miércoles, 29 de mayo de 2013

“Sub-alterno, Su-rreal y sub-versivo en la poética de Pros: Elogio a la locura de un autor cordobés”

Valle, Mariana Celeste.
Conicet-CIFFyH (UNC).
Presentación al nuevo libro de Ramiro Pros: “La tierra es glotona”
26 de mayo de 2013. Expo- Libros Son.

“Sub-alterno, Su-rreal y sub-versivo en la poética de Pros: Elogio a la locura de un autor cordobés”





Encontré a Ramiro Pros en una noche fría, yo andaba buscando –como buena “rata de biblioteca”- engullir y engullir libros de autores cordobeses para empaparme de sus palabras. A la fruición de mi glotona búsqueda de andar engullendo historias, le correspondió un muchacho que iluminaba sus libros con un velador en lo que para mí fue la primera experiencia de la feria “Libros Son”.
Los llevé a mi casa, los acuné como hago con todos mis libros, leyéndolos hasta altas horas de la madrugada, a veces durmiendo abrazada a esas líneas que de alguna forma dan sentido a mi vida.
Días después nos encontramos e hicimos una entrevista en la que Ramiro Pros (el fantoEditor Ramiro Contras sobrevoló por allí, pero no era el principal portavoz de esta conversación), me iluminó el camino sobre mi lectura de esta forma –respondiéndome sobre su negativa a ser “realista” (o un poco más “cuerdo” en su obra, diría yo):
“Creo que el realismo como método es irreal, la pretensión de objetividad no es posible, siempre hay una subjetividad. Por eso me parece injusto. Hay que cuestionar la norma"
Difícil es, encontrar en la prosa o el verso cordobés alguien que represente problemáticas tan agudas y profundas como la pobreza con tanto desparpajo, con tanto humorismo, con tanta LOCURA y tanta VERDAD como lo hace Pros.
A mí me mente se viene aquél relato de Filloy –Caterva-  en el que un grupo de linyeras a los costados de las vías discuten calurosamente sobre política, filosofía y otras cuestiones en un clima similar al de los Siete Locos arltianos. ¿Quién dijo que el pobre no puede filosofar?, ¿quién dijo que la pobreza es un “tema serio” y no es en realidad un “tema absurdo”?, ¿quién dice que no nos podemos reír de la pobreza para empezar a desacralizarla y a la vez cuestionarla?, ¿recuerdan a Morel queriendo duplicar la existencia y a las polémicas ideas de Bioy sobre el realismo?, ¿no es igualmente irreal la pretensión de realidad tanto en la obra realista como fantástica?
Un cuento versificado o poema narrativo de Pros “Chaplin en el colectivo” me iluminó nuevamente la lectura de este autor, aunque en realidad creo que con Pros uno no se va “iluminando” sino “oscureciéndose”, dándose cuenta que tiene que desandar un poco su camino de nociones literarias para cuestionar precisamente el “orden de lo real” como dice él.
Un niño se encuentra con Chaplin –dice- en el colectivo, corre a avisarle a su madre, a pedirle ayuda porque el genial Chaplin anda tirado en el parque muertocaído de inanición, de ebriedad, de angustia a lo cual su madre sólo puede decirle: “No es Chaplin, es un vago”, anulando toda la inquietud del infante y encontrándolo con el mundo, despreocupado por los vagos. Qué locura la de Pros –y la del niño- de confundir a un “vago” con Chaplin. La imagen que nos queda de Chaplin es su andar gracioso, con tanto garbo, con tanto ingenio un hambre tan hilarante que hasta se saciaba con un zapato hervido en la olla, ¿recuerdan?
¿Pero no era también Chaplin –el de las películas- ese antihéroe que andaba quijotescamente queriendo cuestionar y superar la pobreza, uniéndose con otros pobres para “deshacer entuertos”?
Descarnado y cruel relato de Pros: la madre (realista) roba la imaginación del niño y también anula su idealismo, su capacidad transformadora, por qué Chaplin no es el linyera, quién le dijo a la madre que es un saco de basura una persona, que no hay genialidad e ingenio en un niño inteligente y en un hombre despojado.
Pero antes de seguir con tanta LOCURA y con tanta realidad, revisemos el concepto de LOCURA:
Se designó como locura hasta final del siglo XIX a un determinado comportamiento que rechazaba las normas sociales establecidas.  Lo que se interpretó por convenciones sociales como locura fue la desviación de la norma (del latín vulgar delirare que significaba originalmente en la agricultura "desviado del surco recto"), por culpa de un desequilibrio mental, por el cual un hombre o una mujer padecía de delirios enfermizos, impropios del funcionamiento normal de la razón, que se identificaban por la realización de actos extraños y destructivos. Los síntomas de ciertas enfermedades, como la epilepsia u otras disfunciones mentales, fueron también calificados de locura.
Loco él, loca yo, loco usted. En los poemas de Pros, los marginados andan queriendo como los otros “chorear” y “jugar al golf” aunque sea con palos y cartones lo hacen, qué loco pensar que el pobre puede querer lo que tiene el que más tiene, qué loco y que cierto es.
Y la locura de Pros sigue, basureando a la poesía que fue cuna de los más altos ideales. Recuerdo aquella cita de De Certeau: “No escribas en los baños, caga en la escritura”.
Ese yo-lírico marginal asociado a la figura del autor que es marginal porque está fuera de la norma de lo real. Margen que pros quiere ocupar, el margen de la vanguardia del que habla Jitrick: Raras veces uno está en el margen porque así lo quiere el sistema canónico del campo literario, ser “marginal” es también resistirse a un canon que no contempla la poética de un autor que prefiere ser “vanguardia” (lo nuevo) y no canon (lo ya fijado, para muchos “anquilosado).
Este marginal yo lírico se conmueve del cierre de un tacho cosido que “sigue andando como tantos de nosotros”. Qué belleza hay en un tacho cosido prolijamente, para no perder su mugre, para cicatrizar la herida de su pobreza, qué bello poema escrito “para carne de cañón”, para un pobre tacho que no por ser tacho no quiere cuidar lo que tiene como el que más, un poeta que se conmueve de él y un niño intentando vender una piedra que Pros no compra –porque no tiene- pero no desconoce que también tiene valor.
Estas niñerías de Pros en la que ya podemos plantear además una línea de sentido fija: los niños, como los locos, siempre tienen la razón.
No quiero seguir desnudando la poética de Pros que creo que como todo buen mago quiere reservarse algunos trucos, tampoco quiero ser como la madre de ese niño sino como el niño de esa madre, pero concédanme dos o tres minutos para sumar locos a este ensayo.
Elogiemos la locura. Comienza la obra de Rotterdam (siglo XVI)  con una loa satírica (un fragmento de virtuosa locura) a la manera del autor griego Luciano de Samósata, cuya obra había sido traducida hacía poco al latín por el propio Erasmo y por Tomás Moro. Tras esto, el tono se ensombrece con una serie de discursos solemnes, en los que la locura hace un elogio de la ceguera y la demencia y en los que se realiza un examen satírico de las supersticiones y de las prácticas piadosas y corruptas de la Iglesia Católica, así como de la locura de los pedantes (entre los que se incluye el propio Erasmo). El autor había regresado recientemente de Roma profundamente decepcionado y donde se había lamentado de la evolución que veía en la Curia Romana; poco a poco la locura toma la voz de Erasmo, que lanza una dura reprobación. El ensayo termina con una sincera y sencilla exposición de los verdaderos ideales cristianos.
El elogio que podemos hacerle a la locura es cuestionar lo “real” y sí señora, sí señor, no sienta un cimbronazo debajo de su asiento –o siéntalo y asiéntese- lo que consideramos “real” es lo que percibimos de un objeto que contemplamos, lo que no deja de ser subjetivo y no impide desviarse del surco que va desde la cordura a la locura. Qué es lo real sino lo que se concibe por la mayoría como tal, pero a su vez, tantas versiones de lo real hay como personas quepan en este mundo.
Alguien dijo una vez que la única diferencia que existe entre las personas que están dentro de las instituciones mentales y aquellos de nosotros que estamos fuera… es que nosotros somos la mayoría.
Si ellos fueran la mayoría nosotros estaríamos dentro.
Para el filósofo y psicólogo francés Michel Foucault (1926-1984), sin duda alguna uno de los pensadores postmodernos más influyentes del siglo XX, esto no era chiste, sino una teoría sociológica.
Según él, son los que tienen el poder quiénes definen lo que es normal y lo que no lo es.
Cualquier sociedad puede definir la locura de tal manera que ciertas personas caigan en esa categoría y sean aisladas. Pero el poder no sólo determina la normalidad y la locura, sino también el conocimiento.
Muchas veces se ha dicho que el conocimiento produce poder; pero Foucault le da vuelta a la mesa y afirma que de la misma manera el poder produce “conocimiento”.
De modo que los que tienen el poder son los que determinan lo que es normal, lo que es justo y lo que es verdad.
Según Foucault, éstos no son conceptos preexistentes que nosotros debemos descubrir, sino más bien algo que nosotros producimos y que los poderosos definen para mantener el control.
Consecuentemente, los que afirman conocer algo como verdadero inmediatamente se convierten en sospechosos de tener escondida debajo de la manga una agenda de control.
Se cuenta la historia de tres umpires que estaban discutiendo entre sí sobre si un lanzamiento había sido “bola” o “strike”. El primero dijo muy confiadamente: “Yo digo las cosas como son”.
El segundo dijo: “Yo digo las cosas como las veo”. A lo que el tercero replicó: “Los lanzamientos no son ni bola ni strike hasta que yo lo decida”.
Esa es la postura de la postmodernidad. Como bien señala Os Guinnes: “El primer árbitro representa el punto de vista tradicional acerca de la verdad: algo objetivo, independiente de la mente del conocedor y que hay que descubrir.
El segundo árbitro representa el relativismo moderado: la verdad ‘tal como la ve cada uno’, según su opinión y forma de interpretarla.
Y el tercer árbitro representa claramente al relativista radical o la postura postmodernista: la ‘verdad’ no es algo que existe y que hay que descubrir; cada uno de nosotros debe crearla para sí mismo”.
En el mundo postmoderno solo se acepta como verdad el hecho de que no hay verdad. Por supuesto, nadie puede ser coherente con esta visión absurda de la vida.
¿Qué más se puede decir de la locura que las dos obras más emblemáticas tal vez de la literatura universal –Hamlet y Don Quijote- sean dos locos que se resisten a aceptar una verdad que conlleva tanto engaño?
Es la locura de Hamlet la que quita la venda de los ojos y es su locura “peligrosa” la que alerta al reino sobre un personaje que “sabe demasiado”.
Es desde la locura de el pobre hidalgo señor de Dulcinea que Cervantes ubica sus críticas más mordaces al imperio español en retroceso.

Ése es el objetivo de Unamuno: interpretar desde sus adentros el texto cervantino, que no debe reducirse a una mera obra literaria, a fin de «libertar al Quijote del mismo Cervantes»10 y demostrar que, debajo del disfraz disparatado de caballero andante, está meditando otro Quijote: don Miguel de Unamuno, quijotista apasionado, para quien el loco de La Mancha es superior a su autor, que, sin duda, es su padre, pero sólo eso, pues su madre es «el pueblo en que vivió y de que vivió»11 éste. «Desde que el Quijote apareció impreso —escribe— y a la disposición de quien lo tomara en mano y lo leyese, el Quijote no es de Cervantes, sino de todos los que lo lean lo sientan»12. Por eso, la lectura de Unamuno no es visual, sino cordial. El intelecto no se separa de su espíritu. Luego agrega: «Cervantes puso a Don Quijote en el mundo, y luego el mismo Don Quijote en el mundo se ha encargado de vivir en él; y aunque el mismo don Miguel creyó matarle y enterrarle e hizo levantar testimonio notarial de su muerte para que nadie ose resucitarle y hacerle hacer nueva salida, el mismo Don Quijote se ha resucitado a sí mismo, por sí y ante sí y anda por el mundo haciendo de las suyas» Para Unamuno es la patria española la que habla en este loco caballero andante.
Surreal, subalterno, subversivo.
La concepción estética  “absurda” de la vida cotidiana en Pros repercute en la construcción de la figura del "ciruja" como un digno observador y representante de la poesía.
La basura, para él, es un compendio de desechos que no posee el poeta-mendigo quien le canta, y por eso piensa desaprenderse de su “talonario” (el nombre de su libro) para integrarse a ella.
Para el yo lírico, el escritor debe hacerse carne con esa mugre, que es desperdicio de las vidas que van dejando los demás, para captar allí el fuego interno de las palabras que serán “indigestas  o no serán nada, cruel mamarracho”. Y de allí emergerán “los niños que verán miel en ella y los titanes que serán de la basura” (Pros, 2009: 19).
Sólo los niños, por su simpleza y los titanes, por su grandeza, saben  reconocer el valor de la basura, que se alimenta como la poesía de lo que otros consideran tan banal o fútil que arrojan después de sacarle un provecho "útil" para su vida burguesa.  Desconocen que la basura tiene, sin embargo, el poder de resumirnos pues sólo seremos desechos algún día: "Cómo nos reciclarán/ los cirujas del mañana/ traigan pronto a una escribana/ que quiero ser reducido/ a lo que pude haber sido/ un carozo de banana" (Pros, 2009: 21).
"Pobreza" y "Poesía" son tópicos que ya han sido relacionados por otros autores. Pensando en esto es que Breton dejó dicho en el Primer manifiesto del surrealismo: "La literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes"(V. Bretón,1924 : s/d). Esta dimensión de pobreza de la poesía –o de miseria, como la vio Breton– tiene que ver con una fisura o, quizá, con una verdadera fractura entre el mundo de todos los días, "real" y el mundo de la poesía, y del arte en general, fatalmente escindido de la vida cotidiana del hombre común y corriente por una sociedad, y en una sociedad, que tiene puestos sus ojos en los objetos de consumo y sus promesas de satisfacción inmediata mucho más que en las sutilezas de la palabra al servicio del espíritu, y que, en consecuencia, ha decidido enfocar sus "mas altas" aspiraciones en “otra cosa”, idea que Pros resume en su poema “desde lejos la basura,/ se parece a la cultura” (Pros, 2009:21).
El poeta -mendigo tiene la capacidad de ser como los niños y los titanes y descubrir la esencia de cada desecho que se acumula en cada esquina como un testigo de la fugacidad de la vida que finalmente se renueva hasta convertirse en un despojo de lo que alguna vez fue. Por eso la verdad de la vida está en el seno de la basura y hay que "cirujear" para encontrarla: "A ver basura que quiero respuestas/ clavadas al alma por tus ballestas./ A ver poeta, tirate en el tacho" ( Pros, 2009:18)
Para Pros, la poesía es un dios hambriento (como un ciruja) que se devora todo por las calles. Para Vega, la “contemplación” inevitable de los demás se convierte  para el indigente, o para cualquier individuo marginal, pero en el fondo más social que cualquier otro, en motivo para construir (o escribir) la historia de todos los días. De acuerdo con lo señalado, un indigente o cualquier otro sujeto de estos que resultan en gran medida “otros” desde su propia sociedad, vienen a ser los grandes lectores de ese entorno en el cual se hacen y deshacen cada día. Ser flaneur, ser espectador de lo cotidiano, es converger en conocedores “gráficos” del desarrollo social. Moverse por carreteras y por esquinas, como los lugares más frecuentes de su desplazamiento, los hace mirar, ver, observar, contemplar y fisgar lo que otros no ven (Vega, 2007:13).
Por eso su construcción de “poeta-mendigo” tiene la capacidad de captar lo que otros no, de manera que el imaginario de la pobreza es un atributo de la poesía: "Licencia de mala leche/ contra todo en este mundo/ no sólo soy vagabundo/ soy doctor honoris causa/en ponerle al día pausa/ para tildarlo de inmundo" (Pros, 2009:20)
Sugerencia: Lean a Pros así como uno mira un cuadro de Miró: mire para un costado y para el otro, asegúrese de estar al reguardo de la mirada ajena, olvídese del rostro que ud. supone debiera tener al mirar un cuadro de Miró, olvídese quien es Miró, si le viene a la mente la idea de que hasta su niño pudiera haber pintado un cuadro tan famoso y ud. pudiera ahora ser rico sino lo hubiese tirado a la basura en el último acomodo de la casa, ríase un poco –disimuladamente para evitar lo de la mirada ajena-. Comprenda que sí, que ese es el genio de Miró, hacer un cuadro que parece de un niño de 10 años cuando es tan difícil pensar y hacer las cosas como niños cuando ya somos adultos.

Compre un libro de Pros y métalo en su bolso/cartera, ande por el colectivo como yo riéndose de este loco autor cordobés que sabe que la locura no es sino una forma de verdad.

Para seguir poetizando:


BRETÓN. André. (1924) Manifiesto surrealista. Disponible enhttp://www.isabelmonzon.com.ar/breton.htm
PROS, Ramiro (2009)  El Talonario. Editorial Don Pezuña. Córdoba.
__________ (2009). Moco siembro, luna brota. Editorial Don Pezuña. Córdoba.
___________ (2009). Sombra Compacta. Editorial Don Pezuña. Córdoba.

VEGA. Oscardo, Gerardo Alvarado. (2007) “El flaneur: una mirada desde los peor” enFilosofía y Lingüística, número XXXIII. Pp. 10 a 19.

UNAMUNO (2010). Vida de Don Quijote y Sancho. Alianza Editorial. España. RIVERA, Nieves, Irma. (2002) Foucault: la historia de la locura como historia de la razón: recopilación de escritos conmemorativos de Historia de la locura. Editorial Dos Tapas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario