona de ilegitimidad,a-socialidad y de posible interrupción por robo, anulación, ruptura violenta o falseamiento de contrato" (Panesi, 2004: 346)

Y lo que llamamos ´la zona´ es una contratara nocturna y prostibularia de una misma faz diurna adecentada en los tranquilizadores paseos de compra, un mismo territorio que, para decirlo con el lenguaje de los taxi boys´se da la vuelta’" (Panesi, 2004:348)

3. Empezar como víctima de una injusticia equivale a estar imbuido de la necesidad de reparar cuando menos un daño: el que afecta al bandido mismo. Es bastante natural que los bandidos reales den muestras del ´salvaje espíritu de justicia´ (60)

No cabe duda de que el bandido es considerado un agente de justicia e incluso un restaurador de la ética, y que a menudo él mismo se considera así (61)
El prototipo de "ladrón noble" de Eric Hobsbawm en sus clásicos estudios de bandidismo rural es el siguiente:1)El ladrón noble inicia su carrera fuera de la ley, no a causa de un crimen sino como víctima de una injusticia, o debido a la persecución de las autoridades por un acto que éstas, pero no la costumbre popular, consideran criminal; 2) corrige "los abusos"; 3)"roba al rico para dar al pobre", 4)"no mata nunca si no es defensa propia o en justa venganza"; 5)si sobrevive se reincorpora a su pueblo como ciudadano honrado y miembro de la comunidad. En realidad nunca abandona su comunidad; 6) es ayudado, admirado y apoyado por su pueblo; 7) es –cuando menos en teoría- invisible e invulnerable y 9) no es enemigo del rey o emperador, fuente de justicia, sino sólo de la nobleza, el clero y otros opresores locales (citado por Míguez, 2008: 170).


4. Están en franca oposición con la postura adversa que tienen del lumpen Marx y Engels. En el 18 Brumario se hace contrastar la idea de una sociedad bandolera, desencajada, fingidora, paródica, cómico-payasesca con otra, una sociedad basada en la virtualidad crítica del trabajo (Ver Gonzàlez).

 

5. En realidad, esta aproximación a la cultura popular se inspira en una problemática de la enunciación, en la triple función de lo que debemos al análisis de lo performativo planteado por Austin, a la semiótica de la manipulación de A.J.Greimás y a la semiología de la Escuela Lingüística de Praga. Inicialmente referida al acto de habla mediante el cual un locutor actualiza la lengua y se apropia de ella en una situación particular de intercambio o de "contrato", esta problemática puede ampliarse al conjunto de la cultura en razón de las similitudes entre los procedimientos ("enunciativos") que articulan las intervenciones sea en el campo de la lengua, sea en el tejido de las prácticas sociales (Ver De Certeau, 2006: 23)

6. Por marginal, entendemos principalmente a los sujetos excluidos de los sistemas oficiales de enseñanza, las estructuras formales de trabajo, el acceso a la vivienda y los mecanismos básicos de integración social, incluso a veces, relegados espacialmente en "villas" o "barrios ciudades" en Córdoba. Sin embargo, en algunas de las letras consultadas funciona como un significante de contenido variable que puede remitirse tanto a la clase media baja, como al trabajador manual explotado e incluso al "pueblo" en su totalidad (entendido éste como el conjunto de los sujetos oprimidos por el poder político, la ideología hegemónica que avala la dominación y la oligarquía que impide su progreso social).



7. En este informe, me refiero al eje central del fenómeno que he denominado "literaturas marginales", pero por motivos de espacio no me remito al resto de las características que lo conforman. Si bien he descubierto que Jorge B. Rivera utiliza el término para referirse a producciones de circulación masiva como los folletines o las historietas, el concepto que he elaborado en torno a este término es sustancialmente diferente.

En este caso, podemos comprobar la ausencia de los "cuartetos" en las antologías de literatura aunque sì hay mucho trabajo en torno a ellos desde el punto de vista socio-antropològico y salvedad de aùntes como el de Barei en "La cultura del espectàculo en Còrdoba". .
8.El concepto de mediación refiere a la capacidad de descubrir sentidos en la compresión de los medios como "mediadores" de otros sujetos, otros discursos: "los medios constituyen hoy espacios claves de condensación en intersección de múltiples ramas de poder y de producción cultural (….) –incorporan- sentidos y usos que, en sus tanteos y tensiones remiten, de una parte, a la dificultad de superar la concepción y las prácticas puramente instrumentales para asumir el desafío político, técnico y expresivo que conlleva el reconocimiento en la práctica del espesor cultural que hoy contienen los procesos y los medios de comunicación (Barbero, 2003:21).

lunes, 23 de diciembre de 2013

La narratologìa como vehìculo de superaciòn social: historias de fe (comentario y aporte de David Avilès)

En el ámbito cultural resulta difícil encontrar a alguien que no se haya cruzado jamás con este joven ecuatoriano que desde hace años está dejando su legado aquí -y vaya que lo hace- en todo sentido. Su investigación sobre la esfera de lo social resulta interesantísima pues recoge una parte considerable de teoría y otra sumamente relevante de documentación testimonial, por lo cual se presenta como un exordio a la idiosincrasia del cordobés creyente y en potencias a otros fieles religiosos de diversos credos.
En concreto David se ha centrado en el análisis de los fieles evangelistas de una iglesia de Còrdoba -me reservo el nombre pues no creo que sea relevante en mi comentario-. Su enfoque interdisciplinario retoma aportes de la filosofía, la psicología, la antropología y, aunque la literatura no sea conscientemente un camino de examen creo que es muy propicia para comprender los fenómenos que describe.
Hablamos de la narratología, la ciencia de los relatos -ya sean orales u escritos- para devenir sujetos sujetados por palabras.
Cuando narramos estamos re-creándonos a través de las palabras y ante destinatarios presentes o no y con el objetivo de producir tales o cuales efectos hacemos uso de estrategias discursivas verbales y para-verbales. En nuestra agudeza para usarlas se nos va un poco la vida: el posible aumento, casamiento, ascenso, etc.
Pero el drama mayor surge cuando le hablamos a Dios y sin espacios propios de legitimación. Esto es válido para los "pobres", no "ilustrados", iletrados.
Ante los múltiples obstáculos de una sociedad secularizada, individualista, alienada  y atomizada en sus principios, el discurso religioso retoma la palabra del "pobre" y le confiere su lugar.
Ser pobre no sería un dato màs si no el ejemplo de la "pasión de cristo", del camino de padecimiento hacia un mundo justo en un plano superior. El "pobre" estaría próximo a esa palabra y en la "misericordia" (en la cordialidad hacia la miseria) el burgués re-encontrarìa su mundo primitivo y genuino vedado por el "retroceso del proceso material pos revolcuòn fàbril". Un edénico territorio de dominio natural y de contemplación externa.
El nostàligo pedido de un tango hacia su arrabal sombrìo. Serìan esos pobres quienes en su credo habrìan encontrado el puente necesario para no caer al abismo de La Nada satreana y en su mirada nos reconfortaríamos (Levinas). El "otro" es un ser para "El Otro" (Dios) alejado de nuestro sinsentido espiritual.
Sin embargo, el gran problema sería el caso en que las formas litúrgicas "venden" (a veces literalmente) aquello que no pueden ofrecer: prometiendo salvaciones mágicas y valiéndose de tretas y engaños.
El "entre" situado entre la carencia espiritual y el goce de su encuentro lejos está de traducirse en heladeras, autos importados y operaciones de nariz. Más bien lo creo un momento introspectivo fundado en la alegría de la protección comunitaria y la ofrenda como camino de vida.
El gran desafío de dichos relatos -y reclamos - pasa por la elaboración de un "nosotros" cobijado en una experiencia colectiva de fe, ofrenda y generosidad... y no sólo un triunfo personal espectacularizado al nivel del raid mediático y la intención del beneficio monetario.
A continuación: las palabras de David, en su sitio www.davidaviles.com.ar
LA DESTESTIMONIALIZACIÓN
La narrativa testimonial del creyente en la sociedad contemporánea

Aproximaciones
Por: David Avilés Aguirre[1]
Si yo doy testimonio acerca de mí mismo, mi testimonio no es verdadero.
Jesús de Nazareth
Estamos viviendo dos historias distintas: La de verdad y la creada por los medios de comunicación. La paradoja, el drama y el peligro están en el hecho de que conocemos cada vez más la historia creada por los medios de comunicación y no la verdad.
Ryszard Kapuscinski
Nuestra Iglesia, que durante estos años sólo ha luchado por su propia subsistencia, como si ésta fuera una finalidad absoluta, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la Palabra que ha de reconciliar y redimir a los hombres y al mundo. Por esta razón, las palabras antiguas han de marchitarse y enmudecer, y nuestra existencia de cristianos solo tendrá en la actualidad dos aspectos: orar y hacer justicia entre los hombres. Todo el pensamiento, todas las palabras y toda organización en el campo del cristianismo han de renacer partiendo de esta oración y esta actuación cristiana.
D. Bonhoffer
(mayo de 1994 desde la cárcel)
Resistencia y Sumisión

S
iguiendo la vieja recomendación de K. Barth: “…en la una mano La Biblia, y en la otra el periódico”, habría que intentar leer la misma Escritura con un ojo en el texto de la Biblia, y con el otro,  en ese texto de la vida que va cuajando en la cultura y las instituciones sociales. Solo de este modo la lectura de La Palabra evita el desenfoque de una abstracción unilateral. Espero, pues, no apartarme del tema pedido.
Considero un privilegio y una alegría especial la oportunidad de participar de esta corta ponencia llamada: “LA DESTESTIMONIALIZACIÓN. La narrativa testimonial del creyente en la sociedad contemporánea” en Córdoba. Hace algunos meses atrás, asumí con agrado el desafío de preparar una ponencia similar a esta para el encuentro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana realizado en la ciudad de Buenos Aires en mayo del 2010. En aquella ocasión, tuve el placer de presentarla conjuntamente con Pablo Catania, Pastor de la iglesia “Jesús para todos” de la ciudad de Alta Gracia.
Desde los diálogos de aquel encuentro, se iba clarificando, al menos para mí, que una de las tareas que le espera a nuestra generación de cristianos, es la de conseguir un claro sentido de identidad cristiana, no solo como cristianos sino y sobre todo, como cristianos cordobeses, argentinos, latinoamericanos[2]. Así, la presencia y el testimonio evangélico en la sociedad contemporánea −que bien podría describirla como de aspecto misionero en el cual se cruza una frontera espiritual e ideológica−  me obliga a repensar sobre la cuestión de mí (nuestra) identidad, como creyente(s).
De la poca y casi nula trayectoria que tienen los estudios sobre la narrativa testimonial en la vida del creyente −en conjunción con la cultura y la comunicación− me ha interesado poner un énfasis    −el histórico− en la construcción testimonial del creyente y su relación con los medios de comunicación, particularmente sus transformaciones en los modos de percibir, representar y relatar.
Comprendo, sin embargo,  que para esta indagación debo incluir un círculo más vasto que forma parte constitutiva  de la vida del creyente que, concentran los encuentros espirituales por medio de los cuales éste, también se relaciona −testimonialmente− con Dios. Encuentros que a su vez requieren otra metodología para su abordaje y que, por obvias razones, son motivo de otro análisis. El anclaje temporal de dicha indagación, contempla a la Modernidad y el comienzo de los Tiempos Contemporáneos, llamados por algunos Posmodernidad. Vivimos en un tiempo de velocidad implacable, de urgencia delirante. “! Ve más rápido! ¡Los límites los pones vos!”, proclama la publicidad de Fibertel, un proveedor de Internet ADSL de Argentina. Todo se diluye y se restablece sin derechos a intervalos.
En las invitaciones a los congresos de cristianos se emplean palabras y frases como: “Sorpréndete. Experimenta. Vas a sentir el llamado de Dios como nunca antes. Disfruta de un show como NUNCA hasta hoy viste! Uno completamente ATÍPICO, fuera de las estructuras, fuera de lo de siempre. Ven a conocer a tú Dios sin las estructuras de siempre. Descubrirás cómo es Él, y cómo fue desde el principio: !CREATIVO!. Descubre tu próxima misión”.
No hay continuidad entre las acciones, no hay pausas. Vemos el presente desigual y fragmentado lleno de sorpresas, emociones y sensaciones, pero en ninguna parte aparecen las consecuencias, los resultados, los “entres” del mismo. Nada fluye libremente; apenas hay interrupciones. Son algunas de las paradojas de nuestras sociedades contemporáneas que muestran lo unificado y lo dividido, lo uniformizado y lo diverso, lo desencantado y lo reencantado. Uno de mis principales argumentos es que los cambios acelerados del mundo actual constituyen un desafío para el enfoque de las narrativas testimoniales concernientes al ámbito cristiano.
El momento actual que vive el cristianismo, exige entender tanto las continuidades, como las rupturas y transformaciones que ha traído consigo los medios masivos de comunicación, el aceleramiento tecnológico, la importancia del tiempo (carpe diem), el aumento de la exclusión y las cada vez más frecuentes economías de lenguaje que crean exacerbados reduccionismos.  El tránsito de una sociedad de flujos, no ha significado la anulación de las narrativas testimoniales del creyente o de la comunidad de la cual forma parte, sino que se han modificado creando una resignificación. Un testimonio mediatizado, digitalizado, impactante, emocionante. Un neo-testimonio. Sin necesidad de caer en antojados reduccionismos, la narrativa testimonial, se ha convertido en una especia de narración anecdótica. Esto me lleva −tentativamente− a pensar que estamos en una nueva etapa, la de una anecdotización de la narrativa testimonial.
Si esta forma de construir los relatos testimoniales en la vida del creyente contemporáneo basados −exclusivamente− en y a partir del uso de los medios masivos de comunicación se aproxima a la realidad, mi propuesta será la de repensar seriamente las formas testimoniales, pensar y dar cuenta de las exclusiones de otras narrativas que también se manifiestan y que dicho sea de paso se levantan frente a nosotros, y de las cuales conocemos poco o casi nada. En este sentido, se busca trabajar en la intersecciones −el entre− que ayuden a la articulación entre el testimonio y la espiritualidad, entre lo que emerge y la densidad histórica, entre las memorias y los olvidos, entre el presente y el futuro. Entre Dios y nosotros.
Se pretende por un lado reflexionar acerca de los procesos fragmentados que ha tenido el testimonio cristiano hasta el punto de diluirse en anécdota.  Disolviendo el entre del testimonio por un antes y un después. Por otro, es necesario revisar las relaciones que el testimonio mantiene entre temporalidades, tecnologías y medios de comunicación.
La noción de destestimonialización[3],  pretende liberar las potencialidades de las narrativas testimoniales adormecidas por los medios masivos de comunicación.  La destestimonialización, procura demostrar la capacidad de articular múltiples acciones del relato que reivindican difusiones descentralizadas y dinámicas participativas. La destestimonialización, busca la posibilidad de ver y escuchar el verdadero sentido de la diversidad en la narrativa testimonial.
La destestimonialización, es la participación activa de la gran cantidad de testimonios que se presentan en el ambiente cristiano y que éste los desconoce debido al protagonismo individual mediático que –en su mayoría cristianos− se conforman como una fuente legitimadora.
A la inversa, si no se posibilita una práctica destestimonializadora, se estaría incurriendo en una dinámica por medio de la cual el relato testimonial se reduce a una narración no solo individual y anecdótica vaciándola de sentido, sino y sobretodo en una narración que busca legitimarse en, y a partir de lo mediático.
En los ambientes cristianos de estructura individualista, la presencia del relato testimonial es poco clara, allí, donde el reconocimiento de uno mismo o del otro se realiza a partir del relato testimonial individualizado y no del grupo de pertenencia. La singularidad del testimonio recuerda a la del hombre, a la del individuo, átomo social, indivis, amo relativo de sus elecciones, que se plantea como “yo” y ya no más como “nos otros”. ¿Se ha hecho, de la narrativa testimonial, un producto mediatizado? ¿Nos encontramos los cristianos inmersos en testimonios individualizados? ¿Hemos perdido la noción de testimonio comunitario y colectivo? Son algunas de las interrogantes que se propone.
El objetivo con esta ponencia es el de presentar, dialogar y debatir los enfoques, algunos métodos y algunos resultados de varios años de investigación socialmente referida y en clave cristiana para propiciar la apropiación crítica de algunas estrategias para analizar “la narrativa testimonial contemporánea” desde una perspectiva histórica, mediática y narrativa

[1] Ecuatoriano, estudiante investigador de posgrado. Tesista  de la Maestría en Comunicación y Cultura Contemporánea (UNC). Becario del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) en el área de: “Estado y formas de participación y representación en América Latina y el Caribe contemporáneos”. Es alumno adscripto al programa de investigación: Racionalidad social, modernidad, identidad y subjetividad en América Latina en el Centro de Estudios Avanzados (UNC). Actualmente se encuentra investigando el evangelismo en Córdoba.
[2] No es un dato menor manifestar que he venido investigando, desarrollando, problematizando, complejizando y conceptualizando, las bases en las cuales se produce la construcción de la identidad del creyente evangélico en la sociedad cordobesa contemporánea.
[3] La destestimonialización, es una noción socio-antropológica que me encuentro desarrollando en la actualidad. Basada no solo en una serie de entrevistas hechas a evangélicos a lo largo de tres años en la ciudad de Córdoba, sino de también de documentos históricos (testimoniales) que han llegado hasta mí.